El hijo denominado biológico podría considerarse, en tanto le atribuyamos una identidad social, como descendiente de determinada pareja, como lo instituido, puesto que su consanguinidad lo fija formalmente en el ámbito de la pareja que procrea hijos. Su existencia, derivada de la relación heterosexual, forma parte de una categoría construida por los imaginarios sociales, por los imaginarios y los deseos personales junto con las pautas y las normas convencionales organizadas de acuerdo con diversas simbolizaciones.
