Mal humor, apatía, bajo rendimiento
No obstante, los mayores riesgos de la dieta son psicológicos: donde primero se nota la desnutrición es en el cerebro. El hambre disminuye notablemente la capacidad de concentración y el rendimiento intelectual, y produce un estado de irritabilidad, mal humor, apatía, etcétera.
Una adolescente que siga una dieta hipocalórica (muy baja en calorías) puede pasarse el día entero pensando en la comida, hojeando libros de cocina o, incluso, cocinando suculentas recetas para el resto de la familia mientras ella se conforma con comer solamente una manzana.
El hambre puede hacer que se despierte en medio de la noche y termine asaltando la heladera y dándose un atracón. Algunos estudios realizados en voluntarios sanos han demostrado que todas estas conductas son síntomas de desnutrición.
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Con cada estirón se suele engordar
Casi nunca existe un motivo médico que justifique la dieta. Durante la pubertad, el crecimiento varía mucho de una persona a otra, pero es frecuente que antes de cada estirón haya unos meses en los que el cuerpo engorda y hasta pueda llegarse al sobrepeso. En los varones esto se puede reflejar en un aumento de los rollitos; y en las chicas, en un mayor cúmulo de grasa en las caderas o en las piernas.
Es difícil precisar hasta cuándo va a continuar el crecimiento en cada caso, pero el inicio de una dieta de adelgazamiento antes de llegar a la edad adulta puede terminar
reduciendo la estatura que el/la adolescente iba a alcanzar y originar, incluso, otras consecuencias más graves.
Algunas se aislan y se deprimen
Es en esta etapa en la que les resulta difícil sentirse bien con el propio cuerpo, por eso suelen caer en la falsa solución, en la trampa de la dieta: piensan que adelgazar será la panacea a todos sus males. Sin embargo, cuanto más adelgazan, más se obsesionan por perder peso, les cambia el humor, se deprimen o se aislan.
En general, la idea de iniciar una dieta suele estar influida por alguna compañera que hace régimen o, peor aún, por imitar a mamá o a la tía. Otras veces, la decisión se toma en grupo, y las chicas van a rivalizar por ver quién es capaz de perder más peso, una situación que puede conllevar un riesgo mayor.
Afortunadamente, la mayoría de las chicas que empieza una dieta la abandona a los pocos días o en unas semanas,
y tan sólo cuatro de cada cien adolescentes llegan a sufrir un trastorno de la conducta alimentaria. En otras ocasiones, insisten en decir que están a régimen, pero, en el fondo, se trata de una excusa para alimentarse caprichosamente: no prueban el pastel de carne, pero se atiborran de galletitas light, no comen pan, pero meriendan barritas dietéticas de chocolate, etcétera.
La obsesión por ser delgada (Tenemos que estar atentos)
A quién le llama la atención que una adolescente se ponga a dieta? Hoy en día es algo muy frecuente y, muchas veces, la decisión poco o nada tiene que ver con que esté delgada, normal (en su peso), gorda o rellenita. Algunos estudios han señalado que hasta el 75 por ciento de las chicas de 15 años han hecho dieta alguna vez en su vida o están a régimen en el momento actual.
La presión social y de los medios de comunicación para tener un cuerpo perfecto, la excesiva delgadez de muchas modelos famosas e, incluso, cierta exaltación de patologías como la anorexia o la bulimia favorecen el que las chicas adolescentes (y también los chicos, aunque en un porcentaje menor) vean la dieta como la solución a todos sus problemas y malestares.
¿Ya hay que hablarles de preservativos?
Cuando en la familia la educación sexual ha sido la adecuada en cada etapa, lo normal es que el tema surja de forma natural a esta edad, como una fase más de ese proceso. Si no ha sido así, puede resultar un poco más violento, pero es el mejor momento para hacerlo. La cuestión siempre debe ser tratada con responsabilidad y encaminada a prevenir prácticas de riesgo y embarazos no deseados.
