Con el transcurso del tiempo hemos contruido una concepción teórica y una modalidad operativa de nuestra intervención profesional en adopción por el aprendizaje que nos dan las diversas situaciones que se nos presentan y/o la constatación en la teoría de diferentes vertientes y el asesoramiento directo de especialistas tales como Eva Giberti.
Cada una de nosotras pasó por distintas vivencias en relación con la adopción, por lo que le dedicamos un espacio importante en la discusión de criterios de trabajo y el compartir la movilización interna que produce el tema; también trabajamos para no quedar “pegadas” en los lugares que suelen ponernos como “la cigüeña”, o nos dicen “sos alguien más de nuestra familia”, “son burocráticas”, etc.
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Los grupos con postulantes
Desde el año 1993 incluimos en el Programa de Adopción el trabajo en grupo. La conformación de los grupos es heterogénea: mujeres solas, parejas que ya han adoptado (o tienen hijos biológicos) y aquellas que lo hacen por primera vez; formamos grupos de hasta 18 personas aproximadamente.
Se convoca a los postulantes a integrar el grupo en el trascurso del tiempo de espera; su participación es voluntaria (no es requisito para continuar inscripto); en general tienen predisposición para asistir.
La coordinación está realizada por 22 integrantes del Servicio Social; en función de las necesidades de cada grupo, se utilizan distintas técnicas de dinámica grupal y disparadores temáticos en los aspectos médicos, legales y psicológicos, para lo que invitamos a profesionales de cada especialidad.
Cada grupo ha tenido diferentes características, siendo notables los cambios que se producen en los participantes, ya que traen a las entrevistas vivencias personales o familiares que antes no podían abordar.
La incorporación del trabajo grupal en adopción, lo valoramos como un salto cualitativo en el programa ya que con cada evaluación recogemos información no sólo de los participantes sino también de nuestro accionar profesional.
En una estadística comparativa entre menores en guarda para adopción y aquellos que pasan por las Amas Externas se observa que la cantidad menores que ingresan a dicho Servicio es muy baja, ya que son sólo aquellos que se encuentran en situaciones especiales y están a disposición judicial; se trata de que el paso de los menores por dichas familias sea la más breve posible, cuidando así el aspecto afectivo y vincular tanto del menor como de la familia cuidadora.
Nuestro trabajo con los postulantes comienza con la apertura del legajo, el cual consta eje la documentación necesaria, la planilla de inscripción, los informes sociales y psicológico y de las Asesoras de Menores, y una síntesis de los temas abordados en cada una de las intervenciones del Servicio Social.
Desde la primera entrevista se acuerda la modalidad de trabajo y las posibilidades de nuestro Registro de Adoptantes; y se comienza a indagar sobre las expectativas y motivos de la adopción; también se acuerdan entrevistas periódicas con la asistente social que los atiende.
Durante el tiempo de espera de los postulantes, nos ocupamos de tratar con ellos sus expectativas, motivaciones, historias de vida de la familia, proyectos, dudas, situaciones laborales, sociales y económicas, su integración en diferentes ámbitos comunitarios, la esterilidad (si la hubiere) y los tratamientos médicos realizados, situaciones de otras posibilidades de adopción que hayan tenido. Es decir que durante ese tiempo de espera (que a veces es el eje de su preocupación) nuestro interés es crear un ámbito confiable donde se planteen todos las cuestiones sobre el tema; en varias situaciones sugerimos terapias; en otras, ámbitos de apoyo (donde pueda*! tratar temas puntuales que aparecen durante las entrevistas), y también sugerimos bibliografía para leer.
Hacemos hincapié en la preparación para hablar con el hijo de “su adopción” (“su verdad, su derecho a la identidad”). En algunas situaciones (pocas) hemos constatado que “no todas las familias atendidas han podido hablar con el hijo su situación de hijo adoptivo”.
Desde el año 1984 se implemento el Programa de Amas Externas (Servicio de Atención a Menores en vías de adopción), que son familias que se ofrecen en forma voluntaria, ad honorem, de las que se cuida su identificación para que no se entorpezca su tarea.
Con dichas familias tenemos entrevistas en todas las áreas (psicológica, social y legal) y se las prepara para esta tarea.
Las veces que hemos intervenido en “entregas directas” ha sido porque se produjo algún conflicto entre “las partes”, algún familiar o conocido no acordaba con la “entrega en adopción del menor en cuestión”; por lo tanto abordamos por separado la situación de la madre biológica y el niño, de la situación del matrimonio anotado como postulantes en Instituciones públicas (hospitales), privadas (sanatorios, clínicas, etc) y organismos no gubernamentales que “actúan de buena fe” (iglesias, asociaciones civiles, etc).
