
La exasperación del deseo de hijo consanguíneo narcisiza el Yo y el cuerpo de cada miembro de la pareja de manera peculiar, ya que el narcisismo capituló frente a una parte del cuerpo perdida por la infecundidad o esterilidad.
El Yo podrá habilitar mecanismos capaces de entrar en duelo, o bien, apostando a las técnicas de fertilización asistida, abrirá paso a una fantasmática que imagine reapropiarse de lo que entonces, y debido a la esperanza de éxito, se considera momentáneamente perdido; por ejemplo cuando se trata de fecundaciones llevadas a cabo con gametas de ambos miembros de la pareja unidas en laboratorio, fuera del cuerpo de la mujer.
Entonces, la eficacia de los fantasmas de completud, en tanto dicha completud dependa de ser padre o madre biológico, inscribe su texto: “No he perdido capacidad de concebir”; pero cuando se trata de parejas que utilizan donantes anónimos el comentario es otro: “Aunque yo no pueda concebir podré tener un hijo con él (o con ella)”, para lo cual depende de incorporar nuevos fantasmas, los que corresponden a la presencia, en su mujer, de ese donante NN.
Cabe suponer que ese fantasma de completud también integrará el operativo de la concepción mediante la fertilización asistida, lo que nos permite preguntarnos acerca de la inclusión de ese fantasma en el deseo de hijo, una vez que la criatura haya nacido. Me pregunto si el vínculo con ese hijo-deseado-promovido-nacido mediante la técnica, apañará al fantasma inicial, adherido a la parte infértil de la pareja, fantasma oficiante de magias que apuntala a quien se niega a reconocer su imposibilidad de concebir.