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Las posesiones en los niños

Néstor tiene dos años y medio. Hoy está dichoso porque ha ido con sus padres al campo. En un despliegue de triunfo ha decidido que todo es suyo, y así lo va enumerando: “vaca, muuuss, mío; beess, mío; gato miau, mío, campo mío”. Y va sumando posesiones con cada paso que da. Admitir que algunas de sus pertenencias también son de los demás, especialmente de aquellos que las necesitan, es un hermoso pensamiento, pero se halla totalmente alejado de la mentalidad del niño pequeño. En esta etapa de su desarrollo, es posesivo. Pero no es una etapa egoísta, sino un hito en su propia identificación, una reafirmación de su identidad. Coincide, además, con la adquisición de los pronombres personales. Se debe entender como una fase de egocentrismo, ya que se encuentra en un momento evolutivo en el que todavía no entiende que las cosas pueden ser de otro y que otras personas pueden compartirlas. Pablo va a cumplir tres años. Siempre ha mostrado predilección por su padre. Últimamente, deja clara su posesión utilizando un doble posesivo: “Mi papá es mío”. Luego mira complaciente a su madre y a su hermanito, y afirma “mamá es del bebé”. Angeles Brioso, psicóloga clínica infantil, especializada en los trastornos graves del desarrollo, afirma: “Es importante que los padres comprendan que es una fase normal, que es bueno que el niño pase por ella. Es un momento de auto-afirmación y no de egoísmo. Vuestro hijo os hará pasar algún mal rato en el parque al arrebatar con fiereza su juguete a otro niño, pero también notaréis pronto que es una etapa llena de originalidad, de sorpresas que os harán vivir situaciones divertidas e inolvidables”. A los niños también les gusta agradar a los mayores y disfrutan jugando con otros niños. Estas cualidades serán tus aliadas para educarle en la generosidad.

ATENCIÓN A LA AGRESIVIDAD.
Algunos niños defienden sus pertenencias no sólo con las palabras sino de una forma mucho más contundente: a golpes. Daniel y Nacho son primos de la misma edad. Ambos están terriblemente empadrados. Un día que se encuentran en casa del abuelo, entran en una grave discusión. “Papá mío” afirma Daniel con rotundidad. “No, papa mío” responde Nacho. La crispación y el tono de voz van subiendo. Nacho, más fuerte y gordito, cambia el suelo por una posición más privilegiada en el sofá desde la que propina un contundente mamporro a su primo al tiempo que chilla “no, papá mío”. Y comienza una magnifica pelea hasta que cada “peque” acaba sentado sobre las rodillas de su exclusivo papá, mirando desafiante a su oponente, que habia osado dudar sobre la posesión de su bien más preciado. Son pequeños y la empatia aún no se ha desarrollado. Observa su comportamiento. Si tu hijo es demasiado abusón, o si su agresividad se dirige constantemente hacia otro niño más pequeño e indefenso, tal vez sea, el momento de llevarle con niños un poco más mayores que no se dejen “manduquear”, y que, en sus propios términos, le enseñen sus límites.