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Hijo adoptivo

Barajar y seguir jugando
La escuela es parte de una realidad llena de prejuicios y de verdades. Reproduce los miedos, las angustias y saberes que suelen aparecer frente al tema de la adopción en cualquier ámbito social. Si rastreamos con cierto detenimiento el discurso de los distintos chicos, veremos que lo que ellos expresan son muchos de los preconceptos con los que nos manejamos los adultos.
“Ser hijo adoptivo es sinónimo de ser hijo sufriente” “La verdad es siempre dolorosa y el dolor es mejor evitarlo” “Cuando las cosas nos suceden de muy chiquitos son menos dolorosas que cuando nos ocurren de más grandes” “Ser hijo adoptivo tiene cierta connotación discapacitante” “La mejor forma de resolver un problema es ignorarlo y, si esto no es suficiente, negarlo es lo adecuado” “La suerte o el destino no pueden modificarse” “Los problemáticos son siempre los distintos de nosotros”
Todo esto quedó dando vueltas en mi cabeza. Tengo algunas certezas de lo que daña en la adopción. Según mi criterio, lo que la daña es el ocultamiento, el prejuicio y el preconcepto. Todo eso casi siempre hace mal. Por eso no pude dejar de pensar en algo que aprendí siendo estudiante y que me ha marcado desde entonces: nuestra predilección, nuestro amor, siempre suelen inclinarse por todo lo que es igual a nosotros mismos, al tiempo que sentimos desconfianza y temor por todo aquello que sea distinto. Lo que, sin lugar a dudas, nos torna sumamente prejuiciosos.
Camila no tiene nada de diferente. En todo caso, lo único que la hace diferente es que, como a tanta otra gente, en la vida le ha tocado barajar y seguir jugando.

Hijos adoptados

hijos adoptados

En una estadística comparativa entre menores en guarda para adopción y aquellos que pasan por las Amas Externas se observa que la cantidad menores que ingresan a dicho Servicio es muy baja, ya que son sólo aquellos que se encuentran en situaciones especiales y están a disposición judicial; se trata de que el paso de los menores por dichas familias sea la más breve posible, cuidando así el aspecto afectivo y vincular tanto del menor como de la familia cuidadora.

Hijo adoptivo

hijo adoptivo

El hijo biológico sostiene un imaginario derecho de propiedad sobre los hijos, al modo de prolongación. “Derecho” que, con los hijos adoptivos, no-biológicos, requiere de un trabajo diferente. En la economía libidinal, habría primero que “hacer propio” —desde el punto de vista de la narcisización— para recién luego reconocer al hijo como diferente. La ruptura de la continuidad biológica -—que se introduce con un hijo adoptivo— propone otros modos de anudamientos para tramar la ilusión de lo propio. Desde los padres, el hijo como enigmático es un punto de inflexión en toda filiación. Con el hijo adoptivo adquiere características distintas: lo diferente es lo que se presentifica en el inicio. Se requiere, entonces, de un trabajo de homogenei-zación. En la actualidad, este trabajo de homogeneización implica una complejización, un reposicionamiento y un circuito de elaboración particular. Adoptivo, en algunos caaos, romo el hijo de la re-signación.

Adoptado

adoptado

La investidura del niño-hijo, en paralelo con la investidura del tránsito del fracaso de la fertilización asistida a la adopción, podría alcanzar niveles maníacos, caracterizados por una alegría que arriesga ser inauténtica, por ejemplo, cuando presentan al niño a sus familiares diciendo “Es igualito a nosotros” o bien “Es un regalo del cielo”.

Estas expresiones y otras se encuentran en las parejas que adoptan inmediatamente después de haber perdido toda posibilidad de concepción, es decir, en ausencia de tiempos cronológicos que posibiliten sobreponerse al dolor por la pérdida de la esperanza respecto de lo que podría brindar la fertilización asistida.

Hijo adoptivo

hijo adoptivo

Estas alternativas coadyuvan en la composición de una novela familiar que la pareja auspicia para articular los espacios, los lugares y los posicionamientos, así como los fantasmas y los deseos que los envolvieron y que al mismo tiempo fueron creando. Todo ello adhiere a una simbólica nueva, la que resulta de incluir un hijo adoptivo, que, si bien podrá ser amado como tal, ingresa en una familia que se sabe portadora de una marca que la presencia de este niño ajeno testimonia.

Hijo adoptivo

hijo adoptivo

Las frases de los duelos
Si no se produce la concepción buscada mediante las Nuevas Técnicas Reproductivas, será preciso habilitar otro duelo. Desde la aleación de ambos duelos, el primero —que condujo a buscar la fecundación asistida— y el reciente, se avanza en la búsqueda del adoptivo.
Cuando fracasa la implantación del embrión la mujer lo expresa diciendo, por ejemplo: “Se me cayó”, refiriéndose a la pérdida de un embrión, o “Lo perdí” o bien “No prendió” en alusión a las gametas que no (se) prendieron en ella, como cuando se habla del gajo de una planta que se transplantó y no logró prender , enraizarse en la tierra.
Entonces, la decepción respecto de sí misma tiñe la vida de la pareja; también la decepción ante una técnica que originalmente ejerció en ellos efectos de fascinación, es decir que, pudiendo conocerla, pensar en sus características respecto de las posibilidades de la pareja y escuchar las perspectivas que podría abrir para ellos, en un segundo momento produjo dichos efectos, sobrepasando la confianza que podría suscitar.
De este modo ingresan en la cultura de la adopción y como en otro espacio de filiación, que intentan que sea semejante al espacio de la consanguinidad del cual quedaron excluidos.
Aunque en los dos espacios psíquicos se diseñó un hijo (el de la fecundación asistida y el de la adopción), conjeturamos que ambos se oponen entre sí dada la diferencia de sus leyes y de sus lógicas. Porque en uno se privilegió la concepción de un hijo que debía incorporar el aporte de la técnica mediatizada por un tercero desconocido (donante NN) marcando una neta diferencia con la concepción a cargo de la pareja parental.

Hijo adoptivo

Hijo adoptivo

Sustituirá al sujeto que debería haber ocupado la posición del hijo biológico, y progresivamente podrá incluirse en su lugar, ya que el lugar forma parte del espacio psíquico creado por cada sujeto desde su historia personal. Ese lugar destinado al hijo es un lugar simbólico, como lo son los lugares de padre y madre; se trata de lugares del orden de lo psíquico que existen más allá de quién sea quien lo ocupe y aunque el padre y la madre de origen no estén presentes.

Hijo adoptivo

Hijo adoptivo

Pero toman precauciones ante la posibilidad de que la fertilización fracase. Como no están dispuestos a prescindir de hijos, por las dudas, inician trámites para adoptar.
Una primera lectura corresponde a nuestra escucha enturbiada por la naturalización del pasaje que autoriza la sustitución de hijo consanguíneo a hijo adoptivo, pasaje teñido por la imagen del adoptivo sentadito en el banco de los suplentes, por si el titular se lesionara.

Hijos adoptados

Hijos adoptados

Identificaciones múltiples surgidas del múltiple bombardeo de identificaciones. Imposible hoy, definitivamente, seguir pensando en identificaciones lineales como podrían rastrearse en la Viena de principios de este siglo.
En un plano de mayor especificidad, encontramos en los casos de niños adoptados las particularidades de la conflictiva sucintamente descripta. Una nueva sobredeterminación se produce. El propio proceso de individuación, puesto en jaque durante el período adolescente, se puede tornar excesivamente complejizado por la problemática que con relación al espacio y el reconocimiento tienen y padecen en términos generales los hijos adoptados.