Pasan ante mi vividamente aquellos padres que eligieron serlo por su deseo en el marco de la legitimidad, no sólo de la legalidad, por decisión firme y confiada de las instituciones y en las instituciones, de los equipos de trabajo y defensa de la infancia y adolescencia que buscan denodadamente los mejores padres para los chicos, de los magistrados que ejercen la virtud de dar a cada uno lo suyo, a quienes nadie se atreve a presionar, adular o sobornar. También estos lugares de docencia, de investigación, de reflexión donde la humildad de los maestros se nutre de nuestras modestas y dilemáticas situaciones cotidianas, donde el desborde y la emergencia no siempre dan paso al pensamiento y al rigor intelectual que debiera ser prioridad para después hacer los actos. En este respeto a la dignidad de la infancia, en esta común unión de gente con hambre y sed de justicia, en la inclusión e integración del más débil y excluido funda la adopción su lección de vida que nos es también debida. En esta convivencia de tantos por este ser inapreciable está puesta nuestra alegría más profunda y los pilares de nuestras esperanzas, que no son tan utópicas. También en la adopción de los chicos estamos construyendo la República. Ojalá que asi sea.
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Bajtin, al referirse a la crisis del acto etico contemporáneo explícita esto en su texto: “El acto ético separado de las fuerzas de realización responsable degenera hasta el grado de una motivación biológica y económica elemental, perdiendo todos sus momentos ideales: tal es el estado de la civilización. Toda la riqueza de la cultura se pone a servicio del acto biológico”.
Si bien este autor no se refiere a la fertilización asistida, plantea la distorsión que implica prescindir de estas fuerzas que llevan a cabo la realización responsable de los actos humanos, en este caso anudados al compromiso con un niño que no se desea ahijar por él mismo, sino, en un primer momento, como un sustituto del hijo inalcanzable.
Trabajar con los planteos que aportan los padres en ciernes, y al mismo tiempo reflexionar con ellos acerca de lo que significa buscar el propio alivio sin tener en cuenta cómo se posicionará a ese niño por venir, al que colocan en el banco de suplentes, “por si acaso”, demanda un doble compromiso por parte de los profesionales. Compromiso que nos involucra éticamente en la revisión de nuestras prácticas.

