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Terapeuta de una niña

Stefanie a pesar de ser una niña muy despierta y haber tomado un rol de madre ante su hermanita Elizabeth. presentaba conductas regresivas que desorientaban a sus padres. Entre otras cosas tenía miedo de dormir sola, y sólo lo bacín si el padre o la madre se acostaban a su lado. Sin objetos transicíonales que las hubiesen acompañado desde su primeros años me hacían sentir impotente ante lo que sentía como una infancia desolada. Al terminarla terapia, les regalé una cajita musical a cada una.
Los regalos del terapeuta al paciente son un Lana tabú, pero he tenido el privilegio de contar con la supervisión de. Momea Gydal, psicólogo sueca que entrega a los niños regalos llenos de simbolismo. Las cajitas musicales dieron mucha paz. a las niñas. Sus padres se sorprendieron, ya que no creían que a niñas “tan grandes” les gustara un juguete así. Internamente, tenía yo quizá la esperanza de haberles devuelto, reparadoramente, un pedacíto bueno de sus primeros años de vida, y quizá, de incluirme yo en ella.

Historias de adopciones

Elementos reparadores: Jesús, el angel de la guarda, nuestro idioma natal
Tanto Marta como Gustav y Johan habían sido adoptados por padres cristianos practicantes, lo cual es muy frecuente mitre los padres adoptivos noruegos (Botvar, 1994) y que se diferencian en bastantes aspectos del resto de los padres noruegos con quienes tengo contacto: son activos en la parroquia a la que pertenecen, tienen ideas definidas sobro los valores que quieren transmitir a sus lujos, son críticos de programas de televisión que muchos niños ven. le dan suma importancia al rol de la familia.
La madre de Marta, aunque muy afligida por las experiencias de la niña, me dijo: “Yo cree que desús ¡puso que Marta viniera a nosotros”. Con los ojos de la madre todavía fijos en mí. quedé perpleja unos segundos y luego espontánea y sinceramente le conteste a la madre que sí, que tenía razón, que si desús tenía que elegir ios iba a eligir justamente a ella y a su esposo, Esta respuesta se me ha vuelto más segura y cierta, con los años, y a voces lo digo directamente a los padres: “Dios quiso que ustedes fueran los verdaderos padres . Es que ante el horror de las experiencias de esta niñita. era difícil imaginarse una madre que pudiera apoyarla y comprenderla mejor, algo que. como se vio más tarde, estaba estrechamente ligado a que la madre había sido abusada sexualmente por un familiar.

Gustav y Johan luchaban por ganarse un lugar a ple-no en un hogar cálido, casi perfecto. Después de todo habían estado sucios (calificaban a su madre de ‘muy prolija” \sic\). habían robado y se sentían “ladrones”, habían vivido en la calle y el padre, muy formal, no se animaba a repetir en sesión los insultos de Gustav (la madre se atrevió a decirlo: “homosexual de m…”. “pene de porquería”). Las terapeutas rescataron los ataques verbales de Gustav a su padre como una manera de mostrarle cómo otros adultos lo habían tratado a él antes. Después de todo, su padre biológico lo había abandonado, y Gustav quizá tenía miedo de querer a este papá que también podría llegar a abandonarlo, dejándolo muy triste. Los padres entendieron rápidamente y contaron que, en efecto, los niños so preocupaban a veces cuando los padres discutían ya que algunos de sus compañeros de escuela atravesaban por una situación de divorcio.
En una de las sesiones, Gustav contaba que cuando quedaron solos Johan olía mal, y que el excusado/retrete que debían utilizar estaba afuera y era de tierra, y que una vez a la noche se les apareció un ángel. Los niños trataron de burlarse de esta situación, dibujando una caricatura, y diciendo que era un murciélago no un ángel. Pero la madre rescató la importancia de aquella vivencia, recordándolos que había tenido importancia para ellos. La terapeuta habló entonces de que pareciera que un ángel guardián los había cuidado y les había dado fuerzas para seguir adelante, para alegría de los padres que los tenían ahora. La coterapeuta leía en ese momento un libro sobre un ángel (pie so les apareció a prisioneras de los nazis durante la Segunda Guerra (Budaliget. 1943). Fue un momento de mucha fuerza emotiva.
Como Gustav y Johan me respondieron que acostumbraban a decir una oración antes de acostarse, les escribí en castellano yon noruego una que aprendí de pequeña:
Ángel de la guarda dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día.
Como cuando le decía palabras cariñosas en castellano a la muñeca que representaba a la “pequeña Marta” en las situaciones de juegos que ella dirigía, como terapeuta, y como latinoamericana con una historia mas afortunada que la de estos niños, quise, quizás omnipotentemente, “darles” (proveerles de) una experiencia positiva en nuestro idioma natal.

