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Hijos de padres adoptivos

“Gustavo y Johan”: un enfoque vincular de apenas diecinueve sesiones
Gustavo y Juan —como se habían llamado antes— fueron adoptados a los tres y seis años de edad. Su madre los había abandonado un año y medio antes y habían sido cuidados por distintas personas que no se preocupaban mucho por ellos, de manera que vagabundeaban la mayor parte del día. Durante varios meses vivieron en la calle con un grujió de niños, robando comida y subiéndose a los trenes “para dar una vuelta”. Gustavo había cuidado todo el tiempo de su hermanito y, a diferencia de éste, todavía guardaba recuerdos de sus “primeros padres”.
Los niños habían sido adoptados por una pareja de profesionales cristianos, con una excelente relación entre ellos, pero algo confundidos acerca de su rol de padres. En los dos años y medio que los niños habían vivido con sus padres adoptivos, éstos habían tratado de poner claros límites, como se les había recomendado. El resultado fue que eran una mezcla de padres con “educadores de niños de la calle”, que iba en detrimento de la relación padres-hijos que añoraban construir. Llegaron a consulta muy preocupados porque el niño menor, Johan, de cinco años y medio, era extremadamente controlador. Los padres se sentían impotentes, y tenían miedo de que Johan desarrollara una personalidad psicopática.

El miedo a ser “devueltos” y Maradona campeón…En la primera entrevista vinieron los padres y Johan. El niño se mostraba retraído, no quería hablar y se mantuvo escuchando nuestra conversación al lado de su madre. Sus padres  aseguraron que querían ayudarlo, y al ver la mirada ansiosa de Johan ante los corredores largos, y la sala de juego con diván, me apresuré a decirle que éste era un instituto donde los niños y sus familias venían a conversar o jugar con nosotras cuando tenían problemas, y que todos volvían a su casa a dormir. “Ningún niño so queda a vivir aquí, esto diván os solo para sentarse”. le dije, asegurándole que éstos eran el papá y la mamá que iba a tener toda la vida. Johan se mostraba inquieto, poro logró calmarse un poco cuando le conté que yo venía de la Argentina y hablaba el mismo idioma que él había hablado antes de venir a Noruega. En seguida me preguntó si yo conocía a Maradona, y el contacto, aunque con cierto recelo, quedó hecho.
Antes de decidir  qué tipo de terapia ofrecerles, se les pidió a los padres que vinieran a una consulta con los dos niños, a pesar de que ellos no tenían problemas con Gustav, buen alumno, muy responsable y obediente. Al ver a Gustav me invadió) una sensación de angustia y pena: era un niño con una mirada muy triste, y parecía abrumado. También estaba muy receloso, y su madre me contó más tarde que ante esta primera visita había dicho resignado seguro que esas señoras van a decir que ya no podemos seguir viviendo con ustedes”, haciendo referencia a varias experiencias de cambio de hogares sustitutos en su país.
Una trabajadora social y yo como psicologa nos lanzamos a lo desconocido, y le ofrecimos a toda la familia una hora de terapia semanal, con la intención fundamental de que llegaran a conocerse mejor. Tomando como punto de partida el momento del primer encuentro, con relatos de los padres y dibujos espontáneos de los niños, fuimos armando parte del rompecabezas que constituye ahora parte de la historia común de toda la familia.
Al comienzo de la terapia Gustav siguió mostrándose reservado y algo incómodo ante las salidas “desvergonzadas e infantiles ” (sic) de Johan: tirar tiros incesantemente con una pistola de juguete, tirarse “cuetes” (cosa que avergonzaba a la madre), burlarse de mi colega y de mí y sobre todo hablar mucho de “caca”, “pis” y, mas tarde de “copulación” y “pene”. Lentamente Gustav se fue incorporando. Primero con un poco de ansiedad ante la pistola y el ruido que hacía, poro su madre le ayudaba a poner la cebita. Gustav también respondía a nuestras preguntas y dibujaba en forma espontánea, a veces cosas que tenían que ver con experiencias antes de la adopción. De todas maneras lo más importante eran las charlas que toda la familia tenia entre sesiones, a las que los padres hacían referencias.
En su casa mientras tanto la situación fue revirtiéndose: Johan se volvió más tranquilo y cariñoso, y no representaba ya un problema para sus padres, que consideraban su comportamiento como “normal para su edad’ . Gustav, por su parte, comenzó a hacerles frente a sus padres, explotando en rabietas y caprichos, cuando aquéllos iban contra su voluntad. Los padres eran conscientes de que esto era un avance para Gustav, y le aseguraban que lo querían. Se le señaló que ahora podían quererlo más porque él estaba mostrando aspectos que antes no conocían y que también eran parte de él. Antes Gustav no los había podido mostrar, por miedo a ser castigado por los mayores que habían sido malos con él. Además Gustav había tenido que cuidar de su hermanito —”que olía a caca”, según Gustav— y había tenido que morderse la rabia y el miedo, sin llorar, porque, como él contó, “Johan lloraba mucho, y dos no pueden llorar al mismo tiempo”. Ahora podía por fin mostrarnos todo lo que llevaba dentro.
A Gustav y a Johan les molestaba a veces la sobre-protección de sus padres, que se expresaba entre otras cosas en no dejarlos ver películas violentas —como las de las Tortugas Ninja—, no irse demasiado lejos de la casa, acostarse temprano. Todo esto estaba en acentuado contraste con la vida que los niños habían llevado en su país, cruzando avenidas enormes de tránsito fatal que aterrorizaron a sus padres a los dos y cuatro años, viviendo situacíones do violencia, vagando por las calles a cualquier hora, yendo a pasear ni cementerio, comiendo y durmiendo donde podían. El mayor de los hermanos contó en casa a sus padres antes de dormir un relato detallado de cómo su madre los había abandonado, y del dolor que los dos hermanos habían sentido entonces. Poco a poco, este niño retraído había comenzado a compartir con sus padres trozos de vida que ellos ignoraban.

