Material clínico Marta
Cuando Marta fue adoptada a los tres años de edad, no sabía jugar. El cuidado y la empatia de la madre, asi como su placer por jugar con su hijita. junio con la capacidad intelectual y la fantasía de Marta, pronto hicieron que la niña pudiera expresarse a travos del juego, las palabras y dibujos sencillos pero llenos de significado. Marta presentaba un juego repetitivo que llenaba de angustia a sus padres, y que ella jugaba varias veces por día en distintas circunstancias; el tema era, en breve, que la policía llegaba al orfelinato en busca de los niños. Marta instruía a sus padres en atacar a la policía imaginaria, y se divertía cuando el padre o la madre les “pegaban o pateaban”, y la niña (pieria que el juego ser repitiera una y otra vez. Marta recibía de esta manera muchas pruebas de que sus padres la querían y defendían, le daban contacto físico y la consolaban. Pero los padres quedaban agotados y angustiados, y presentaron esto como un problema, solicitando ayuda para que Marta pudiera jugar otros juegos.
Terapia breve psicodinamica
Los padres deseaban que Marta terminara la terapia para las vacaciones, un par de meses después, esperando comenzar una nueva vida lo antes posible. Eran algo ambivalentes ante la idea de que Marta reviviera su pasado traumático en terapia. A Marta se le ofreció una terapia corta de 17 horas, durante dos meses y medio, Junto con mi supervisor, el psicólogo Svein Mossigo. consideramos como señal de que Marta había superado lo peor de sus vivencias el bocho de (pie olla comenzara a jugar otros juegos diferentes a la repetición de los abusos, tanto en la terapia como en la casa.
El idioma materno como elemento terapéutico Durante la primera conversación telefónica, la madre dejo aclarado que yo no tenía que hablar en castellano ya que Marta no quería escuchar su lengua materna, a la que solo asociaba experiencias negativas. Esto cambió poco a poco, hasta que Marta durante las sesiones, me pedía a veces que hablara o cantara en castellano. Fue ésta una pequeña conquista, ya que yo esperaba dentro mío que a Marta le fuesen devueltas – o creadas- experiencias positivas en su propio idioma que. como yo supongo, tuvo junto a su primera mama.
En la primera hora de terapia le pedí a Marta que dibujara el país de donde venia. Marta dibujó un gran círculo con muchas “ventanas”. Era el orfelinato. Yo le pedí que so dibujara a ella misma en una de las ventanas. Y le pregunté que veía desde su ventana: “un auto, con papá y mama que me vienen a buscar”, y me pidió que los dibujara. En otro dibujo, Marta me dibujó a mí en una de las ventanas. Kn oí ro me pidió que dibujara a la policía que venía hacía el orfelinato, entraba, y “los niños les decían que se fueran, pero ellos no se iban”. El hecho de que Marta dibujara ventanas fue visto como un hecho positivo: reafirma nuestra hipótesis de que Marta ha tenido experiencias positivas FUERA de las ventanas. Lo bueno quedó del lado de afuera de las ventanas, que es lo primero que ella recuerda cuando se le pregunta por su país. También nos pareció positivo (pie me dibujara a mí en una de las ventanas, al lado do la suya: es como si me dijera “está bien, puedes entrar en mis experiencias tristes y leas”.
De los dibujos Marta pasó rajadamente a jugaron la mesa de arena, y en la casita de muñecas, desplegando una fantasía rica y una capacidad de juego y creatividad notorias, y que pocas veces he visto en otros niños. De la microsfera, o juego a través de muñecos, Marta pasó a la macrosfera, o representación dramatizada a través del juego de roles, donde me instruyó para que yo representara a la mamá, ella a su hermana mayor (que habría tenido antes) y una muñeca a “Martita”, es decir, ella misma como bebé. El tema de los distintos juegos era más o menos el mismo: la policía venía, violaba a la mamá y la mataba. La mamá le encargaba a Ana, la hermana mayor, el cuidado de Martita, pero la policía lograba atraparla y la violaba. Marta me instruía en el juego, asignándome los roles y dictándome qué hacer.
