En Todorov encontraremos una mediación capaz de articular la doble propuesta que se plantean estas parejas. Cuando este autor estudia la literatura fantástica, selecciona dos grandes temas que, de acuerdo con su opinión, se encuentran en toda literatura:
A) El tema del Yo que remitiría a la relación del sujeto con el mundo, al sistema percepción-conciencia regulado por la representación-cosa y la representación-palabra, así como a la construcción de una causalidad arbitraria y a la pérdida de límites por razones emocionales.
Se refiere a un Yo capaz de confundirse y que al mismo tiempo depende de poderes que siente sobrenaturales, los cuales lo conducirán a refugiarse en creencias religiosas. Creencias que lo pondrán en situación de esperar pasivamente la actuación de algún ser superior.
B) La dimensión del Tú que Todorov identifica con la expresión del deseo sexual y el tránsito por el Edipo, junto con el aprendizaje de la diferencia sexual, la relación del sujeto con su deseo y con su inconsciente constituyen la otra alternativa.
El sujeto ya no será pasivo, actuará sobre el mundo e introducirá el discurso que sustituya el mirar, o sea, que accederá a la magia mediante la cual lo sobrenatural queda en manos del ser humano. (Ésta es una interpretación que pertenece al investigador de temas literarios, A. Risco.)
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Si traducimos la dinámica expuesta hasta los orígenes del mito, nos encontraremos con la figura de Simón el Mago, que fue el creador de una de las doctrinas gnósticas de su tiempo; uno de sus principios sostenía, de modo críptico, que la salvación del ser humano sólo puede llegarle desde otro dios, no desde el dios conocido, sino desde una divinidad ignota, la verdadera. 101 poder del auténtico salvador habría sido usurpado por quien fabricó nuestro planeta, en el cual sufrimos. Pero llegará el día en que el verdadero dios retorne y nos reconozca como sus hijos.
Algo semejante sucedió con Brahma: la tradición mística repite ese pasaje que transita desde la minusvalía hacia la redención por el dios que según el mito o la leyenda constituye lo verdadero.
La frase podría combinarse con otras: “Ya que no pudimos concebir, por lo menos pudimos adoptar”, o bien: “Menos mal que habíamos iniciado los trámites…” Es decir, asistimos a la función aliviante y reparatoria que se le adjudica al adoptivo como sanación de la herida narcisista de los padres adoptantes frustrados en su deseo y en su necesidad de engendrar y que con distintos niveles de intensidad sobrelleva la pareja.