La terapia a unas niñas adoptadas

Stefanie y Elizabeth: ingreso a la terapia a partir de una mentira a medias
Stefanie y Elizabeth tenían ocho y cinco años en el momento de la consulta, y habían sido adoptadas de un país latinoamericano medio año antes. Las niñas habían sido retiradas de sus padres biológicos por falta de (andados, y antes de ser adoptadas habían vivido en un hogar de niños católico. Stefanie (andaba mucho a Elizabeth, y era evidente que había tenido una función maternal hacia esta hermana y otros hermanitos menores, quienes posiblemente habían quedado a cargo de su madre biológica. Las niñas fueron derivadas por una trabajadora social porque Stefanie, la mayor, había contado a su madre que un hombre, a cuyo cuidado sus padres las habían dejado en su país, se había abusado sexualmente de Elizabeth. Stefanie relató detalladamente cómo Elizabeth sangraba y lloraba, y que luego su padre biológico vino a buscarlas y se enojó con el hombre en cuestión. Elizabeth confirmaba la historia contada por su hermana.
Se decidió ver a las niñas juntas un par de veces antes de decidir una terapia. Ante la sospecha de (pie la mayor también podía haber sido abusada, sugerí a los padres que ambas niñas fueran chequeadas. La revisación médica hallo cicatrices genitales y anales indicando penetración en la niña mayor, pero no en la menor. Muy avergonzada, Stefanie contó a su madre que su padre biológico, y no otro hombre, era quien se había abusado repetidas voces de ella, poro no de su hermanita. Stefanie sentía vergüenza por lo que le había sucedido, y se sentía culpable por habernos mentido. Su madre, en cambio, estaba agradecida de saber la verdad para poder ayudarla, y trató de apoyar a Stefanie. Ante los hechos se decidió iniciar una terapia corta de doce horas con Stefanie. Ella se mostró reacia a venir sola, (pieria (pie su madre estuviera presento para no tener que hablar de lo que había pasado. En las sesiones Stefanie se mostró bastante agresiva con su hermana y conmigo, y muy dominante, queriendo llevarse juguetes a su casa y decidiendo sobre mí, al desafiarme para ver si yo podía contener toda la rabia que llevaba dentro y que la hacía sentir mala y sucia.

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Hijos de padres adoptivos

“Gustavo y Johan”: un enfoque vincular de apenas diecinueve sesiones
Gustavo y Juan —como se habían llamado antes— fueron adoptados a los tres y seis años de edad. Su madre los había abandonado un año y medio antes y habían sido cuidados por distintas personas que no se preocupaban mucho por ellos, de manera que vagabundeaban la mayor parte del día. Durante varios meses vivieron en la calle con un grujió de niños, robando comida y subiéndose a los trenes “para dar una vuelta”. Gustavo había cuidado todo el tiempo de su hermanito y, a diferencia de éste, todavía guardaba recuerdos de sus “primeros padres”.
Los niños habían sido adoptados por una pareja de profesionales cristianos, con una excelente relación entre ellos, pero algo confundidos acerca de su rol de padres. En los dos años y medio que los niños habían vivido con sus padres adoptivos, éstos habían tratado de poner claros límites, como se les había recomendado. El resultado fue que eran una mezcla de padres con “educadores de niños de la calle”, que iba en detrimento de la relación padres-hijos que añoraban construir. Llegaron a consulta muy preocupados porque el niño menor, Johan, de cinco años y medio, era extremadamente controlador. Los padres se sentían impotentes, y tenían miedo de que Johan desarrollara una personalidad psicopática.

