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Educacion niño

Prepararlos para la vida
Un niño al que en su casa se le permite hacer todo lo que quiere, en forma indiscriminada, solo por no oírlo llorar, porque llegamos cansados del trabajo o por temor a que deje de querernos, tendrá -con certeza- dificultades para distinguir qué cosas se pueden y cuáles no. Será un chico maleducado, que crecerá creyendo que todo está permitido, y que los berrinches son la manera de conseguir lo que se desea. Sin embargo, aun cuando esto sea así en su casa, no tardará mucho en ampliar su mundo y en encontrarse con adultos que se comporten de otro modo. Esto puede ocurrir cuando visite a otras familias, cuando lo cuide una niñera o, en especial, cuando ingrese al colegio. Sin dudas, es en la etapa escolar cuando este tipo de educación tropieza con los mayores obstáculos. El chico no sabe distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, y eso le ocasiona dificultades para adaptarse e integrarse a otros grupos, ya que no siempre se encontrará con personas que le digan que sí a todo.
Estimular algunas acciones y desalentar otras forma parte del aprendizaje. Estas experiencias son, justamente, las que posibilitan a los niños desarrollar la capacidad para tolerar las frustraciones que la vida presenta a todos los seres humanos.

Educacion familiar

El no abre otros sí
Para muchos adultos, decir que no es sinónimo de un niño triste, y esto se les vuelve verdaderamente insoportable. Sin embargo, un “No” no significa dejar al pequeño sin posibilidades de satisfacción, sino ofrecerle otras opciones que quizá no había considerado. Un ejemplo nos ayudará a aclarar esta idea. Jugar con agua es una de las actividades de las que más disfrutan los pequeños, prácticamente sin excepción. Imaginemos una tarde soleada y a nuestro hijo entretenido con su pileta y sus tarritos. A quién se le puede ocurrir que este chiquito recibirá con alegría la noticia de que tiene que terminar su juego porque ha comenzado a refrescar. Pero este “no” a seguir jugando con el agua puede ser, sin embargo, un sí a jugar con masa en la mesita de su cuarto, al resguardo del frío. No se trata de un “no, porque no”, sino que responde a un motivo válido. Pero además, le estamos abriendo la posibilidad a otras actividades. Esto no, pero hay otras muchísimas cosas que sí puede hacer. Los límites le muestran al niño lo que no puede, pero también lo que sí está permitido.

Educacion padres

Miedo a decir que no
A nadie le gusta ser el malo de la película. Reconozcamos que decir que no a los niños no es de las cosas mejor recibidas por ellos. Por lo general, y sobre todo si se trata de los más chiquitos, suele desencadenar una catarata de berrinches poco agradables. Y cuando llegamos cansados, después de una ardua jornada laboral, lo que menos queremos es una casa alborotada por gritos y llantos. En apariencia, es más fácil decir sí que decir no. Por otra parte, muchos padres temen que si ponen límites sus hijos no los querrán de la misma manera. Entonces, dicen que sí cuando en realidad deberían (o quisieran) dar un no como respuesta.
Pero este clima hogareño que tanto anhelamos solo será posible si aprendemos a decir que no en el momento justo. Aunque eso requiera, muchas veces, hacer a un lado el cansancio, en pos de brindar a nuestros hijos las herramientas necesarias para crecer en forma saludable. Ser padres es una tarea de gran responsabilidad, que implica asumir las consecuencias que nuestras acciones provocan en nuestros hijos. Nadie nace sabiendo cómo ser papá o mamá, y tampoco existen fórmulas que lo enseñen. Sin embargo, lo que sí existe son pautas a la hora de brindar a los niños las condiciones que permitan su adecuado desarrollo. En cuanto al estilo, cada familia tendrá el propio. Y es importante que así sea, ya que es la única forma de garantizarnos que sea genuino y fiel a los valores que cultiva el grupo familiar.

Limites a los hijos

A muchos padres les cuesta decir a sus hijos que no. Pero contrariamente a lo que creen, y aunque suene contradictorio, el “no” tiene mucho de positivo. En un principio, cumple una función protectora frente a situaciones de peligro. Y más adelante, va marcando la diferencia entre lo que se puede y lo que no. Decirles que “no” es, entonces, una manera de demostrarles el amor que sentimos por ellos.

