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El desarrollo y la estimulación en el niño

Martes, 17 de agosto de 2010

La inteligencia necesita ser abonada

¡Niño, no seas curioso!

El desarrollo y la estimulación de la inteligencia están tan entrelazados con la vida cotidiana del niño que ya hemos hablado de este tema en casi todos los capítulos anteriores. Hablar y jugar, cantar y leer cuentos, ofrecerle un ambiente rico en estímulos… todo ello abona su inteligencia innata. A partir del tercer año también crece su memoria consciente, su sentido del tiempo se amplía, y su concepto del espacio se hace cada vez más exacto. Igualmente aumenta su capacidad de concentración; ya se puede dedicar a una tarea concreta durante más de media hora, sin distraerse con otras cosas.
El gran promotor de la inteligencia del niño es su curiosidad, y esta curiosidad se manifiesta principalmente en dos actividades: en probar y en preguntar. El niño, cuya mente apenas comienza a funcionar de forma abstracta aprende, sobre todo, actuando, tocando y manejando las cosas. Aquí los padres (y también los colegios) cometen muchos errores, en parte forzados por una vivienda pequeña y una economía que no permite que la curiosidad del niño, por muy positiva que sea en sí, rompa objetos que han costado dinero. Sin embargo, quedan muchas cosas que podemos hacer. La mayoría de los objetos que tenemos en casa no son tan frágiles que no los pueda manejar un niño, si le enseñamos cómo debe hacerlo.
No me acuerdo exactamente a qué edad, pero en algún momento todos mis hijos empezaron a aporrear mi máquina de escribir, un aparato siempre a mano y demasiado tentador como para dejarlo en paz. Como es obvio, no quería que mi «herramienta de trabajo» se estropease, pero luego pense que en realidad, unos deditos de niño no podían causar grandes males, además de que una eventual reparación sería mucho menos fastidiosa que el constante prohibirles algo tan interesante. Sólo les exigí que se sentaran formalmente, con un folio puesto, para escribir «como mamá». Resulta que después de veinte años, esta misma máquina sigue aún funcionando (estoy escribiendo con ella), con poquísimas reparaciones. Además, los tres chicos aprendieron sus primeras letras a través de este «juego», y los tres escriben hoy bastante bien a máquina.