El miedo a ser “devueltos” y Maradona campeón…En la primera entrevista vinieron los padres y Johan. El niño se mostraba retraído, no quería hablar y se mantuvo escuchando nuestra conversación al lado de su madre. Sus padres  aseguraron que querían ayudarlo, y al ver la mirada ansiosa de Johan ante los corredores largos, y la sala de juego con diván, me apresuré a decirle que éste era un instituto donde los niños y sus familias venían a conversar o jugar con nosotras cuando tenían problemas, y que todos volvían a su casa a dormir. “Ningún niño so queda a vivir aquí, esto diván os solo para sentarse”. le dije, asegurándole que éstos eran el papá y la mamá que iba a tener toda la vida. Johan se mostraba inquieto, poro logró calmarse un poco cuando le conté que yo venía de la Argentina y hablaba el mismo idioma que él había hablado antes de venir a Noruega. En seguida me preguntó si yo conocía a Maradona, y el contacto, aunque con cierto recelo, quedó hecho.
Antes de decidir  qué tipo de terapia ofrecerles, se les pidió a los padres que vinieran a una consulta con los dos niños, a pesar de que ellos no tenían problemas con Gustav, buen alumno, muy responsable y obediente. Al ver a Gustav me invadió) una sensación de angustia y pena: era un niño con una mirada muy triste, y parecía abrumado. También estaba muy receloso, y su madre me contó más tarde que ante esta primera visita había dicho resignado seguro que esas señoras van a decir que ya no podemos seguir viviendo con ustedes”, haciendo referencia a varias experiencias de cambio de hogares sustitutos en su país.
Una trabajadora social y yo como psicologa nos lanzamos a lo desconocido, y le ofrecimos a toda la familia una hora de terapia semanal, con la intención fundamental de que llegaran a conocerse mejor. Tomando como punto de partida el momento del primer encuentro, con relatos de los padres y dibujos espontáneos de los niños, fuimos armando parte del rompecabezas que constituye ahora parte de la historia común de toda la familia.
Al comienzo de la terapia Gustav siguió mostrándose reservado y algo incómodo ante las salidas “desvergonzadas e infantiles ” (sic) de Johan: tirar tiros incesantemente con una pistola de juguete, tirarse “cuetes” (cosa que avergonzaba a la madre), burlarse de mi colega y de mí y sobre todo hablar mucho de “caca”, “pis” y, mas tarde de “copulación” y “pene”. Lentamente Gustav se fue incorporando. Primero con un poco de ansiedad ante la pistola y el ruido que hacía, poro su madre le ayudaba a poner la cebita. Gustav también respondía a nuestras preguntas y dibujaba en forma espontánea, a veces cosas que tenían que ver con experiencias antes de la adopción. De todas maneras lo más importante eran las charlas que toda la familia tenia entre sesiones, a las que los padres hacían referencias.
En su casa mientras tanto la situación fue revirtiéndose: Johan se volvió más tranquilo y cariñoso, y no representaba ya un problema para sus padres, que consideraban su comportamiento como “normal para su edad’ . Gustav, por su parte, comenzó a hacerles frente a sus padres, explotando en rabietas y caprichos, cuando aquéllos iban contra su voluntad. Los padres eran conscientes de que esto era un avance para Gustav, y le aseguraban que lo querían. Se le señaló que ahora podían quererlo más porque él estaba mostrando aspectos que antes no conocían y que también eran parte de él. Antes Gustav no los había podido mostrar, por miedo a ser castigado por los mayores que habían sido malos con él. Además Gustav había tenido que cuidar de su hermanito —”que olía a caca”, según Gustav— y había tenido que morderse la rabia y el miedo, sin llorar, porque, como él contó, “Johan lloraba mucho, y dos no pueden llorar al mismo tiempo”. Ahora podía por fin mostrarnos todo lo que llevaba dentro.
A Gustav y a Johan les molestaba a veces la sobre-protección de sus padres, que se expresaba entre otras cosas en no dejarlos ver películas violentas —como las de las Tortugas Ninja—, no irse demasiado lejos de la casa, acostarse temprano. Todo esto estaba en acentuado contraste con la vida que los niños habían llevado en su país, cruzando avenidas enormes de tránsito fatal que aterrorizaron a sus padres a los dos y cuatro años, viviendo situacíones do violencia, vagando por las calles a cualquier hora, yendo a pasear ni cementerio, comiendo y durmiendo donde podían. El mayor de los hermanos contó en casa a sus padres antes de dormir un relato detallado de cómo su madre los había abandonado, y del dolor que los dos hermanos habían sentido entonces. Poco a poco, este niño retraído había comenzado a compartir con sus padres trozos de vida que ellos ignoraban.

