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Adopciones de alto riesgo

Adopciones de alto riesgo
Los niños y jóvenes a los que hago referencia en este artículo constituyen un grujió pequeño formado por algunos de mis clientes durante vanos años. Tomando en cuenta que los niños mayores de cinco años constituyen una pequeña minoría dentro de los adoptados internacional-mente, y que asimismo sólo un pequeño porcentaje (20%, von der Lieth, 1997) de niños presenta problemas, nos encontramos con una muestra de adopciones de alto nesgo.
En efecto, estudios británicos y australianos (Hoks-bergen, 1991; Harper, 1994; Payner, 1994) muestran que factores como la alta edad al ser adoptado/a. un encuentro negativo con el hijo/a adoptivo/a. niños con necesidades emocionales y psíquicas especiales, niños con vivencias traumáticas y niños con dificultades emocionales y largos períodos de incertidumbre antes de ser ubicados en adopción constituyen un grupo de alto riesgo en cuanto a la posibilidad de que la adopción no funcione. Estos autores señalan que también otras vivencias tienen (doctos negativos, como experiencias de otras adopciones que no fun-cionaron. cuando el niño se ve obligado a romper con todo lo que conocía, como familia, amigos, escuela, hermanos, etc. También se señalan como mas complicadas y riesgosas las adopciones de grupos de mas de tres niños, cuando el hijo adoptivo es mayor que los biológicos o (mando se encuentra en edad cercana a uno do ellos. Asimismo cuando el niño tiene dificultades durante largo tiempo para adaptarse a la nueva familia y/o (mando las expectativas de los padres no corresponden con las cualidades o recursos de los niños.
El hecho, por ejemplo, de que la mayoría de los padres adoptivos tengan educación académica es un recurso importante en la etapa de la educación primaria —si los padres le dedican suficiente tiempo al niño/a, claro esta, mientras que posteriormente puede ser difícil para padres de éxito profesional aceptar que sus hijos adoptivos tienen menos capacidades intelectuales o intereses menos sofisticados que ellos. Esta también puede ser una nueva pérdida para los padres, que en algunos casos tendrán que elaborar.

Historias de adopciones

Elementos reparadores: Jesús, el angel de la guarda, nuestro idioma natal
Tanto Marta como Gustav y Johan habían sido adoptados por padres cristianos practicantes, lo cual es muy frecuente mitre los padres adoptivos noruegos (Botvar, 1994) y que se diferencian en bastantes aspectos del resto de los padres noruegos con quienes tengo contacto: son activos en la parroquia a la que pertenecen, tienen ideas definidas sobro los valores que quieren transmitir a sus lujos, son críticos de programas de televisión que muchos niños ven. le dan suma importancia al rol de la familia.
La madre de Marta, aunque muy afligida por las experiencias de la niña, me dijo: “Yo cree que desús ¡puso que Marta viniera a nosotros”. Con los ojos de la madre todavía fijos en mí. quedé perpleja unos segundos y luego espontánea y sinceramente le conteste a la madre que sí, que tenía razón, que si desús tenía que elegir ios iba a eligir justamente a ella y a su esposo, Esta respuesta se me ha vuelto más segura y cierta, con los años, y a voces lo digo directamente a los padres: “Dios quiso que ustedes fueran los verdaderos padres . Es que ante el horror de las experiencias de esta niñita. era difícil imaginarse una madre que pudiera apoyarla y comprenderla mejor, algo que. como se vio más tarde, estaba estrechamente ligado a que la madre había sido abusada sexualmente por un familiar.

Gustav y Johan luchaban por ganarse un lugar a ple-no en un hogar cálido, casi perfecto. Después de todo habían estado sucios (calificaban a su madre de ‘muy prolija” \sic\). habían robado y se sentían “ladrones”, habían vivido en la calle y el padre, muy formal, no se animaba a repetir en sesión los insultos de Gustav (la madre se atrevió a decirlo: “homosexual de m…”. “pene de porquería”). Las terapeutas rescataron los ataques verbales de Gustav a su padre como una manera de mostrarle cómo otros adultos lo habían tratado a él antes. Después de todo, su padre biológico lo había abandonado, y Gustav quizá tenía miedo de querer a este papá que también podría llegar a abandonarlo, dejándolo muy triste. Los padres entendieron rápidamente y contaron que, en efecto, los niños so preocupaban a veces cuando los padres discutían ya que algunos de sus compañeros de escuela atravesaban por una situación de divorcio.
En una de las sesiones, Gustav contaba que cuando quedaron solos Johan olía mal, y que el excusado/retrete que debían utilizar estaba afuera y era de tierra, y que una vez a la noche se les apareció un ángel. Los niños trataron de burlarse de esta situación, dibujando una caricatura, y diciendo que era un murciélago no un ángel. Pero la madre rescató la importancia de aquella vivencia, recordándolos que había tenido importancia para ellos. La terapeuta habló entonces de que pareciera que un ángel guardián los había cuidado y les había dado fuerzas para seguir adelante, para alegría de los padres que los tenían ahora. La coterapeuta leía en ese momento un libro sobre un ángel (pie so les apareció a prisioneras de los nazis durante la Segunda Guerra (Budaliget. 1943). Fue un momento de mucha fuerza emotiva.
Como Gustav y Johan me respondieron que acostumbraban a decir una oración antes de acostarse, les escribí en castellano yon noruego una que aprendí de pequeña:
Ángel de la guarda dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día.
Como cuando le decía palabras cariñosas en castellano a la muñeca que representaba a la “pequeña Marta” en las situaciones de juegos que ella dirigía, como terapeuta, y como latinoamericana con una historia mas afortunada que la de estos niños, quise, quizás omnipotentemente, “darles” (proveerles de) una experiencia positiva en nuestro idioma natal.

