Por último, el tema de la clonación. No es casual que tengamos dificultad en abordarlo, pues hoy representa la idea paradigmática de “sin frontera-sin límite”, infinitas puertas se abren en forma irreversible por esta línea de fuga, que excluye definitivamente la escena primaria (es decir, el coito parental, la diferencia de sexos y generaciones).
Desde el punto de vista psicoanalítico reúne la temática del doble, relacionada en Freud y en la literatura fantástica, con lo siniestro.
Encarna lo ominoso que emana de la omnipotencia de las ideas, de la inmediata realización de deseos, de las ocultas fuerzas nefastas o del retorno de los muertos.
Los genetistas trabajan con vegetales o animales con el criterio de mejoramiento de la especie. Esta técnica, utilizada en seres humanos, puede derivar en conductas eugénicas. Al duplicar “lo mejor”, la clonación parece ir en contra de lo diferente. ¿Será una expresión científica de la intolerancia, un proyecto megalomaníaco y narcisista?
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Es interesante destacar que en los relatos se los suele designar como si se tratara de bebés: resultado y exponente de la ambigüedad de su status que no reconoce una categoría propia, son también manifestaciones del imaginario colectivo. Trasuntan la idea de un ser humano microscópico, liliputiense, dotado de alma. Su destrucción es, por lo tanto, considerada un genocidio, una matanza de inocentes al estilo herodiano, más aberrante aún por tratarse de pre-criaturas. La apelación a su “adopción” (designación con la que discrepamos) los imaginariza como hijos sumamente anhelados y luego abandonados en el frío…
Citamos un diálogo imaginario de un producto de NTR (embrión congelado) con un terapeuta: “Usted se preguntará qué me atormenta… no lo sé. Me siento un artificio de la técnica, un producto del mercado, qué sé yo. Mi madre todopoderosa es la procreación artificial, me concibieron en una probeta y lo más difícil para mí ha sido el contacto humano. Quizás ese vacío interno sea el producto de un largo deambular como embrión huérfano. ¡Qué extraño encontrar un útero que me acepte! Pero lo asombroso es que esas historias que acaecieron cuando yo ni siquiera existía como persona tengan influencia sobre mí”. (“Destino de los pasajeros del frío”, B. de Mendilaharzu-Pachuk).
En la actualidad, el tema de los embriones congelados condensa algunas de las cuestiones problemáticas que trabajamos, puesto que se trata de una nueva categoría de status incierto, que supone una fantasmal especie paralela: no nacidos-no muertos.
La eliminación de 3.000 embriones en Inglaterra el 10 de agosto de 1996, desató una gran cantidad de noticias periodísticas y largas polémicas en torno a la cualidad de “seres vivos” de los embriones criopreservados, centradas en la cuestión filosófica del inicio de la vida, que determina a la vez la legitimidad o no de su destrucción.
Planteo en el que intervienen, entre otras, razones de orden práctico y económico. Si no se fija un límite de tiempo se puede imaginar una superpoblación de embriones congelados.
Fertilidad asistida y adopción
Nos limitaremos a plantear ciertas correspondencias entre estas dos líneas de filiación, relacionando el tema que venimos profundizando con el que constituye el núcleo de estas Jornadas.
Si, tal como lo postuló P. Aulagnier, el Yo es un aprendiz de historiador, podemos suponer que en el rastreo de sus raíces, ambos: adoptivos y productos de NTR, quedan parasitados por el origen, el cual puede convertirse en “arena en los ojos” (Gaspari, R. y otros) con el riesgo de que todo el investimiento psíquico de estos sujetos y su relación con el mundo pase por develar ese adjetivo (hijo adoptivo, hijo de la ciencia) que sustantiviza su origen: soy un adoptado, soy un embrión congelado, soy un clonado. ¿Será ésa la inscripción cultural que el contrato narcisista les adjudica y de la cual no podrán sustraerse? O, por el contrario, ¿puede el imaginario social albergar estas nuevas formas de filiación, en especial los hijos de la ciencia, sin ejercer discriminación?
Sin embargo debemos diferenciarlas, ya que, si bien la adopción puede ser un acontecimiento en la historia familiar o del sujeto, no lo es en el imaginario social, donde está en el orden de la invariancia como una institución tradicional. También conserva el paradigma de la escena primaria, y el cuerpo de la madre como sustrato de la contigüidad biológica.
Nos preguntamos desde el psicoanálisis por el destino de aquellas parejas que han pasado (exitosamente o no) por estas técnicas: ¿son productoras de iatrogenia? ¿Cuál es su impacto en la fantasmática del vínculo? Y también: ¿qué modificaciones operará en el sujeto psíquico? ¿Cuál será la relación entre la madre y su discurso con esta particular “sombra hablada”? ¿Surgirá un nuevo ser con características muy diferentes o se resignificará este origen desde las estructuras habituales?
Para finalizar esta introducción queremos señalar que, como el conjunto de nuestro pensamiento heredado se configura en base a la imposibilidad de inscribir lo radicalmente nuevo, los contemporáneos solemos forcluir lo inédito, renegando de nuestra percepción.
