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Madres solteras en la Argentina

¿En la Argentina hay cada vez más madres solteras?

De acuerdo con la información más reciente acerca de la filiación de los niños nacidos vivos en la Argentina, cerca de la mitad de los que nacieron en 1995 son hijos “extramatrimonia-les” Eso quiere decir que han sido dados a luz por madres que no se encontraban casadas legalmente en el momento del nacimiento.
Este fenómeno evidencia una tendencia creciente en la última década, ya que la proporción de hijos ex-tramatrimoniales ha aumentado desde el 33 por ciento de los nacidos en 1985 al 46 por ciento de los nacidos diez años más tarde. Esta cifra coloca a la Argentina en los niveles más altos del mundo (y cercano al de Suecia) en lo que respecta a la proporción de niños nacidos de parejas no casadas.
Sin embargo, esta tendencia no está reflejando una mayor “preferencia” de las
mujeres por tener hijos fuera de una unión de convivencia con el padre sino un cambio en los patrones culturales vigentes acerca de la formación de uniones conyugales. En efecto, las madres que explican en mayor medida el aumento en la proporción de hijos ex-tramaritales no son las solteras, sino las que se encuentran conviviendo con su pareja en uniones que no han sido legitimadas ante el Registro Civil: las llamadas “uniones de hecho” o “uniones consensúales”

Ser madre soltera

Abandono y pérdida
Ser madre sola supone una experiencia que marca para toda la vida y donde se confirman “el abandono” y “la pérdida” como patrones vitales. Es una situación que coloca a la joven en estado de indefensión que, posiblemente, no haga otra cosa que confirmar otras “indefensiones primarias” de su historia.
En una madre soltera adolescente no suele haber casualidad sino causalidad que se muestra en esa circunstancia de su vida y que se relaciona con hechos reales o con fantasmas inconscientes: “buscar” (y encontrar) a un hombre que cumplirá a la perfección el horror del abandono y la pérdida. Hombre que, en este encuentro, también jugará aspectos inconscientes de su propia historia. Hombre que abandonará, tal vez, porque él mismo fue “hijo abandonado”.

Desorientación personal
Un sinnúmero de preguntas se agolpan en la cabeza de la joven que vive esta situación. Desde cómo resolver su nueva inclusión en el mundo, pasando por cómo solucionar las necesidades económicas de ella y de su hijo hasta cómo armar o rearmar su vida.
Sin lugar a dudas, las preguntas se multiplican sin solución de continuidad. Son muchas las cosas para resolver: el nuevo status social, la irrupción de un niño, los recursos, dejar lo anterior e instalarse en lo nuevo. Todo esto aparece como una catarata de emociones, sensaciones y pensamientos. ¿Cómo asumir las decisiones de una mujer si, a veces, lo vivido tiene que ver con las “travesuras” de una niña?
La posibilidad de gestar un hijo anuncia la madurez biológica de su cuerpo pero no su madurez emocional. Este es el punto donde se confunden las obligaciones de mujer con las posibilidades de niña. Frente a esta realidad el acompañamiento adulto resulta imprescindible. Proteger y ayudar a esta joven es comprender sus emociones encontradas y sus pensamientos que le plantean dilemas (situaciones sin solución posible).
Remontar una seguridad que se encuentra jaqueada es una forma de ayudar a bajar el alto monto de angustia, miedo y desconcierto. Tratar de que esa joven se sienta protegida es el inicio de un largo camino. Ayudarla a que esclarezca las razones conscientes y los motivos inconscientes que la ubicaron en esa experiencia es una tarea impostergable.

Madre adolescente

Madres adolescentes
Las adolescentes, un grupo muy importante entre las madres solteras, raramente forman un hogar independiene con el hijo cuando el padre no está presente. Imposibilitadas de mantener una familia debido a su juventud y falta de experiencia tanto vital como laboral, necesitan más que otras madres solas del apoyo de su familia de origen y, en general, permanecen con el bebé en el hogar de sus padres hasta completar su educación secundaria y obtener un empleo que les permita autonomía económica, o formar una familia independiente con el padre de su hijo o con una nueva pareja. En algunos casos, estas jóvenes son culpabilizadas y rechazadas por su medio familiar y deben buscar refugio en el hogar de otras familias que desean ayudarlas o en instituciones destinadas a dar albergue a las madres solteras y sus hijos hasta que ellas se encuentren en condiciones de trabajar para sostener una vida independiente.
La maternidad sin padre pega en forma más dura cuando el segmento social donde se verifica cuenta con menos recursos materiales. A medida que ascendemos en la pirámide social, las jóvenes tienen más apoyos materiales y asistencial lo que les permite ir encontrando formas de resolver la situación. Una red más grande protege a estas chicas y, tal vez, su futuro se encuentre menos comprometido.