“Hay que aprender a bancarse los viejos que le tocaron ”
Paralelamente con el cambio en los niños, los padres fueron dándose cuenta de qué difícil debe de haber sido para Gustav y -Johan de pronto haber tenido unos padres tan mojigatos y cuidadores, después de haber vivido solos o con muy poco cuidado. Sobre todo pensaban que debe de haber sido muy difícil para Gustav que ahora sus padres decidieran todo acerca de su hermanito a quien él antes había cuidado. Pero delante de los niños los padres fueron apoyados en ser como eran, y en mantener su forma de educar a los niños. “Qué van a hacer… quizá son un poco más estrictos y anticuados que otros, poro éstos son los padres que les tocaron para siempre, y van a sor abuelos de sus hijos…” Además se enfatizó que justamente ellos, que habían estado tan solos antes, debían ser ayudados a recuperar trozos perdidos de su niñez a través de mimos y cuidados aunque a veces a los padres se les fuera la mano… Esto nos dio pie para reírnos juntos muchas veces.
En una de las sesiones el padre contó que también su mamá había sido adoptada y había sufrido mucho. Se inició de esta manera un diálogo donde los padres compartieron con los niños aspectos de su propia historia, también como pareja sin posibilidad de concebir. Se fue completando un rompecabezas, y las terapeutas procuramos hilar los datos que fueron apareciendo, y darles un sentido.

Terapia a Marta

Material clínico Marta
Cuando Marta fue adoptada a los tres años de edad, no sabía jugar. El cuidado y la empatia de la madre, asi como su placer por jugar con su hijita. junio con la capacidad intelectual y la fantasía de Marta, pronto hicieron que la niña pudiera expresarse a travos del juego, las palabras y dibujos sencillos pero llenos de significado. Marta presentaba un juego repetitivo que llenaba de angustia a sus padres, y que ella jugaba varias veces por día en distintas circunstancias; el tema era, en breve, que la policía llegaba al orfelinato en busca de los niños. Marta instruía a sus padres en atacar a la policía imaginaria, y se divertía cuando el padre o la madre les “pegaban o pateaban”, y la niña (pieria que el juego ser repitiera una y otra vez. Marta recibía de esta manera muchas pruebas de que sus padres la querían y defendían, le daban contacto físico y la consolaban. Pero los padres quedaban agotados y angustiados, y presentaron esto como un problema, solicitando ayuda para que Marta pudiera jugar otros juegos.

