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PADRES

EL NIÑO Y LOS LÍMITES LOS PADRES Y LOS LÍMITES

• LO HACEN SENTIR CUIDADO, CONTENIDO, Y POR LO TANTO QUERIDO.
• AFIANZAN SU CONFIANZA BÁSICA.
• ESTIMULAN LA SEGURIDAD EN SÍ MISMO.
• LO AYUDAN A TOLERAR FRUSTRACIONES. • FACILITAN SU ADAPTACIÓN E INTEGRACIÓN A LOS GRUPOS.
• LO PREPARAN PARA LA VIDA. LO AYUDAN A DISTINGUIR LO QUE ESTÁ BIEN DE LO QUE ESTÁ MAL.

LOS PADRES Y LOS LÍMITES

• TIENEN QUE ESTAR DE ACUERDO ENTRE ELLOS, PARA NO DESAUTORIZARSE MUTUAMENTE.
• DEBEN APLICARLOS CON FIRMEZA, PERO SIN MALTRATAR AL NIÑO.
• ES IMPORTANTE QUE SEAN CLAROS.
• TIENEN QUE MANTENER LAS DECISIONES TOMADAS
• NO DEBEN SER ARBITRARIOS.

Padres e hijos

Dar explicaciones
A veces, a los padres les resulta más difícil decir que no que a los hijos aceptar la prohibición. Sobre todo cuando la negativa tiene como finalidad cuidarlos de un peligro. Es preciso explicar al niño los motivos por los cuáles no se le permite hacer algo. De esta manera, el pequeño aprende a incorporar las normas y a decirse a sí mismo que no frente a determinada situación, cuando sus papas no están presentes.
Del mismo modo, los chiquitos que han recibido un no a tiempo suelen ser más conscientes de los límites, de los valores y de los parámetros de comportamiento, dentro de la familia y de la sociedad, cuando llegan a la infancia o a la adolescencia.

El rol terapéutico de contención a los padres

El rol terapéutico de contención a los padres
La pediatra norteamericana Vera Fahlborg (1991) enfatiza la importancia de enfocar en la relación vincular de padres e hijos adoptivos para promover un mejor desarrollo en estos últimos. Como Stern (1989), piensa Fahlborg que el foco de la intervención terapéutica debe ser el niño y sus nuevos padres. Esto resulta a veces muy difícil de llevar a cabo. Muchas veces los terapeutas pareciera que queremos “apropiarnos” del hijo adoptivo y hasta competir con sus nuevos padres descalificándolos. Los padres adoptivos son muy sensibles a esto, y no debemos utilizarlo para patologizarlos. sino al contrario para prevenir sus sentimientos de inseguridad reafirmando la importancia de su rol. invistiéndolos de poder paterno. Hay un artículo norteamericano que enfoca en el rol iatrogénico de algunos terapeutas y trabajadores sociales que se apresuran a diagnosticar y a tratar como patológica una situación familiar que muchas veces está cargada por la patología importada que estos niños traen a sus familias.
En algunos casos los niños transfieren a sus nuevos padres el rol do perpet radores que sus padres biológicos u otros abusadores tuvieron hacia ellos en el país de origen. Esto puede causar situaciones difíciles en caso de que el padre sea acusado injustamente de haber abusado sexualmente a su hijo/a adoptivo/a. Hay otros casos, como el de “Gloria”, una niña adoptada a los nueve años luego de haber vivido en un hogar religioso con sistema carcelario de castigos desde los cinco años, que estaba convencida de que el hundiré que la adopto era en realidad el mismo que había matado a su madre y había tratado de violarla a ella en su país natal. Lamentablemente Gloria no logró establecer una relación positiva con su madre adoptiva, quien prácticamente la rechazó para siempre. Paradójicamente fue su padre adoptivo quien la apoyó y siguió manteniendo una relación familiar con ella luego de los dieciocho años: él a su vez, había sido un hijo entregado en adopción y había tenido una vida muy difícil.
Naturalmente también hay padres que tienen un efecto patológico sobre sus hijos. “Nina”, de trece años, fue acogida por una pareja de maestros que la apreciaban cuando su padre estaba decidido a dejarla en un hogar de niños. La niña había sido adoptada al año pero la relación con los padres, ya sobrecargados luego de la adopción de un chico enfermo, nunca había funcionado. La madre adoptiva había abandonado el hogar hacía varios años rechazando a esta hija y a los otros dos hermanos mayores. Ante la exigencia de ios padres adoptivos, con quienes no convivía, de pasar las vacaciones con ellos, me opuse. Ante Nina argumenté que los padres de verdad no se comportan como éstos, y que no debería exponerse a dos semanas durante las (niales la harían sentir tan mala y desagradable que sus problemas sociales y escolares se volverían peores.

Padres

padres

Pasan ante mi vividamente aquellos padres que eligieron serlo por su deseo en el marco de la legitimidad, no sólo de la legalidad, por decisión firme y confiada de las instituciones y en las instituciones, de los equipos de trabajo y defensa de la infancia y adolescencia que buscan denodadamente los mejores padres para los chicos, de los magistrados que ejercen la virtud de dar a cada uno lo suyo, a quienes nadie se atreve a presionar, adular o sobornar. También estos lugares de docencia, de investigación, de reflexión donde la humildad de los maestros se nutre de nuestras modestas y dilemáticas situaciones cotidianas, donde el desborde y la emergencia no siempre dan paso al pensamiento y al rigor intelectual que debiera ser prioridad para después hacer los actos. En este respeto a la dignidad de la infancia, en esta común unión de gente con hambre y sed de justicia, en la inclusión e integración del más débil y excluido funda la adopción su lección de vida que nos es también debida. En esta convivencia de tantos por este ser inapreciable está puesta nuestra alegría más profunda y los pilares de nuestras esperanzas, que no son tan utópicas. También en la adopción de los chicos estamos construyendo la República. Ojalá que asi sea.

Padres

padres

Bajtin, al referirse a la crisis del acto etico contemporáneo explícita esto en su texto: “El acto ético separado de las fuerzas de realización responsable degenera hasta el grado de una motivación biológica y económica elemental, perdiendo todos sus momentos ideales: tal es el estado de la civilización. Toda la riqueza de la cultura se pone a servicio del acto biológico”.
Si bien este autor no se refiere a la fertilización asistida, plantea la distorsión que implica prescindir de estas fuerzas que llevan a cabo la realización responsable de los actos humanos, en este caso anudados al compromiso con un niño que no se desea ahijar por él mismo, sino, en un primer momento, como un sustituto del hijo inalcanzable.
Trabajar con los planteos que aportan los padres en ciernes, y al mismo tiempo reflexionar con ellos acerca de lo que significa buscar el propio alivio sin tener en cuenta cómo se posicionará a ese niño por venir, al que colocan en el banco de suplentes, “por si acaso”, demanda un doble compromiso por parte de los profesionales. Compromiso que nos involucra éticamente en la revisión de nuestras prácticas.