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¿Es demasiado chiquita para ir a un casamiento?

En principio, no hay inconveniente en que tu hija los acompañe. La mayoría de los restaurantes preparan un menú especial para los niños, los reúnen en la misma mesa e incluso cuentan con sillitas para ellos. Si deciden llevarla, no olviden respetar estos puntos: vestirla con un atuendo práctico que le permita moverse y jugar con comodidad (no debe estrenar zapatos ese día), y llevar otro de repuesto; procurar que haya dormido lo suficiente
(hay que acostarla un rato por la mañana o después de comer); no la obliguen a presenciar toda la ceremonia (si es una nena inquieta es mejor omitirla e ir directamente a la fiesta, o bien turnarse para esperar afuera con ella); y retirarse a tiempo: ante las primeras señales de cansancio, lo mejor es regresar a casa. Si la cosa se prolonga demasiado, es probable que la nena se aburra y lo pase mal (en cuyo caso, tampoco disfrutarán ustedes).

Regalos para las fiestas

Muñeco de peluche. Podemos recortarles un sencillo patrón con cabeza, brazos y piernas, y rellenarlo con goma espuma. Botones de colores, cintitas, un gorro y bufanda lo convertirán en el muñeco más alegre de la casa. Sólo le falta el nombre.

Una obra de arte. Pocas cosas les gustan tanto como pintar. Con acuarelas, crayones y pinceles pueden plasmar su idea más personal acerca del espíritu navideño. Si lo colocamos en un buen marco, estarán muy orgullosos de poder colgarlo en un lugar destacado de la casa.

A los chicos les fascinan los regalos

El arte de regalar

Es el momento de enseñarles que los mejores obsequios no siempre se encuentran en los negocios.

A todos los chicos les fascinan los regalos. El problema es que ellos no saben de precios y a más de uno le encantan los regalos caros. Nuestro papel es enseñarles a apreciar el esfuerzo, el trabajo, el tiempo y, sobre todo, el cariño que se pone en los obsequios caseros más que el dinero invertido en ellos.
A partir de cierta edad nuestros hijos se volverán muy sensibles a la publicidad y a la información que reciban en la tele, la calle, el colé… Es fácil que escuchen más veces expresiones como “está forrado”, “tiene un trabajo genial” o “la casa le costó un dineral…” que “tiene un gran corazón” o “es una excelente persona”. Por eso es complicado transmitirles valores que no tengan relación con la capacidad económica o el estatus social. Pronto discutirán en el recreo acerca de quién lleva los jeans más caros, tiene la casa más grande o el auto último modelo.
En estas fechas, mostrarles que los presentes más valiosos no cuestan ningún dinero es hacerlos conscientes de los pequeños detalles, de los buenos ratos, de la atención prestada y de la ilusión puesta en los obsequios sencillos.
¿Y por qué no animarlos a que preparen regalos para los que quieren? Con un poco de nuestra ayuda harán maravillas. Veamos algunos ejemplos: Portarretratos. Un marco, unos cuantos adornos y un tubo de pegamento. Lo llenamos de caracoles, algodones de colores, lentejuelas, recortes de revistas o bolitas de papel maché. Una foto del artista y ¡voilá! ya tenemos un precioso presente.

Las fiestas en familia

9- NECESITAMOS UN RESPIRO
Es más fácil llegar al día D contentas y radiantes si hemos reservado la tarde para un baño relajante, una mascarilla y una buena siesta en el sillón. Podemos mandar a papá y a los chicos a la plaza o a casa de la tía y desconectar el teléfono. Después de lidiar con todos los preparativos, una buena dosis de cuidados nos hará sentir como una estrella de cine durante la gran fiesta. Pintarse las uñas, aplicarnos una buena capa de crema hidratante en cara y cuerpo o ver una película de los años cincuenta… todo vale si nos hace dueñas absolutas de nuestro tiempo. Mínimo, tres horas.
10. ¡ ES HORA DE DISFRUTAR!
Llega el día señalado y ya no hay por qué seguir pendientes de que todo esté impecable. Tenemos que relajarnos y pasar una noche maravillosa en compañía de nuestros seres queridos. Y si se rompe algo, ya se recogerá al día siguiente. Es hora de olvidar todo lo que no hemos podido hacer y disfrutar de la deliciosa cena, el vino y la conversación.

TARJETAS NAVIDEÑAS


TARJETAS NAVIDEÑAS
No nos olvidemos de enviarlas a toda aquella gente que viva lejos o con quienes no nos comunicaremos para estas fiestas. Es un mensaje cálido que siempre es bien recibido. Tratemos de hacerlas todas juntas para hacer un solo trámite en el correo.
SOBRA EL ULTIMO ADORNO
Si corremos a la peluquería justo después de meter el pollo en el horno pueden pasar tres cosas: que el peluquero se encuentre demasiado creativo y tengamos que meter la cabeza en la ducha al regresar; que la peluquería rebose de mujeres con la misma idea que nosotras, o que, definitivamente, se nos queme el pollo. Pasando por el estilista un par de días antes estamos a tiempo para arreglar un peinado que no nos gusta y evitar una hora de espera.