Hemos ido ajustando el Programa en cuanto a posibilidades de inscripción; desde su inicio (1977) se aceptaban inscripciones de todo el país; para nosotras era una situación muy extraña y se nos planteaban muchas dudas cuando a las familias adoptantes las conocíamos en el momento de la entrega en guarda, y posteriormente eran escasas las familias con las que teníamos comunicación.
En el año 1989 se limitó a las provincias patagónicas y desde el año 1994 sólo se inscriben familias de Bariloche y de las localidades de la Zona Andina.
Las principales causas de limitar la inscripción fueron el aumento de familias barilochenses que se inscribieron, la extensión de los plazos de espera, la disminución de menores en situación de adoptabilidad con intervención del Poder Judicial y además se priorizó la atención directa y periódica de los postulante
Como historia les cuento que en el período de los años 1980 y principios de 1990, nos encontrábamos con comentarios y supuestos tales como “en Bariloche es fácil adoptar”, “a Bariloche y su zona se va a esquiar y se vuelve con un bebé”, “cuando planificamos nuestras vacaciones elegimos Bariloche porque nos dijeron que aquí hay menores para adoptar”, “estamos de turismo, y de paso nos queremos inscribir”, “vengo a inscribir a un pariente o conocido”. Estos relatos aparecían en las entrevistas, especialmente en las épocas de “alta temporada”. Por nuestro trabajo pudimos constatar que dichos “comentarios y supuestos” coincidían con hechos reales en los que los involucrados cuidaban de no dar intervención al Registro de Adoptantes.
Además de la atención directa de los postulantes, nuestro interés siempre fue esclarecer en diferentes ámbitos nuestra postura de NO COINCIDIR con las entregas directas, ya que es muy difícil, en tales situaciones, determinar “la libre voluntad de la madre” y “el conocimiento previo entre la familia biológica y los adoptantes”, cuando ya es conocido que en la mayoría de estas situaciones hay “presiones sociales” y “ambas partes se conocen en los despachos de los escribanos y/o funcionarios”.
En San Carlos de Bariloche, actuamos directamente en adopción desde el Poder Judicial: el Departamento de Servicio Social, el Cuerpo Médico Forense (psicólogo), y las Asesorías de Menores e Incapaces y, desde la aprobación de la Ley 24.779/97, los Juzgados Civiles, ya que si bien se sancionó en la provincia de Río Negro la Ley de los Juzgados de Menores, éstos aún no se han implemen-tado.
Desde los hospitales (de Bariloche y de las otras localidades de la Zona Andina) intervienen los equipos de Servicio Social, psicólogos, Neonatología, Pediatría, quienes abordan la situación de la familia biológica, manteniendo entre ambas instituciones una comunicación y coordinación lo más fluida posible.
El tema de adopción, si bien es un programa que desarrollamos con interés y preocupación, no es nuestra única función, ya que el Departamento de Servicio Social interviene en los demás temas de familia en los fueros civiles, penales y ministerios públicos.
Yo creo que la feliz coincidencia de que yo esté acá entre ustedes, entre psicólogos, me lleva a reclamar en este ámbito un compromiso muy (irme no sólo desde el punto de vista terapéutico —cómo restañamos la sangre de las heridas de las personas lastimadas en todos los procesos irregulares de adopción—, sino también en cuanto a prevenir las monstruosidades que ocurren en nuestra sociedad. Yo les digo que no hay adopciones en la clase media, la gente de clase media no entrega a sus hijos, puede abandonarlos pero no los entrega, las adopciones en su gran mayoría —no sé en qué porcentaje, no somos capaces do hacer una estadística sobre estos temas— vienen de los hogares o de las madres muy pobres. El proceso que debe seguirse en el país para prevenir, es educación y educación con toda franqueza, derribar todos los mitos, no es posible que el trabajo apostólico de una monja se base sobre la pobreza de la gente. Lo mismo que las procesiones de San Cayetano: si el poder de las iglesias debe basarse sobre el pobrerío, sobre la capacidad do convocar a los pobres, yo creo que estamos fallando fundamentalmente, no es la sociedad que queremos seguramente y nos estamos traicionando nosotros mismos, en lo que ambicionamos tener. Hay que tener una voluntad Ierre a de cambio, debe cambiar la educación, debemos cambiar todos nuestros puntos de vista y hacer que en la sociedad haya cambios profundos, si no van a seguir los psicólogos restañando la sangre de las heridas provocadas por estas situaciones y además el mercado no debería ser éste. Muchas gracias.