Una forma de cuidarlos
Los niños aprenden a conocer el mundo que los rodea por medio de la experimentación. Se acercan a los objetos, los tocan, se los llevan a la boca… Pero no distinguen todavía que algunos son peligrosos. Su naturaleza curiosa puede colocarlos en situaciones de riesgo: al alcance de enchufes, insecticidas, medicamentos, elementos cortantes, fuentes de calor… Es por eso que hay que estar atentos y velar por su seguridad.
Decirles que no es, en esta instancia, una forma de cuidarlos frente a los peligros, que por su corta edad aún desconocen. Y al mismo tiempo, una manera de transmitirles cómo cuidarse a sí mismos cuando crezcan. Hasta aquí, seguramente todos los padres estarán de acuerdo en que las lágrimas derramadas por los pequeños frente a un “No” bien valen la pena, si es para proteger su integridad física.

Dar el ejemplo

Lo más importante es predicar con el ejemplo
“No se puede exigir a un niño que realice una conducta determinada si no la ve re-flejada en sus propios padres.” Este es un principio básico de la educación que señala la psicóloga. Los niños disfrutan imitando las conductas paternas, les encanta observar y repetir, aunque no sepan exactamente qué
significa lo que hacen. La coherencia en nuestras actitudes es por eso un aspecto prioritario. No podemos decirles a nuestros hijos “Te dije mil veces que no grites”, mientras lo hacemos.

Hacer dormir al niño

Para dormir de un tirón
Uno de los momentos más temidos por los padres de niños “difíciles” es el de acostarlos. La mejor forma de proceder para inducirlos a un sueño tranquilo y reparador es la siguiente:
■ Por las noches hay que despedirse con alegría, transmitiendo que dormirse es una necesidad agradable y no un castigo.
■ Los rituales del beso de buenas noches, un cuento corto, arroparlos, alcanzarles su muñeco de peluche… son una buena ayuda.
■ Tratar al niño con cariño no significa ceder ante sus peticiones. Cuando hay que irse a la cama y dormir, no se debe hacer otra cosa. Así se lo debemos explicar, sin gritarle ni enojarnos con él. Mantener los horarios es otra medida acertada, aunque algún día se haga una excepción.                       ■ El pequeño debe saber que nosotros estaremos cerca por si nos necesita durante la noche; pero, asimismo, que cada uno tiene su cama y su habitación propias.

Niños porfiados

La edad terca empieza cerca del segundo año de vida
Alrededor de los dos años (algunos niños empiezan antes y otros más tarde), se inicia un período en el cual el pequeño empieza a dominar mejor el cuerpo. Además del reconocimiento de su propio esquema corporal, el niño adquiere nuevas habilidades motrices que le aportan gran placer. Entonces, “como el desarrollo motor permite desplazamientos en el espacio, es ahora cuando comienzan los conflictos sobre lo que los padres consideran una conducta apropiada”, afirma la psicóloga. Por otra parte, el niño ya maneja mejor el lenguaje y puede entender las intenciones de sus padres, así como valorar sus emociones. De esta manera, interioriza el conflicto entre lo que él quiere hacer y lo que sus padres le permiten.
Es en este momento cuando surge la crisis de oposición del pequeño, la llamada edad terca. Los principales motivos para oponerse son el deseo de autoafirmación, el uso de la incipiente libertad, el poder probar cómo reacciona el adulto ante lo malo y aprender cómo utilizar esta reacción, la defensa de su propio yo… En definitiva, una manera de conseguir seguridad.
Los padres deben actuar con calma (aunque parezca imposible), estableciendo los límites que consideren necesarios y sin ceder ante las rabietas o manifestaciones de ira. Una actitud tranquila, relajada y coherente es la mejor ayuda para un hijo.

Tener paciencia con los niños

Las batallas se ganan con paciencia y cariño
Los padres denominan difícil al chico que come mal, duerme poco o en forma irregular, no hay manera de vestirlo, reacciona ante la frustración con llantos ruidosos y excesivos, tiene accesos de cólera bruscos… Según la psicóloga Susana Soler, las exigencias de adaptación social, la impaciencia o el castigo intensifican el estrés del pequeño de tal manera que reaccionan mal.
Ante las dificultades en la educación de un pequeño “difícil”, los padres también deben controlar las reacciones. El resentimiento hacia el hijo por su conducta, así como los sentimientos de culpabilidad o impotencia originan un círculo vicioso que es muy complicado de romper.
Por lo tanto, se debe actuar con mucha paciencia y cariño, sin alterarse, pero con firmeza en las determinaciones. Algunos psicólogos aconsejan que, por ejemplo, en cuanto a la espinosa cuestión de tomar los alimentos, no se transmita al niño la ansiedad por que coma. El pequeño, a veces, usa la comida para llamar la atención. Es básico también que los chicos no confundan las horas de comida con. las horas de diversión. No es buena idea darles juguetes o ponerles la televisión para que coman. Y nunca se los debe forzar a que terminen todo el plato, ya que no es necesario ni efectivo.

