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Los niños abrumados

Demasiados besos
“Dale un besito a la tía”, “No saludaste a tu prima”, “¡Cuánto creciste!” “¿Me vas a dejar que te abrace?” Toda la familia se abalanza sobre ellos sin la menor consideración. Podemos respetar su intimidad (es decir, su cara, sus brazos y sus atenciones) y mostrarnos cariñosos al mismo tiempo. Si la tía se pasa toda la tarde pellizcando la mejilla de nuestra nena y pintándola con rouge, es más que probable que, la próxima vez que la vea, se esconda bajo la mesa y no quiera salir. Si nuestros parientes son demasiado efusivos, debemos sugerirles que se acerquen con más delicadeza y ponernos del lado de nuestros abrumados hijos.

Las curiosidades del niño

La segunda manifestación de la curiosidad del niño son las preguntas. Alrededor de los tres años pregunta tanto que se habla incluso de una «edad interrogatoria». No siempre resulta fácil encontrar una respuesta, porque preguntan realmente de todo, desde «¿Cómo se hace la lluvia?» hasta «Si no fuera tu hijo, ¿el hijo de quién sería?» o ¿«Los animales saben hablar?».
Claro que las respuestas, además de ser sinceras, tienen que adaptarse a la edad del niño. Ni le echaremos un discurso sobre la evaporación del agua y su condensación (en este aspecto, a muchos hombres les gusta lucirse) ni le diremos que un angelito está echando agua con una regadera. Algunos padres rechazan las preguntas incómodas con un «ahora no tengo tiempo», pero también hay otros que, alegrándose de tener un hijo tan espabilado, se apresuran a contestar también aquellas preguntas que el niño formula por puro aburrimiento o para llamar la atención. En este caso, el pequeño no se vuelve más inteligente sino todo lo contrario: deja de pensar por sí mismo. Podemos volverle al buen camino con una contrapregunta: «¿A ti, qué te parece?» (Por cierto, se nota muy bien si un niño de verdad quiere saber algo o si sólo pregunta por preguntar).
Algunas veces, los padres pretenden callar a su hijo con un «no seas curioso» o «para eso eres aún demasiado pequeño». La curiosidad es una virtud sin la cual la humanidad todavía viviría en cuevas. Si un niño es capaz de formular determinada pregunta, también está en condiciones de recibir una respuesta. La misma pregunta señala que el pequeño ha estado dando vueltas al asunto: a veces ya intuye la respuesta y sólo quiere que los padres se la confirmen o amplíen. ¿Y si los padres mismos no saben la respuesta? Pues no hay más remedio que decírselo al niño. No hace ninguna falta que los padres sean infalibles. Pero pueden señalarle al niño que no se trata de algo sin solución: «Yo no lo sé, pero podemos preguntar a la abuela (o a papá o al tío Juan) que entiende de estas cosas». Y naturalmente, también se puede mirar un diccionario o una enciclopedia y traducir luego la respuesta al nivel de comprensión del niño.

Los niños abusados sexualmente

La psiquiatra infantil sueca Marianne Cederblad investigó las historias clínicas de niños adoptados en el exterior residentes en el sur de Suecia, y encontró que varios de los niños habían sido abusados sexualmente (Cederblad, 1991). Éste es uno de los pocos estudios que documentan el pasado traumático de los niños. Esto es lamentable, porque las vivencias traumáticas causan a veces serios problemas psicológicos en los niños y dificultan a menudo la adaptación a sus nuevas familias. Los niños abusados sexualmente presentan a menudo un comportamiento sexualizado ya que, como vimos, están socializados y acostumbrados a relacionarse con los adultos de esta manera, para obtener atención, comida o para evitar castigos. Ejemplos:
Una niña que llegó a Noruega a los sois años a un hogar do niños católico ora sancionada allí por masturbarse compulsivamente, lo cual lo croó muchos sen! amonios de culpa. Una psicólogo interpretó que esto so debía a una forma do buscar consuelo por la pérdida do sus padres, y excluyó la posibilidad de abuso sexual, el que fue confirmado luego. Su madre adoptiva la apoyó explicándole que sí so podía masturbar.
Una niña de cuatro años pellizcó a su padre en el pene en algunas ocasiones en las que. so sinlió especialmente insegura. Firmo poro cariñosamente éste lo explicó que no lo gustaba que lo tocara allí.
La conducta de estas niñas y niños puede interpretarse como una manera de ganar control sobre una situación de abuso: ahora son ellas las (pie toman la iniciativa sobre el cuerpo propio o el de su padre. Pero si encuentran a adultos que mahnterpretan esto como una iniciativa a la sexualidad de parte de los menores, existe la posibilidad de que se repita la situación de abuso. Otros niños muestran las consecuencias del abuso de otras maneras:
Un niño do seis años parecía tenerlo miedo al padre adoptivo cuando lo recogieron en su país do origen. También se negaba a que su mamá le limpiara la cola, gritaba que le dolía y tenía poco control del esfínter anal, ensuciando a voces los calzoncillos.
A veces los chicos se muestran tan agresivos que sus padres, escuela, jardín de infantes, tienen dificultades serias con ellos. Los padres necesitan a menudo ayuda para elaborar el dolor que les provoca el hecho de que sus hijos tan añorados hayan sido tan maltratados, a menudo con marcas físicas a causa de castigos y abusos.