Conductas autodestructivas
En algunos jóvenes, el caos resultante de la pérdida de sus padres biológicos, y sobre todo de su madre, pintamente con traumatismos psíquicos y físicos permítales, abusos y vejaciones posteriores, desnutrición y enfermedades, puede croar una situación dificil de superar. Una posible reacción es la negación, el desapego: otras veces, la agresión se vuelve hacia adentro en forma autodestructiva — como en Silvina. que se cortaba con vidrios y hoji-tas de afeitar, o como Jorgo, que continuamente amenazaba con suicidarse al sentirse abominable o inútil, no merecedor de la vida que tenía cuando sus compatriotas pasan hambre, cobarde por no hacer nada por ellos a sus (quince años…—. Otras veces los jóvenes se vuelven violentos, rompen cosas, amenazan con cuchillos a sus padres y retienen un poder sádico quo a la voz, los aterra y los deja desprotogidos. Las jóvenes pueden volverse promiscuas buscando, como otras jóvenes no necesariamente adoptivas, la cercanía afectiva que no son capaces de obtener sin erotizar una relación o el control aparento de una relación sexual como consecuencia de seducciones y abusos sexuales a los que han sido sometidas sin poder defenderse.
Sabemos que. los niños abandonados y/o sometidos a vejaciones reiteradas tienen altas probabilidades do ser abusados nuevamente, entre otras cosas por su conducta a veces sexualizada o provocadora, otras porque parecen buscar destructivamente las situaciones de peligro. El hecho de que estos niños se sientan traicionados por los adultos hace a menudo que tengan dificultades para crear nuevos lazos afectivos con otros adultos, lo cual significa un trabajo arduo para los padres adoptivos. Estas adopciones nunca pueden compararse con casos de hijos biológicos, en lo que hace a los recursos emocionales y prácticos que van a exigir de sus nuevos padres, la escuela y otros con quienes el niño se relaciona. La entrada al jardín de infantes, la incorporación de un nuevo hermano, la entrega a los cuidados de otras personas o. como es común en Noruega, el estar en casa solo después de la escuela a partir de los diez u once años deben verse en relación con la historia específica del niño. Vera Fahlberg señala el alto riesgo al que están expuestas justamente las muchachitas de doce o trece años cuando demasiado temprano son abandonadas a su propia responsabilidad, va que fácilmente pueden caer en malos ambientes justamente por sus experiencias anteriores o su poco afianzamiento en los lazos afectivos de la familia, Ciertos autores señalan que el establecimiento de lazos afectivos lleva por lo menos tantos años como el niño tenía al llegar a su nueva familia —es decir quo un niño adoptado a los seis años no se sentirá seguro de pertenecer a la familia antes de transcurridos otros seis años—. Estas son naturalmente afirmaciones discutibles pero que nos pueden ayudar a ver lo vulnerable de la situación emocional de la criatura. Muchas veces el sentimiento de pérdida de autoestima y el caos interno se reflejan en una confusión que naturalmente lleva a malos resultados escolares y a otras conductas in deseadas.
El nombre como símbolo de identidad
Ante el dolor que me causa el que ellos no sepan, que hayan perdido piezas importantísimas de su historia, sus familias, hermanos y muchas veces retazos de su inocencia tan tempranamente rota, me ayudo a mí misma buscando en el túnel de los ojos oscuros, siempre absortos, siempre demandándome una respuesta. Entonces lleno agujeros hablando de los nombres de ellos o de sus apellidos o del lugar de donde vienen.
