
Es cierto que el desarrollo y el crecimiento de la biología molecular van más allá que las técnicas de procreación asistida, pero… ¿no tendrá que ver tanto esfuerzo, con la grave situación demográfica, que afecta a los países europeos? Si se estudian en paralelo fecundación asistida y adopción internacional, probablemente se ve que son fenómenos que se presentan en el mundo en forma simultánea, hay algo que hace a nuestra supervivencia, a nuestra proyección futura como humanos. Ya Cicerón sostenía: “La necesidad de perdurar”. Esa necesidad de perdurar es lo que ahora vamos a ver si se recepta y cómo influye en estas instituciones. Pensando en procreación y adopción, el derecho a procrear naturalmente, el derecho a procrear con estas técnicas, aparece un primer interrogante: ¿hay un “derecho al niño”?
Nadie puede negar que hay un derecho a procrear. Lo contrario nos parecería impensable —no tengo que recurrir a la Constitución del ’94 ni a los 11 pactos de Derechos Humanos para decir “Todo ser humano tiene derecho a procrear”—; es algo tan natural que parecería absurdo su rechazo. Si buscamos dogmáticamente en las leyes, se puede sostener: Si la Constitución reconoce el derecho a constituir una familia, si la Convención de los Derechos del Niño permanentemente habla de la función de la paternidad, de los derechos y deberes de los progenitores respecto de sus hijos, del derecho a la salud del niño, del derecho a permanecer en la familia de origen, ¿está implícito el derecho a la procreación? Del mismo modo, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, en su artículo 12, manifiesta que: “… se adoptarán todas las medidas apropiadas… a fin de asegurar… el acceso a servicios de atención médica, inclusive los que se refieren a la planificación de la familia”.