Terapia breve psicodinamica
Los padres deseaban que Marta terminara la terapia para las vacaciones, un par de meses después, esperando comenzar una  nueva vida lo antes posible. Eran algo ambivalentes ante la idea de que Marta reviviera su pasado traumático en terapia. A Marta se le ofreció una terapia corta de 17 horas, durante dos meses y medio, Junto con mi supervisor, el psicólogo Svein Mossigo. consideramos como señal de que Marta había superado lo peor de sus vivencias el bocho de (pie olla comenzara a jugar otros juegos diferentes a la repetición de los abusos, tanto en la terapia como en la casa.
El idioma materno como elemento terapéutico Durante la primera conversación telefónica, la madre dejo aclarado que yo no tenía que hablar en castellano ya que Marta no quería escuchar su lengua materna, a la que solo asociaba experiencias negativas. Esto cambió poco a poco, hasta que Marta durante las sesiones, me pedía a veces que hablara o cantara en castellano. Fue ésta una pequeña conquista, ya que yo esperaba dentro mío que a Marta le fuesen devueltas – o creadas- experiencias positivas en su propio idioma que. como yo supongo, tuvo junto a su primera mama.
En la primera hora de terapia le pedí a Marta que dibujara el país de donde venia. Marta dibujó un gran círculo con muchas “ventanas”. Era el orfelinato. Yo le pedí que so dibujara a ella misma en una de las ventanas. Y le pregunté que veía desde su ventana: “un auto, con papá y mama que me vienen a buscar”, y me pidió que los dibujara. En otro dibujo, Marta me dibujó a mí en una de las ventanas. Kn oí ro me pidió que dibujara a la policía que venía hacía el orfelinato, entraba, y “los niños les decían que se fueran, pero ellos no se iban”. El hecho de que Marta dibujara ventanas fue visto como un hecho positivo: reafirma nuestra hipótesis de que Marta ha tenido experiencias positivas FUERA de las ventanas. Lo bueno quedó del lado de afuera de las ventanas, que es lo primero que ella recuerda cuando se le pregunta por su país. También nos pareció positivo (pie me dibujara a mí en una de las ventanas, al lado do la suya: es como si me dijera “está bien, puedes entrar en mis experiencias tristes y leas”.
De los dibujos Marta pasó rajadamente a jugaron la mesa de arena, y en la casita de muñecas, desplegando una fantasía rica y una capacidad de juego y creatividad notorias, y que pocas veces he visto en otros niños. De la microsfera, o juego a través de muñecos, Marta pasó a la macrosfera, o representación dramatizada a través del juego de roles, donde me instruyó para que yo representara a la mamá, ella a su hermana mayor (que habría tenido antes) y una muñeca a “Martita”, es decir, ella misma como bebé. El tema de los distintos juegos era más o menos el mismo: la policía venía, violaba a la mamá y la mataba. La mamá le encargaba a Ana, la hermana mayor, el cuidado de Martita, pero la policía lograba atraparla y la violaba. Marta me instruía en el juego, asignándome los roles y dictándome qué hacer.

Niños abandonados

Tanto como consecuencia de la persecución política como por la adopción y el abandono de sus padres los niños sufren la vergüenza social que surge del rechazo, la humillación y el maltrato de los que a menudo son víctimas. Otras situaciones traumáticas son naturalmente el hecho de ser testigo de destrucciones, guerra, pero sobre todo de haber experimentado personalmente maltratos físicos, psíquicos y sexuales. Otras veces los niños han sido testigos de que sus familiares más allegados han sido humillados y maltratados, lo cual en sí constituye un trauma. Este tipo de experiencias causa profundo dolor en los niños y los llena de desesperanza y confusión. Las reacciones de los niños ante estas situaciones traumáticas se pueden expresar de distinta forma. Por ejemplo:
• Conducta repetitiva a través del juego estereotipado, o a través de la reactuación del trauma en nuevos contextos sociales, por ejemplo en la escuela o el jardín de infantes, lo cual puede darle al juego un aspecto violento, o hacerlo tan rígido en su forma que otros niños se asustan y no quieren o no pueden participar.
• Negación de las pérdidas o vivencias traumáticas, no reconociendo haber sufrido experiencias, abusos o necesidades extremadamente asustantes o degradantes, una defensa observada también en niños que han vivido abusos sexuales, por ejemplo (Christie & Borchrevink, 1991).
• Aislamiento, inhibición, depresión, conducta aprehensiva. A menudo este tipo de reacciones no llaman tanto la atención como cuando hay conducta agresiva, o que molesta a los demás, listos niños pueden ser fácilmente olvidados, y dejados solos con sus experiencias traumáticas.
• Actuaciones agresivas, lo que aumenta el peligro de ser castigados físicamente y/o discriminados, como en el caso de niños extranjeros en Noruega, quienes al mostrarse agresivos son doblemente discriminados, dando lugar a un círculo vicioso.
• Pensamiento mágico y autoatribución: el niño se siente culpable por lo que ha sucedido, atribuyéndose la responsabilidad.
• Reacciones psicosomáticas, en forma de dolor de cabeza, dolores de estómago, falta de apetito, problemas del sueño.
• Conducta regresiva: el niño se vuelve dependiente, muestra comportamientos correspondientes a etapas del desarrollo ya superadas.
• Cuadros de angustia, fobias” los niños tienen miedo de situaciones o personas que les recuerdan las situaciones traumáticas.
• Conductas sociales: hurtos, contacto con grupos criminales, agresión desmedida.
• Rendimiento escolar pobre: falta de concentración, dificultades con el idioma, algunos no han ido a la escuela o han ido pocos años, lo cual los pono en una situación de inferioridad con respecto a sus compañeros.
Esta comprensión está extraída de la teoría existente sobre traumas, por lo tanto sirvo para todos los niños, también para aquellos que han experimentado otro tipo de traumas que los que tratamos en este artículo, como por ejemplo niños que han vivido un accidente, la muerte de un familiar, una enfermedad grave, etc. Pero lo que caracteriza a ciertos niños refugiados y adoptados es la concentración de pérdidas y violencia que, como sabemos, tiene una tendencia a crear dificultades en los niños. Eas reacciones que los niños presentan, por lo tanto, tienen validez general, y las podemos encontrar en todos los niños ya sean adoptados, refugiados o no.