Betina, una niña latinoamericana adoptada a ¡os ocho años por un matrimonio noruego, contó que había sido robada en una lena a los tres años, y recordaba hermanitos mayores y menores y una mamá cariñosa. Las personas adultas que la robaron, y la tenían a cargo, la habían maltratado de tal manera, que a los seis años decidió huir de su hogar. Vivió un tiempo en la callo, comiendo basura, lo cual lo causó una infección en la piel, (mando fue puesta en un orfelinato ningún niño (moría jugar con olla por los granos que tenía. Más tardo so curó y fue transferida a un nuevo orfelinato donde so sintió aceptada y querida por primera voz. Aprendió a leer, y so encariñó mucho con su maestra. Cuando fue adoptada y traída a Noruosra. Botina otra voz so sintió diferente a sus compañeros do clase: esta voz tuvo que explicar frente a todos el porqué do las muchísimas cicatrices, consecuencias de golpes, quemaduras y otras vejaciones. Hn casa puso a prueba a sus padres adoptivos con sus rabietas, y sufría do migrañas ante situaciones do estrés. Probablemente estaba angustiada por estar otra voz sola, en manos de adultos, poro los problemas se fueron superando. Con una fuerza de voluntad y una creatividad sorprendentes. Bolina salió adelante con muy buenos resultados escolaros y con muy buen contacto con sus compañeros.

Adopcion, apropiacion de niños

Los apropiadores apuestan a una lógica derivada de procesos complejos, que incluye la compasión por esa criatura. La compasión es un sentimiento cercano a la vergüenza y a la violencia; dichos apropiadores intentarían extirpar “el mal” que estos niños aportarían desde sus orígenes por ser hijos de quienes se consideraban enemigos de la patria según las creencias de las fuerzas de seguridad, y por otra parte, esa conmiseración encubre la compasión hacia sí mismos por no haber podido concebir y la envidia hacia los fecundos. Esta autocompasión es la que siente hacia ellos un sector de la comunidad cuando los compadece porque la ley indica la necesidad de restituir a esas criaturas a sus familias de origen y encarcelar a los apropiadores. Se trata de una lógica de la violencia que se enmascara en estas consideraciones hacia los apropiadores.
Por otra parte, es posible conjeturar que si se informa a los niños acerca de su origen, ellos retomen la línea política de sus padres y retornen en carácter de vengadores, como sucedió con Moisés y su liderazgo frente al pueblo judío sometido al poder de los faraones. Estaríamos ante una modalidad paranoica como estilo destinado a procesar el miedo por el robo del hijo, que encontramos en los adoptantes; pero en los apropiadores podemos suponer derivaciones delirantes, como las que en oportunidades padecen los carceleros que temen permanentemente la fuga o la burla de aquellos a quienes custodian.
La autocompasión encierra un circuito de lástima-violencia-muerte y secretos: esto último conduce a la necesaria alianza entre los miembros de la pareja de apropiadores dado que comparten un delito que uno podría utilizar contra el otro en caso de divorcio; una solidaridad engendrada en el delito.

Niño

niño

Complejizaciones éticas
Desde una perspectiva profesional, quienes escuchamos las consultas a partir de un entrenamiento en adopción padecemos un sacudimiento ético cuando nos consultan las parejas que proceden de este modo; pensamos que la elección de una fertilización asistida en paralelo con el comienzo de los trámites para adoptar, sugiere que los futuros adoptantes no registran la denigración que esta política significa para el niño, lo cual pone en jaque “la realización responsable” de la parentalidad que están por asumir, cualquiera sea el origen del hijo.

Niños

niños

En 1897, Freud le escribió a Fliess haciendo mención del mito que se ocupa del nacimiento del héroe, y en 1899 inventó el nombre de lo que posteriormente, en 1909, sería la novela familiar. Marthe Robert se ocupó de significar estas fechas cuando estudió el origen de la novela y la novela del origen.
Los chicos pequeños crean su novela familiar mientras idealizan a sus padres puesto que dependen absolutamente de ellos para sobrevivir; paulatinamente descubren que hay otros padres y que los propios no son perfectos. de allí su decepción. Pero la fantasía los asiste, entonces inventan que son adoptivos y que sus verdaderos padres que imaginan nobles, reyes, heroicos, algún día llegarán para rescatarlos de las manos de quienes ahora los tienen a su cargo. Es el argumento de los cuentos de hadas y de multitud de novelas, amén de los grandes mitos: Moisés, Edipo, Amadís, los héroes que habiendo sido abandonados desde su infancia retornan para salvar a su pueblo.