Pasan ante mi vividamente aquellos padres que eligieron serlo por su deseo en el marco de la legitimidad, no sólo de la legalidad, por decisión firme y confiada de las instituciones y en las instituciones, de los equipos de trabajo y defensa de la infancia y adolescencia que buscan denodadamente los mejores padres para los chicos, de los magistrados que ejercen la virtud de dar a cada uno lo suyo, a quienes nadie se atreve a presionar, adular o sobornar. También estos lugares de docencia, de investigación, de reflexión donde la humildad de los maestros se nutre de nuestras modestas y dilemáticas situaciones cotidianas, donde el desborde y la emergencia no siempre dan paso al pensamiento y al rigor intelectual que debiera ser prioridad para después hacer los actos. En este respeto a la dignidad de la infancia, en esta común unión de gente con hambre y sed de justicia, en la inclusión e integración del más débil y excluido funda la adopción su lección de vida que nos es también debida. En esta convivencia de tantos por este ser inapreciable está puesta nuestra alegría más profunda y los pilares de nuestras esperanzas, que no son tan utópicas. También en la adopción de los chicos estamos construyendo la República. Ojalá que asi sea.