“Hay que aprender a bancarse los viejos que le tocaron ”
Paralelamente con el cambio en los niños, los padres fueron dándose cuenta de qué difícil debe de haber sido para Gustav y -Johan de pronto haber tenido unos padres tan mojigatos y cuidadores, después de haber vivido solos o con muy poco cuidado. Sobre todo pensaban que debe de haber sido muy difícil para Gustav que ahora sus padres decidieran todo acerca de su hermanito a quien él antes había cuidado. Pero delante de los niños los padres fueron apoyados en ser como eran, y en mantener su forma de educar a los niños. “Qué van a hacer… quizá son un poco más estrictos y anticuados que otros, poro éstos son los padres que les tocaron para siempre, y van a sor abuelos de sus hijos…” Además se enfatizó que justamente ellos, que habían estado tan solos antes, debían ser ayudados a recuperar trozos perdidos de su niñez a través de mimos y cuidados aunque a veces a los padres se les fuera la mano… Esto nos dio pie para reírnos juntos muchas veces.
En una de las sesiones el padre contó que también su mamá había sido adoptada y había sufrido mucho. Se inició de esta manera un diálogo donde los padres compartieron con los niños aspectos de su propia historia, también como pareja sin posibilidad de concebir. Se fue completando un rompecabezas, y las terapeutas procuramos hilar los datos que fueron apareciendo, y darles un sentido.

Hijos adoptados

hijos adoptados

En una estadística comparativa entre menores en guarda para adopción y aquellos que pasan por las Amas Externas se observa que la cantidad menores que ingresan a dicho Servicio es muy baja, ya que son sólo aquellos que se encuentran en situaciones especiales y están a disposición judicial; se trata de que el paso de los menores por dichas familias sea la más breve posible, cuidando así el aspecto afectivo y vincular tanto del menor como de la familia cuidadora.

Adoptivas

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APORTES CRÍTICOS SOBRE LA ADOPCIÓN DESDE LA PROVINCIA DEL CHACO

Cuando Eva Giberti me llamó para invitarme a participar de estas Jornadas me pregunté un poco angustiado por qué a un militante de derechos humanos se lo convoca a exponer en la Asociación de Psicólogos.
Me preguntaba qué esperaban, qué esperaban los psicólogos de un militante de los derechos humanos sentado aquí entre ustedes diciendo cosas. Ustedes saben que tenemos la fama de ser denunciadores, de ser estentóreos, de gritar fuerte; a lo mejor aprendimos esto en los años de la dictadura, donde cuando a uno lo detenían debía hacer un gran escandalete para que se enterara todo el mundo posible, todo el entorno posible.
Pero las cosas son así en el país y entonces cuando me preguntaba esto me dije: tal vez quieran precisamente que yo venga aquí a prestar testimonio; más aún desde mi punto de vista, hacer teorías sobre el problema de la adopción en la Argentina, y más precisamente en el Noreste. Entonces escribí una serie de testimonios, absolutamente reales porque son los que llegan hasta nuestro Organismo de Derechos Humanos en demanda de justicia.

Hijo Adoptivo

hijo adoptivo

Hablar de adopción es también saber cuál habrá de ser el acogimiento de la familia extensa a ese anhelo de ahijamiento de esta pareja. Por eso es que nos gustarla que desde el trabajo social se dé cuenta de la actitud de abuelos, tíos, primos y amigos, de cómo son los vínculos de la pareja.