“Silvina” es una joven que llegó a Noruega a los siete años siendo la mayor de tres hermanos, y luego de haber sido violada varias veces. Convencida de su mala calidad humana, de lo despreciable de su ser más profundo, se cortaba, se maltrataba y maltrataba a los demás de distintas maneras. Ee pudo contar quo. según el informe social, su padre se llamaba, digamos, “Silvio”, y que es muy común en muchos de nuestros países darle el nombre del padre al primogénito —y ella lo era—. Le cuento que seguramente su padre tenía una ilusión muy grande con ella, y que decidió darle algo para el importante: su propio nombre. Esta joven desafiante me escuchaba con humildad religiosa. Luego ella me pregunta sobre el significado do su segundo nombre, y también hablo del significado profundo de ese nombre, de los mitos que dieron lugar a su creación, de los países y religiones por los que el nombre ha viajado hasta llegar a ella, que tiene todas las cualidades positivas encerradas en sí misma. Los nombres y apellidos me permiten viajar con el adoptado y a veces con sus padres por el camino de los sentidos: hay llores perfumadas, coloridas, hay virtudes generosas, angelicales, de fortaleza. Recuerdo la emoción en una pareja de padres cuando les expliqué el significado del lugar de nacimiento de sus hijos que hacía mención a objetos preciosos, justamente como sus hijos lo eran para ellos. Es fascinante ver como padres tan correctos, tan formales a veces, tan noraegamente realistas, se dejan transportar por los olores tropicales, el olor a mango y guayaba, ¡y se van a casa a leer a García Márquez.
Adolescentes en busco de su identidad
En el transcurso de unas pocas semanas me derivaron tres casos bastantes similares de adolescentes mujeres de entre quince y diecisiete años. La mayoría eran “hermanas mayores” de una pareja de hermanos adoptados hacía unos diez años. Los síntomas eran similares: agresividad desmedida, desenfado, problemas escolares, algo de drogas, promiscuidad, institucionalización; algunas tenían además una muy mala relación con los padres. Inmediatamente otras derivaciones: un joven y una chica, hijos menores de una pareja de hermanos pero con problemas similares.
En algunos casos el o la joven desean explícitamente hablar con “una psicóloga latinoamericana”. Esto me conmueve, quizas apelando a mi omnipotencia, quizás a mi necesidad de reparar algo en estos chicos, con los que me siento emparentada por el origen y en deuda por las diferentes condiciones de vida que me tocaron. Una nena de cuatro años me preguntó en una sesión: “¿A vos también los malos te hicieron esas cosas cuando vos eras chica?”. Creo que con el solo hecho de mostrarme comprensiva y humana con ellos, de explicarles la situación de nuestro continente tan distinta al país donde ahora viven, de leer juntos el informe social y fantasearme en el pasado que arrojó primero a sus padres a la desesperanza y luego a ellos fuera de su país, se puede llegar a crear un lazo, una comunicación que va más alla de las palabras y donde ante los muchos espacios de historia desconocida de estos chicos yo les afirmo que “yo sé, yo entiendo, yo conozco” la realidad de sus padres y de ellos mismos. A voces son estas conversaciones sencillas de gran profundidad donde los jóvenes, casi siempre desenfadados, se muestran callados, a veces conmovidos, concentrados en las palabras que los vuelco sobre su propia historia que desconozco y que a la vez conozco profundamente.
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En 1897, Freud le escribió a Fliess haciendo mención del mito que se ocupa del nacimiento del héroe, y en 1899 inventó el nombre de lo que posteriormente, en 1909, sería la novela familiar. Marthe Robert se ocupó de significar estas fechas cuando estudió el origen de la novela y la novela del origen.
Los chicos pequeños crean su novela familiar mientras idealizan a sus padres puesto que dependen absolutamente de ellos para sobrevivir; paulatinamente descubren que hay otros padres y que los propios no son perfectos. de allí su decepción. Pero la fantasía los asiste, entonces inventan que son adoptivos y que sus verdaderos padres que imaginan nobles, reyes, heroicos, algún día llegarán para rescatarlos de las manos de quienes ahora los tienen a su cargo. Es el argumento de los cuentos de hadas y de multitud de novelas, amén de los grandes mitos: Moisés, Edipo, Amadís, los héroes que habiendo sido abandonados desde su infancia retornan para salvar a su pueblo.
No siempre resulta un trabajo sencillo desimbricar las complejas tramas que se arman y anudan entre estos nuevos y viejos enigmas, en torno a la adopción.
La institución adopción no deja de ser parte de las conflictivas de su época. Queda obviamente sometida y participa de las reglas, leyes y mecanismos que suponen las instituciones en este tiempo. Desde las burocracias, hasta las tecnologizaciones, atravesados por los mecanismos de corrupción (compra venta; tráfico).