El papel de la madre

Diferentes tipos de madres y sus respuestas
El papel de la madre durante el primer año de vida del niño resulta clave. Es necesario que se identifique con su hijo de tal manera que sepa lo que él siente y esté preparada para satisfacer todas sus necesidades afectivas básicas.
También es importante que la madre le dé al pequeño libertad suficiente para poder experimentar a sus anchas, ya que éste es un factor de gran influencia en un comportamiento más o menos irascible, inquieto o agresivo.
La psicóloga Susana Soler distingue diferentes tipos de madres que, con su carácter y actitudes, provocan distintos tipos de respuestas y conductas en sus niños.

Las que satisfacen las necesidades de sus hijos. Les permiten libertad de movimientos, los dejan hacer ruidos, jugar o estar tranquilos sin intervenir directamente, salvo que el niño lo solicite.

Están seguras de su comportamiento y no les importan los comentarios de terceros. Son comprensivas con las equivocaciones de sus hijos y en la educación, dan prioridad a los afectos. Sus hijos podrán madurar antes que los demás en cuanto a adaptación al medio, dominio del cuerpo y manejo de objetos.

Las rígidas y exigentes, tanto con el chico como consigo mismas. Tienen bastante confianza en sus capacidades, pero recurren con frecuencia a libros y consejos de los demás; se ajustan más a estos indicadores que a los que realmente necesita y está pidiendo el pequeño. Son mujeres muy activas, que se basan en teorías generales de educación. Los niños encontrarán dificultades en su relación con el mundo exterior y tenderán a retraerse pasivamente ante las frustraciones.

Las que carecen de espontaneidad. Lo que más les preocupa es ser eficaces y llevan a la práctica su objetivo de forma racional. En general, la comunicación con su hijo es mínima. Estos pequeños pueden tener algún conflicto con el control de los impulsos.

Las que buscan su interés. En este apartado se clasifican las madres que, en lugar de satisfacer las necesidades básicas de su hijo, responden a las suyas propias a través del niño. Este niño objeto tiende a una dependencia excesiva, así como también a una hostilidad encubierta.

Mala conducta en los niños

“Mi hija es muy difícil”, comenta con gesto preocupado Marta. Es una frase que se oye de vez en cuando no sólo a los padres, sino también a los abuelos, tíos… Pero al año y medio, ¿qué es lo que hace una nena para que se la considere así? “Es muy rebelde, no me hace caso, come mal, tiene ataques de furia… Realmente, no sabemos cómo tratarla”, explica su madre.

Buena o mala conducta, ¿está tan daro?
“Lo primero que deberíamos aclarar es qué se entiende por buena o mala conducta -aconseja Susana Soler, psicó-loga infantil-. Por ejemplo, si un niño está enojado o frustrado, puede ser que algunos padres sí le permitan la expresión de ese sentimiento y otros no. Del mismo modo, las formas de manifestar esa ira varían enormemente. También la influencia de terceras personas (abuelos, amigas que hacen comparaciones. ..) pueden provocar una contradicción entre lo que uno considera aceptable en los chicos y lo que creen los demás.”
Tampoco podemos olvidarnos de que, cuando el niño nace no tiene conceptos acerca de lo que es adecuado. “A través de la interacción familiar, de sus relaciones con la madre, en primer lugar, y con padres y hermanos, más tarde, va aprendiendo poco a poco lo que es bueno y malo, lo que se debe hacer o no. Además, se establece el deseo de querer realizarlo o no, interiorizando así distintas pautas de comportamiento. Dé esta manera, paulatinamente, va aprendiendo las consecuencias de sus acciones y a relacionarse con su medio”, señala la experta.
Teniendo en cuenta cada etapa evolutiva por la que pasa un niño, se puede establecer lo que se considera normal o anormal desde el punto de vista psicológico, y cómo intervenir en forma positiva.