Adopciones: ética filial

La falsedad de estas ”adopciones” y la ética de la filiación

Estos niños y estas niñas no forman parte de los hijos adoptivos, ya que los adoptivos por lo general fueron entregados para su adopción o, en algunos casos, abandonados. Ésta no la historia de los hijos de desaparecidos.
Los adoptivos no conocen su origen pero podrían rastrearlo si se lo propusieran (me refiero a quienes fueron adoptados legalmente y cuentan con un expediente donde consta la historia de sus orígenes), pero los hijos de desaparecidos desconocen el sistema y el plan de apropiación del que fueron víctimas al nacer.
Entonces, aislados del saber acerca de su origen, ¿qué podrá suceder con su vida psíquica? ¿Qué ocurrirá con el deseo de aquellos que no saben quiénes son?
Dado que el deseo es irreductible a cualquier forma de semántica o de sintaxis, no podrán hablar de él, ni dar cuenta de él puesto que el deseo responde a quien cada uno sea. Y este ser es el que es o fue negado. Por lo tanto puede esperarse que suceda lo que ocurrió en principio con algunos de estos niños y posteriormente con algún adolescente: al enterarse de su origen no quieren separarse de sus apropiadores. El querer es un acto volitivo que no tiene que ver con el deseo; y si una ética formal, aristotélica, puede argumentar en favor de lo que estos niños y niñas “quieren” después de haber transcurrido años de acostumbramiento y dependencia de sus apropiadores, en cambio, una ética de la filiación derivada de una ética del deseo tiene que desprenderse de lo que se quiere volitivamente, como producto del hábito de la cotidianidad para poder abrir el espacio que les permita crear un deseo según su historia.
Pero el espacio para ese desear que respete el origen de esos niños queda cautivo de ese “querer” conciente y cotidiano impuesto por los apropiadores.

La adopcion

la adopcion

De algún modo yo creo que mi intervención va a enriquecer este panel porque no es que esté en desacuerdo con la Dra. Arrúe, sino que creo que toda sociedad dinámica exige enfrentamientos. La República exige enfrentamiento, el modelo republicano exige enfrentamientos. Enfrentamientos. ¿Qué significa? Sociedad por un lado, Estado por el otro. Fundamentalmente éste es el enírentamiento dinámico que crea una sociedad libre. Donde no haya enfrentamiento entre sociedad y Estado, donde haya una armonía absoluta, debemos empezar a desconfiar que estamos bajo una dictadura. Y entonces yo voy a disentir en algunos aspectos aparentemente con la Dra. Arrúe. Yo creo que ella expresa el deber ser de la Justicia en la Argentina y tal vez sea su experiencia personal, personalísima en el Poder Judicial o en el Ministerio de Menores. Yo creo que por lo menos en la parte noreste del país, lo que son las provincias de Formosa, Corrientes y Chaco, norte de Santa Fe, sin ninguna duda es un gravísimo problema, pero las cosas no son así. Traigo conmigo parte de los expedientes judiciales que se han montado alrededor de nuestras denuncias y nuestras demandas de justicia, por si a alguien le cabe duda de que lo que yo expongo no sea cierto. No se preparen para cosas tan terribles, las cosas que yo voy a decir son comunes y conocidas, el único valor que tienen es que yo en este momento les esté diciendo que a
mi me constan.

