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El abuso sexual

Viernes, 9 de julio de 2010

Otra posibilidad, como consecuencia del trauma ocasionado por abusos sexuales, es que los niños presenten una conducta sexualizada: esto se hace ver sobre todo en quienes han sido objeto de abusos y que se han acostumbrado a relacionarse con los adultos a partir de las exigencias sexuales de éstos. Al tomar un rol activo, los niños pueden estar intentando recuperar un aparente control, a través del mecanismo de identificación con el agresor. Un control naturalmente falso y que los coloca en situaciones con posibilidad de nuevos abusos o, por lo menos, de rechazo y castigo por parte de otros niños y de adultos.

Abuso sexual
Los niños abandonados a su propia suerte, o aquellos que a menudo experimentan cambios de personas a cargo de (dios, corren riesgos de ser abusados de distintas formas, también sexualmente. Sabemos que hay niños que han sido violados después de ser arrestados con sus padres (Sanhueza, 1990), o torturados de otras formas (Colín. 1983). También los niños desplazados por situaciones de guerra se encuentran más expuestos a este tipo do abusos (Kadjar-I Hamouda, 1996). lo cual contribuye a veces a que las jóvenes violadas en los conflictos de África, por ejemplo, ante el rechazo de sus familias de origen que ahora las ven como indignas, se vean forzadas a salir al exilio por su cuenta, a voces en los albores apenas de la adolescencia (Jareg, 1997) pasando a formar parte de los aproximadamente dos millones de niños y jóvenes separados de sus padres como consecuencia de las guerras que azotan a nuestro planeta al final de esto milenio (Unicef. 1997). Algunos niños refugiados radicados en Noruega han relatado haber sido torturados en orfelinatos en Chile, por ejemplo (Carli, 1990), así como también haber sufrido distintos tipos de vejaciones después de quedar huérfanos.
Conversaciones con un grupo numeroso de padres adoptivos en Noruega muestran que los niños procedentes de América Latina, mayores de tres o cuatro años, con frecuencia también han sido objeto de maltratos severos y vejaciones. En algunos casos, niñas de seis o siete años de edad han contado a sus nuevos padres que habían sido abusadas sexualmente a cambio de comida para sobrevivir y alimentar a sus hermanitos menores.