Hacer las compras con los niños

LAS COMPRAS, CON CALMA
Conseguir los regalos para la familia dos días antes de la fiesta significa colas, carreras de negocio en negocio, codazos, ríos interminables de gente apurada y horas preciosas perdidas en pagar y salir de cada establecimiento. Los más previsores van comprando los regalos a lo largo del año. “¿Dónde vi yo aquel chal que le habría encantado a la abuela?”. Da lo mismo que falten meses para Navidad: cuando uno encuentra el regalo perfecto, se compra y se guarda hasta diciembre.
MENOS ES MAS
No perdamos el tiempo ahuecando los almohadones o vigilando la estabilidad de las velas. No es tan importante que la casa esté perfecta como que sus habitantes se encuentren cómodos y se sientan felices de poder disfrutar de ella. Mantener a los chicos encerrados en su habitación para que no estropeen los arreglos florales o convertir el living en un museo que se mira, pero no se toca es odioso. Unos cuantos adornos, colocados con cariño, transmiten mucho más que cualquier Pesebre con piezas antiguas, por muy bonito que sea.

En las Fiestas…

¿POR QUE NO PREGUNTAR?
¿Qué es peor, romperse la cabeza pensando en lo que puede gustar a la familia y meter la pata o preguntar directamente a todos los interesados? Puede ser que no contentemos a todo el mundo, pero, al menos, habremos despejado bastantes dudas después de hacer unas cuantas averiguaciones.
NADA DE EXPERIMENTOS
Resistamos la tentación de preparar esa receta exuberante para impresionar al comensal más exquisito; de lo contrario, corremos el riesgo de terminar haciendo un pedido a la parrilla más próxima. Un plato complicado que no hemos cocinado jamás puede convertirse en una pesadilla: los apuros, el horno que no funciona, ese ingrediente que no aparece, el soufflé que no se levanta…, total, un fracaso. Si queremos agasajar a nuestros invitados con un plato tradicional, podemos hacer uso de los menúes preparados por empresas de catering, restaurantes, rotiserías. Se acuerda el tipo de viandas, el número de invitados, la hora y listo. Todo perfecto sin sufrir ni un poquito.

En las fiestas navideñas

Organización, organización y organización. No hay nada más terrible que pretender hacerlo todo a la vez. Negocios que cierran, regalos que no llegan, visitas inesperadas… es fácil que, en el caos, la catástrofe espere detrás de la puerta. Con una lista de lo que queremos hacer y otra con lo que debemos comprar, dejando para el principio lo más trabajoso, tenemos la sartén por el mango. Así no olvidamos detalle y hacemos frente a los imprevistos.
PIDAMOS COLABORACIÓN
Las fiestas navideñas pueden convertirse en los doce trabajos de Hércules si una pretende cargar con todas las responsabilidades sola. Es más sencillo y más divertido que toda la familia se comprometa, cada uno en la medida de sus posibilidades. Hasta los más pequeños pueden encargarse de alguna tarea: decorar el arbolito, pintar las tarjetas, arreglar su cuarto… Los harán sentirse útiles y los mantendrán felizmente entretenidos.

Menú de fin de año

¿Problemas de menú?
Mientras todos saborean pollo, ensalada rusa, vitel tho-né, el chico revuelve su plato con el tenedor sin comer apenas un bocado. ¿Acaso tiene que gustarle lo mismo que a nosotros? Preparemos un menú alternativo a su gusto, no importa si es a base de ket-chup y papas fritas, ¡pero bien presentado!

Anecdotas en las fiestas familiares

No es el momento para enseñarles modales

“¡Qué hiciste!” La cena de Navidad no es la mejor ocasión para enseñarles modales. A todo el mundo le gusta presumir de hijos bien educados, pero enseñarles no significa amaestrarlos. Es una gran fiesta y lo ideal es que lo pasen muy bien.

Ponerse a su altura
Ser hijo único -y sobrino, nieto, ahijado, etc., en exclusiva-tiene grandes ventajas: todas las atenciones, muchos juguetes…, pero un inconveniente que, a veces, no compensa lo demás: el aburrimiento. Si nuestro hijo se encuentra rodeado de adultos, es normal que se le vayan las ganas de chachara y se muestre algo taciturno a medida que avance la fiesta. Una manera de animarlo es contar historias divertidas de cuando era más pequeño. Momentos que ya no recuerde, anécdotas que involucren a diferentes miembros de la familia. Lo divertirán, pero también le recordarán que está rodeado de gente que lo quiere de todo corazón.