Se imaginan… yo estoy diciendo exactamente lo contrario, estoy hablando de un poder judicial que funcione como la gente y estoy diciendo, además, para terminar, que todos estos delitos y atropellos cometidos contra los derechos de los niños en este país tienen consecuencias futuras para sus familias adoptantes, para los padres que son despojados de sus hijos y con consecuencias que pueden ser irreversibles para un niño, ustedes lo saben mucho mejor que yo porque son psicólogos. Todos estos atropellos quedan impunes porque la ley tiene algo muy bueno que es el secreto cuando se trata de cuestiones en las que están implicados menores para resguardar algo que es esencial; pero ese secreto se vuelve contra nosotros porque las cosas, al dejar de ser públicas y transcurridas en secreto, son secretos entre el Poder Judicial con la policía y con los organismos administrativos como la Secretaría de Menor y la Familia; en cualquier otra provincia transcurre en esos ámbitos en que penetrar nunca es fácil y encima se desafia un organismo de derechos humanos. “Traigan ustedes las pruebas, yo les admito pero no tengo instrumentos para revisar esto”. ¿Qué iba a pasar con este caso? Muy sencillo: estos papeles no iban a ser presentados jamás al juez, y hasta la mayoría de edad del niño entregado en adopción esta mujer podía ser chantajeada múltiples veces; se le hubiera pedido plata bajo la presión de que “todavía no está terminado, mira que tenemos los papeles firmados por vos, estás implicada en un caso, estamos todos implicados pero vos sos la más perdidosa”.
Para concluir rápidamente, dos ex participantes de nuestras Jornadas son abogados y en diciembre de este año también aparece una contadora rosarina en Resistencia un día domingo y me dice: “Vengo de parte del Movimiento Ecuménico de Rosario a pedir asesoramiento porque vengo a hacer una adopción”. Le digo: “Pero señora, viene un día domingo, ¿no puede esperar al lunes?” Me dice: “No, yo estoy en una circunstancia muy especial”. Para contarles resumidamente: en agosto del año pasado había asistido en Rosario a unas Jornadas sobre adopción… yo no sé si ustedes tuvieron participación en esas Jornadas, pero allí esta mujer conoció a Cárdenas, lo escuchó y conoció a una monja de Resistencia que fue a Rosario a estas Jornadas. Comentó que ella quería adoptar un chico; era una contadora pública de unos 45 años, soltera, que había decidido adoptar un chico y entonces se anotó en Rosario, y conversando, como se hace en todas estas Jornadas, le dijeron: “La hermana es directora de un hogar de menores en Resistencia y la nena que yo tengo ya tiene 17 años, me la consiguió la hermana; así que yo te presento a la hermana porque a lo mejor ella pueda hacer algo por vos”. En diciembre la llaman por teléfono y la monja le dice: “El chico que usted quería ya lo tengo; venga el domingo y hable con nuestra abogada”. Es una pareja de abogados jóvenes que asistió a todos nuestros cursos sobre derecho de familia, tienen todos los certificados que nuestra institución puede dar sobre cursos, congresos, etc. La abogada le dice: “Esto le va a costar por empezar $400 porque nosotros tenemos que ir a buscar al pequeño a una población ignota de Formosa y traerlo aquí y usted tiene que venir el domingo, el lunes no, no la vamos a atender.
Hay varios interesados y si usted no viene rápido no tiene oportunidad”. Vino el domingo, se fue a hablar con la abogada y la abogada le entregó los escritos judiciales que testimonian la entrega del niño frente al juez. No estaba firmada por el juez pero sí por los padres de la criatura; ella debería firmar la entrega del niño, o sea todo estaba preparado para que el lunes los abogados presentaran frente a la justicia estos papeles ya conformados por las partes. Solamente hacía falta la firma del juez; a ella le llamó la atención y yo le dije que no se metiera en esto. El lunes yo hice la denuncia ante la fiscalía de esta situación, el miércoles me llamó la jueza en turno y me dijo: “Mire, Sr. Ott, lo que usted me trae son fotocopias de papeles”. Le (figo: “Yo no puedo tener los originales, yo vine a hacer una denuncia para que ustedes investiguen”; me dice: “Sí, el caso es interesantísimo y yo le aseguro que éste es un caso que puede sentar precedentes, pero no tengo instrumentos para hacer una investigación, todo lo que usted pueda aportar a esta causa yo se lo recibo y lo incorporo”.