Adopcion internacional

adopcion internacional

Hubo un tiempo en Roma donde el instituto de la adopción fundaba su sentido en el interés político de los adultos. El César adoptaba para designar su sucesor. Hay un tiempo que vivimos donde el ocultamiento, la clandestinidad, el silencio, en suma, tal vez encuentre en algún irracional sentido en la ingenuidad de quienes buscan la no discriminación; en ese silencio cómplice y en ese secreto siniestro estamos todos involucrados. A la sombra de ese silencio va transcurriendo nuestro malestar en el mundo, no sólo la historia personal y singular del niño, no sólo su historia familiar en sordina. También se teje, está pendiente, la historia social de todos. De los silencios sombríos o de las historias y palabras transparentes que constituyen, contienen y legitiman. Voltaire nos dice que las palabras hacen las cosas en gran parte y cambiar las palabras, y más generalmente las representaciones, es ya cambiar las cosas. Un cambio epistemológico es el poder. De nominación constituyente. El estatuto epistemológico de la posmodernidad, escinde, fractura, dicotomisa y desintegra, cuerpo y alma, por ejemplo, cuando la persona es una indisoluble e irreductible unidad. Son los padres los que pueden desear ahijar y así trascender. Cuando sólo se es hijo, cuando se es deseado. Cuando todos los saberes deben confluir y estar al servicio de ese universo que es la persona, nunca mejor llamado universo, diría Fogwill, con su derecho a la identidad, a la verdad, a la expresión de sus ideas, de sus creencias y de sus afectos, con su derecho a la familia, a la educación y a la salud, al techo y al trabajo.

Adopciones

adopciones

Hablar de adopción es también saber que el estándar jurídico del interés superior del niño es la primera y suprema norma de rango constitucional y que el criterio jurídico debe garantizarla en un todo. Nadie da lo que no tiene y sólo damos lo que nos fue dado, y el advenimiento de un hijo potencia lo mejor o lo peor, según fuere. Sólo así a partir de estas premisas, la adopción será el encuentro de dos necesidades, la humana y humanista compensación de las faltas con el acogimiento de todos al ahijamiento de ese sujeto de derechos y de deseo.

Adoptar un niño

adoptar un niño

También la pierde y con ella el sentido de trascendencia que el hijo importa. Por otra parte es cierto que la máquina sustituyó la necesidad de mano de obra, que ya no son necesarios tantos brazos y bracitos, que la desocupación aumenta porque la tecnología avanza, aun en la economía y en la cultura del noreste, pero no se advierte la necesidad de esclarecer sobre planificación familiar ni de declarar y sostener, desde los actos, que la vida extrauterina es tan sagrada como la vida intrauterina y que la vida y la calidad de vida son dos manos entrelazadas. Entonces tal vez sea cierto que al hablar de adopción importa hablar del silencio de políticas sociales eficaces que habiliten a los habitantes a ser personas, a ejercer su condición humana en dignidad. Al fin y al cabo las leyes son la institucionalización jurídica de las políticas sociales.

Adopciones

adopciones

Las características de este período obligan a conductas de sobreprotección y sobreadaptación. Se genera un estado de constante amenaza por la pérdida de su hijo debido a la presencia de la otra y de los otros que pueden venir a buscarlo para quitárselo. A este peligro que proviene del exterior se le suma la reacción de expulsarlo por ajeno, por extraño, opción propuesta por el período de guarda que autoriza a “devolverlo”.

Adopciones

adopciones

La experiencia que pude construir durante algo más de treinta años trabajando con adoptantes y adoptivos me enseñó que, cualquiera haya sido la inserción de la criatura en el hogar adoptante, y cualquiera fuese su origen, la relación que se entabla entre estos padres y sus hijos tiende a producir bienestar en los miembros de la familia (si exceptúo los historiales que incluyen violencias de diversa índole).
Señalo esta experiencia porque es probable que más allá de un primer momento conflictivo, de acuerdo con lo enunciado en este capítulo, la convivencia entre los adultos y el niño quede embargada por la necesidad recíproca que tienen los unos del otro y viceversa.
Podría afirmar que lo habitual —aunque no contamos aún con una casuística significativa de adoptivos que sean hijos de padres que previamente ensayaron inseminación con donantes NN—es que después de transcurrir un tiempo los adoptivos consiguen articularse con los adoptantes y éstos logran elaborar los niveles de frustración, las angustias y los dolores que les significa la ausencia de un hijo consanguíneo. Con las excepciones esperables.

Adopciones

adopciones

Si ensayamos una analogía por extensión con las circunstancias que deciden las adopciones “por las dudas”, encontrarenos que el hijo “verdadero”, aquel cuyo nacimiento creaba a sus padres, el hijo valioso, se recorta como el desconocido (como el dios salvador de Simón el Mago), cuyo lugar es usurpado por otro hijo que no es auténtico, el adoptivo. En los hechos el adoptivo no usurpa, pero los fantasmas inconcientes aportan otra versión acerca de la autenticidad de su filiación no consanguínea.