Hijo adoptivo

hijo adoptivo

El hijo biológico sostiene un imaginario derecho de propiedad sobre los hijos, al modo de prolongación. “Derecho” que, con los hijos adoptivos, no-biológicos, requiere de un trabajo diferente. En la economía libidinal, habría primero que “hacer propio” —desde el punto de vista de la narcisización— para recién luego reconocer al hijo como diferente. La ruptura de la continuidad biológica -—que se introduce con un hijo adoptivo— propone otros modos de anudamientos para tramar la ilusión de lo propio. Desde los padres, el hijo como enigmático es un punto de inflexión en toda filiación. Con el hijo adoptivo adquiere características distintas: lo diferente es lo que se presentifica en el inicio. Se requiere, entonces, de un trabajo de homogenei-zación. En la actualidad, este trabajo de homogeneización implica una complejización, un reposicionamiento y un circuito de elaboración particular. Adoptivo, en algunos caaos, romo el hijo de la re-signación.

Adoptado

adoptado

La investidura del niño-hijo, en paralelo con la investidura del tránsito del fracaso de la fertilización asistida a la adopción, podría alcanzar niveles maníacos, caracterizados por una alegría que arriesga ser inauténtica, por ejemplo, cuando presentan al niño a sus familiares diciendo “Es igualito a nosotros” o bien “Es un regalo del cielo”.

Estas expresiones y otras se encuentran en las parejas que adoptan inmediatamente después de haber perdido toda posibilidad de concepción, es decir, en ausencia de tiempos cronológicos que posibiliten sobreponerse al dolor por la pérdida de la esperanza respecto de lo que podría brindar la fertilización asistida.

Hijo adoptivo

hijo adoptivo

Estas alternativas coadyuvan en la composición de una novela familiar que la pareja auspicia para articular los espacios, los lugares y los posicionamientos, así como los fantasmas y los deseos que los envolvieron y que al mismo tiempo fueron creando. Todo ello adhiere a una simbólica nueva, la que resulta de incluir un hijo adoptivo, que, si bien podrá ser amado como tal, ingresa en una familia que se sabe portadora de una marca que la presencia de este niño ajeno testimonia.

Hijo adoptivo

hijo adoptivo

Las frases de los duelos
Si no se produce la concepción buscada mediante las Nuevas Técnicas Reproductivas, será preciso habilitar otro duelo. Desde la aleación de ambos duelos, el primero —que condujo a buscar la fecundación asistida— y el reciente, se avanza en la búsqueda del adoptivo.
Cuando fracasa la implantación del embrión la mujer lo expresa diciendo, por ejemplo: “Se me cayó”, refiriéndose a la pérdida de un embrión, o “Lo perdí” o bien “No prendió” en alusión a las gametas que no (se) prendieron en ella, como cuando se habla del gajo de una planta que se transplantó y no logró prender , enraizarse en la tierra.
Entonces, la decepción respecto de sí misma tiñe la vida de la pareja; también la decepción ante una técnica que originalmente ejerció en ellos efectos de fascinación, es decir que, pudiendo conocerla, pensar en sus características respecto de las posibilidades de la pareja y escuchar las perspectivas que podría abrir para ellos, en un segundo momento produjo dichos efectos, sobrepasando la confianza que podría suscitar.
De este modo ingresan en la cultura de la adopción y como en otro espacio de filiación, que intentan que sea semejante al espacio de la consanguinidad del cual quedaron excluidos.
Aunque en los dos espacios psíquicos se diseñó un hijo (el de la fecundación asistida y el de la adopción), conjeturamos que ambos se oponen entre sí dada la diferencia de sus leyes y de sus lógicas. Porque en uno se privilegió la concepción de un hijo que debía incorporar el aporte de la técnica mediatizada por un tercero desconocido (donante NN) marcando una neta diferencia con la concepción a cargo de la pareja parental.

Adoptivo

Adoptivo

La posición del adoptivo se establece entre parámetros propios: 1) el de su condición de criatura en condiciones de adoptabilidad por razones de abandono o entrega, 2) la imposibilidad de gestar por parte de sus padres, 3) la presencia reguladora de la ley de adopción y 4) la interrelación (configuraciones vinculares) que se establezca entre él y sus adoptantes, es decir, que puedan convivir sin que el niño sea devuelto a los tribunales durante el tiempo de la guarda.
Estos parámetros, que son propiedad exclusiva de la puesta en acto de la adopción, indican la posición del niño o de la niña al ocupar el lugar de hijo o hija.

Hijo adoptivo

Hijo adoptivo

Sustituirá al sujeto que debería haber ocupado la posición del hijo biológico, y progresivamente podrá incluirse en su lugar, ya que el lugar forma parte del espacio psíquico creado por cada sujeto desde su historia personal. Ese lugar destinado al hijo es un lugar simbólico, como lo son los lugares de padre y madre; se trata de lugares del orden de lo psíquico que existen más allá de quién sea quien lo ocupe y aunque el padre y la madre de origen no estén presentes.