Niños refugiados

El pasado traumático de niños refugiados y adoptados: algunos paralelos
Desde un enfoque en la situación de los niños refugiados por situaciones de guerra y de persecusión vemos que hay muchos paralelos mitre niños adoptados y niños refugiados. En efecto, la literatura sobre niños víctimas de la represión política, y el trabajo clínico con (dios y sus padres muestran que a menudo han sido víctimas de serios traumas, directa e indirectamente (Carli, 1992, 199b, 1997; Colín, 1983: Gustaffson, 1989). Las experiencias de estos niños, así como la de los niños adoptados, están caracterizadas por pérdidas emocionales y materiales masivas. Estas incluyen la pérdida de personas significativas debido a la muerte, desaparición y encarcelamiento de uno o ambos padres, otros familiares y a veces la ubicación del niño en un orfelinato o la adopción. Además de pérdidas en la constelación familiar, los niños experimentan pérdidas materiales de objetos, animales o lugares de importancia para ellos. Muchos niños deben abandonar un status favorable en la familia, la escuela o incluso en un orfelinato como causa de la adopción y la mudanza forzada a otro país.

La violencia

En la Argentina, mi país de origen, hay cientos de niños desaparecidos luego de que la policía y los militares mataron a sus padres. Los niños fueron vendidos, dados en adopción, abandonados en orfelinatos, o muertos. ¿Quién sabe cuántos niños han tenido el mismo destino que “Marta”? La idea de que esto fuera real, de que a Marta le hubiera sido robada la posibilidad de crecer junto a sus padres biológicos, me impresionó mucho. De pronto fue como si todo se volviese más cercano, como si uno de los tantos niños cuyas fotograbas cuelgan de las paredes de la oficina de las Abuelas de Plaza de Mayo estuviera en mi oficina de Oslo. Sabemos por otra parte (pie el secuestro y la entrega en adopción de niños hijos de disidentes también ha sido utilizado en otros países, existiendo documentaciones extensas sobre casos de Alemania Oriental (Richter, 1991).
El psicoanalista uruguayo Marcelo Vinar precisa que no son los individuos afectados por la tortura y la persecusión en nuestros países los que están enfermos, sino todo el tejido social (Vinar, 1991). La violencia e injusticia social que en nuestros países ha causado víctimas de la represión es la misma injusticia social, causante de que haya en estos momentos entre 30 y 40 millones de niños de la calle solamente en nuestro continente americano (Hundeide, 1991). La corrupción y el tráfico humano hace que se vendan y compren niños, existiendo buenas posibilidades de ganancias para los implicados (Giberti. 1991). Durante la explosión del volcán Armero, en Colombia, a mediados de los años ochenta, fue registrado el secuestro y acaparamiento de niños pequeños para su posterior venta (Arias, 1994). Aprovechándose del éxodo de familias enteras, y a veces de la desaparición de sus padres, hubo cafetaleros ipie encerraron a los niños esperando que fueran dados por muertos para así venderlos. El tráfico de órganos infantiles es también uno de los horrores que tienen lugar en nuestro continente (Martin Medem. 1991; Selmer, 1992).