Si no generamos otra producción de sentido, al estallar las certezas constitutivas el acontecimiento se torna en catástrofe, desbordando el tejido social.
Quizá debiéramos escuchar el murmullo del inconsciente en los textos literarios:
“¿Les cuesta admitir un sistema de reproducción de vida tan mecánico y artificial? Recuerden que, en nuestra incapacidad de ver, los movimientos del prestidigitador se convierten en magia” (A. Bioy Casares, La invención de Morel).
Y, en paralelo, el pasaje de los bancos de esperma a los bancos de embriones congelados y a los posibles bancos de clonados, reservónos de material humano cuyo status es de difícil tramitación para el psiquismo, y hasta para el Derecho, lo que los hace pasibles de ingresar rápidamente en la categoría de lo siniestro o de lo ilegítimo.
Respecto de la encrucijada entre fertilidad asistida y adopción podemos señalar que existe cierta correspondencia en los casos de alquiler de vientres e IAD (Inseminación con semen de donante) y las “madres excluidas” (Eva Giberti) que hacen entrega de sus hijos en la adopción, pues en ambas circunstancias se pasa del linaje genético y gestacional al social.
La velocidad con la que se suscitan los nuevos avances, constituye otra fuente de desconcierto. Lo que ayer parecía una revolución (fertilización homologa in vitro) hoy es reemplazado por una nueva problemática que ocupa el foro de la ética. Así por ejemplo, el debate en torno a los embriones congelados pierde relevancia cuando la “producción” de la oveja Dolly (y sucesivas) da pie a pensar que la fantasía va a la zaga con respecto a lo que nos ofrecerá la realidad en los próximos años.
Esto conlleva la idea de una doble escalada: -Inseminación homologa: fuera de la escena primaria.
-In vitro: fuera de la escena primaria y del cuerpo.
-Clonación: fuera de la escena primaria, del cuerpo y de toda reproducción sexuada
El desafío que nos plantea la fertilidad asistida es construir recursos para pensar lo impensable, lo inédito, aquello que no tiene precedentes en la historia porque no se asemeja a nada que haya existido.
Según su definición, las NTR1 tienen como finalidad colaborar o reemplazar los pasos naturales del proceso de reproducción. El significante reemplazar, como atractor caótico, nos lanza fuera del lugar de origen: la escena primaria. Así, la sexualidad, el circuito generacional y el cuerpo de la madre, se transforman en líneas de fuga (Deleuze) del paradigma clásico. En el contexto de fin de milenio, del cual no queremos transmitir una visión apocalíptica, la alianza entre el mundo fantasmático y la tecnociencia emparenta la fertilidad asistida con la diversidad de géneros. A los tradicionales femenino y masculino se agrega el acercamiento al género único —transexual—y la resignificación cultural de la homosexualidad y el travestismo que abandonan la clandestinidad y emergen como otras legalidades. Esto conlleva a múltiples configuraciones de la familia actual coexistentes con los criterios conservadores que se trasuntan en la denominación “lo familia” (Eva Giberti). Asistimos entonces al pasaje del mundo binario de la modernidad al universo fragmentado de la llamada posmodernidad.
Como las NTR son una realidad en sí, cabría interrogarse por el lugar del analista y la ideología en estos tratamientos y la influencia que tienen en la mente del médico y sus pacientes. También nos preguntamos si los terapeutas pueden seguir el ritmo acelerado del avance tecnológico o bien si se abre una grieta insalvable entre la tecnología y la psicoterapia. Además, la somatización del tema (somatización inducida, según Tort) parece generar una brecha para el psicólogo, que queda fuera de la escena médica.
Hasta acá, podríamos decir que si algo caracteriza nuestra consulta actualmente es la heterogeneidad, la diferencia. Esta clínica nos apela para pensar en las singularidades, en los antidogmatismos, en un trabajo de confrontación teórico-clínico. Lo diverso, lo heterogéneo de la demanda se une a un requerimiento constante de trabajo que nos lleva como analistas a hacer trabajar nuestros fundamentos y replantearnos nuevas líneas de abordaje. Lo diverso queda potencializado, aumentado, a partir de las diferentes propuestas que el mercado ofrece como alternativas. La cualidad de infertilidad aplicada a un hombre, a una mujer, a un vínculo, acepta múltiples posibilidades, no sólo en cuanto a su acepción, sino en cuanto a su posible solución, ¿Será infértil quien no pueda gestar un niño, aunque sí pueda llevarlo en su vientre? Se es infértil así, en las distintas etapas del acto reproductivo y en diferentes relaciones. Paradójicamente se puede decir que un bebé de probeta nace de una pareja infértil. Hacen falta cada vez más términos y más aclaraciones para poder arribar a un código común.
La vivencia del hijo-salvador que no pudieron concebir parecería quedar clausurada para imponerse velozmente la dinámica y el empuje en aras de agilizar los trámites que garanticen la presencia del adoptivo; pienso que es un intento de preservarse de sentir el dolor que les produjo el fracaso de la fertilización asistida.