Madres solteras

Todas han elegido o aceptado ser la única o la principal responsable de la enorme y comprometida tarea de brindar al hijo la atención y el sostén afectivo y material que todo niño necesita. En la mayoría de los casos, ello implica afrontar la “doble carga” doméstica y laboral en condiciones desventajosas, si se las compara con las madres trabajadoras que comparten esas responsabilidades con un marido o compañero con el que conviven.

¿A qué clase social pertenecen?
Los hogares monoparentales a cargo de una mujer “jefa de familia” se encuentran en constante aumento en las últimas décadas en prácticamente todos los países del mundo. Sin embargo, constituyen una categoría social sumamente heterogénea, que incluye a mujeres viudas (cada vez menos), separadas o divorciadas de uniones legales o consensúales (cada vez más) y a madres que nunca se han casado o convivido con los padres de sus hijos.
Algunas pertenecen a estratos sociales medios y altos, tienen un buen nivel de educación formal y una buena inserción laboral; otras se han criado en el seno de familias humildes, no han podido completar su escolaridad secundaria y disponen de un reducido espectro de oportunidades laborales para obtener un ingreso que les permita sostenerse a sí mismas y a sus retoños.
Hay quienes reciben apoyo económico del padre de sus hijos, pero un número creciente debe hacer frente sola a las necesidades del grupo familiar, ya que muchos hombres eluden su responsabilidad económica por los hijos que engendraron y otros no pueden afrontarla debido al desempleo o a los ingresos exiguos. Entre las jefas de familia sin un cónyuge varón hay una mayoría de mujeres maduras y las que tienen menos de 30 años son una minoría.
Sin embargo, las madres solteras constituyen un caso especial, pues en general son jóvenes y, en muchísimos casos, ni ellas ni sus pequeños conviven con el papá y tampoco reciben su apoyo económico, sino que se encuentran frente al abandono de un hombre que, hasta ayer, decía amarlas y ahora no desea siquiera conocer a su hijo.

Hijo Adoptivo

hijo adoptivo

Hablar de adopción es también saber cuál habrá de ser el acogimiento de la familia extensa a ese anhelo de ahijamiento de esta pareja. Por eso es que nos gustarla que desde el trabajo social se dé cuenta de la actitud de abuelos, tíos, primos y amigos, de cómo son los vínculos de la pareja.

Madre hijo

madre hijo

Con el Relato, se materializa la presencia de la Otra. En la vida cotidiana de la relación madre/hijo se instala la imagen de una madre duplicada que se torna siniestra para quien no esté preparada para soportar las características de esta relación.
A la adoptante le resulta difícil reconocer su lugar. No sabe dónde está ella y dónde la otra. Su hijo, que después del Relato se encuentra con ambas, acrecienta sus dificultades con preguntas.

Mamá

mamá

Mientras el niño no habla, propicia la unidad ilusoria que se rompe cuando aparece el lenguaje y comienza a nombrarla mamá. Esta palabra satisface su anhelo pero evoca a la Otra.
En nuestros días la intención conciente de engaño ha sido reemplazada por la obligación de “decir verdad”. La experiencia del Relato significa un Encuentro afectivo, emocional y cognitivo complejo.

Hijo

hijo

Se concreta la ilusión del hijo propio en una sociedad donde el tener es valorado. Los fantasmas quedan enrejados; la madre con el bebé en brazos va progresivamente de la separación a la unión y experimenta calma, gratitud, reparación. Se instala en el lugar de mamá, ocupa el rol, esto favorece la disminución de la impotencia, la descalificación y la debilidad subyacentes.

Maternidad

maternidad

Se mira en el espejo de la biológica pero desea ser una madre; en vez de soltarlo, desea retenerlo. Aspira a una sustitución: ocupar el lugar de la Otra, sor la madre biológica del bebé. Esto da lugar a fantasías de secuestro y robo y si el bebé ha sido comprado estas fantasías están doblemente justificadas.
El fin de la guarda trae la seguridad jurídica y marca un salto cualitativo. El adoptado pasa a ser hijo de ella. Desaparece la otra y los otros, los jueces, los psicólogos, los asistentes sociales. El hijo es de ella y los documentos así lo atestiguan.

Adopcion de bebes

adopcion de bebes

La interacción fuertemente emocional con el bebé se ve amenazada por un período de guarda que inscribe la relación madre/hijo en la modalidad “retener y soltar”. Se siente jaqueada desde su mundo interno y desde la ley. Enfrenta la desvalorización social por la imposibilidad de hacer un hijo propio y al mismo tiempo la exigencia de tener que ser mejor que el común de las madres.