La violacion

Encuentro con una niñita violada por la policía

Uno de mis primeros encuentros clínicos con una niñita latinomericana adoptada fue con quien llamaré “Marta”. Los padres adoptivos, una pareja joven, creyeron adoptar a una criatura de un año y medio o dos, pero cuando recogieron a Marta en su país de origen olla tenía aproximadamente tres años y medio. Marta estaba seriamente desnutrida y parecía una niña menor. Los documentos decían que tenía dos años, pero esto fue desmentido más tarde en Noruega por un examen medico. Vanos aspectos hicieron que la madre sospechara tempranamente de que Marta había sido abusada sexualmente: las primeras noches Marta tenía pesadillas, gritaba “no, no” y se cubría los genitales. También rechazaba todo contacto con su padre. Además, cuando los padres (pusieron llevar a Marta a despedirse del personal del orfelinato, la niña reaccionó con desesperación al acercarse al edificio. De regreso en Oslo, las sospechas de los padres fueron corroboradas por un equipo especializado en diagnósticos de abuso sexual en niños. Se constataron transformaciones genitales y de caries debido a los abusos. Marta hablaba poquísimas palabras sueltas al llegar a Noruega. No se sabe cuánto tiempo había vivido en un orfelinato, donde, nos contó, estaba .sentada en la cama con la luz apagada la mayor parte del tiempo. No había juegos ni canciones, y la sopa escasa y el poco ejercicio le causaron una desnutrición y una debilidad muscular que felizmente pronto fueron superadas.
El cariño y la dedicación de su madre, una mujer joven y de gran intuición, hicieron que Marta se desarrollara en forma tan asombrosa que hasta mis compañeros de trabajo notaban la diferencia de sólo verla en la sala de espera de sesión a sesión. Marta aprendió noruego rápidamente, y fue capaz de contarles a sus padres —con apenas cuatro años— que había sido violada por policías que periódicamente venían al orfelinato y también le sacaban fotografías. Más tarde, durante la terapia. Marta contó que la policía había violado y matado a su madre biológica, a quien yo llamo “la primera mamá” para diferenciarla de “la mamá (adoptiva)”, Como terapeuta tuve fantasías do que esto pudiera sor cierto. ¿Quizás eran sus padres miembros de la oposición, jóvenes relacionados con una organización de izquierda’? Las fantasías de Marta acerca de su primera mamá como una persona cariñosa y preocupada por su hijita. hicieron que mi supervisor y yo pensásemos que ella había tenido una “buena madre”. Habiendo pocos y equivocados datos sobre su llegada al orfelinato, el padre asumía que fue la policía quien posiblemente la bahía robado a “gente bien”, ya que Marta tenía tan buenas maneras —doblaba su ropa cuidadosamente y era muy delicada para comer—y sobre todo porque era tan cariñosa con (dios. Los padres también creían, como Marta, que sus primeros padres debían haber sido buenas personas. El padre creía también que el orfelinato ora responsable de la desnutrición que la niña presento al llegar. Estas especulaciones de los padres, reales o no, sirvieron para afianzar, a mi modo de ver. su nuiv buena relación con la niña, y quizá también como consuelo de que. después de todo, la hijita no estaba tan dañada: había un pasado, un fondo bueno que los reparaba a todos.

Como adoptar un niño

como adoptar un nino

Nuestra tarea consiste en crear un lugar de contención para las necesidades que evidencian, por una parte la madre biológica y su niño, y por otra los futuros adoptantes, sin involucrarnos en los intentos de alianzas afectivas que pueden sufrir de un lado o del otro.
Consideramos que aún falta una discusión y puesta en común en nuestra institución (Justicia) sobre ADOPCIÓN; ya que son distintos los criterios con los que se trabaja, muchas veces nos sentimos en una tarea “solitaria”, en “actitudes de Quijotes en algunos conflictos que intervenimos”. Lo cual nos conduce a una permanente revisión de nuestras técnicas.
Por eso entendemos que la adopción es uno de los temas sociales que aún tiene que ser abordado en profundidad, ya que si la encuadramos en “el encuentro de necesidades” que merecen una predisposición específica para dar una satisfacción más adecuada al menor en cuestión, a la madre o familia biológica y a los padres adoptantes, son muchos los cambios sociales que falta producir.