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La tortícolis muscular congénita

La tortícolis muscular congénita se debe a que el músculo esternocleidomastoideo, que es el que une el cráneo con la parte anterior del tronco, sufre una sustitución de las fibras de tejido muscular normal por un tejido fibroso que no tiene la elasticidad del tejido muscular y tiene tendencia a retraerse, de forma que el músculo se acorta y provoca que la cabeza se ladee.
Este cambio de fibras está provocado por unas lesiones que se producen cuando el feto está todavía en el útero de la madre. El tratamiento adecuado es la fisioterapia o rehabilitación: unos ejercicios de estiramiento realizados por personal especializado que permiten al niño recuperar la normalidad en pocas semanas.

Diarrea aguda en los niños

Es habitual que tenga diarrea:
La diarrea aguda en los niños es una enfermedad muy frecuente. El intestino inflamado tiene capacidad de regenerarse por sí mismo a condición de que lo dejemos en reposo unas cuantas horas. Por ello es aconsejable que en las primeras 24-36 horas de diarrea de un niño no le forcemos a comer y, en cambio, le ofrezcamos líquidos con azúcares y sales minerales, tales como las soluciones de rehidratación.

La otitis en los niños

A todos los chicos les duelen los oídos en algún momento de su vida, especialmente en los primeros años.

Es una autentica tortura, no sólo para el chico, también para nosotros”, comenta una lectora de nuestra revista. Desde los seis meses, su hijo Nicolás, de dos años y medio, tiene una otitis tras otra. “Ahora mismo estamos pasando por la octava”, dice. Como él, muchos chiquitos padecen frecuentes dolores de oídos. Veamos en qué consiste este trastorno.
¿Qué es una otitis?
El término “otitis” significa ‘inflamación’. Por lo tanto, cuando el niño está afectado por dolor de oídos puede tener sólo inflamación o inflamación e infección a la vez. Lo que explica cómo es su problema es el calificativo que el médico pone a la otitis (aguda, media, supurada, serosa, etc.). Las otitis más comunes durante el otoño y el invierno son las medias agudas (infecciosas) y las serosas.

Los zapatos para los bebes

Atención a la medida de los zapatos:

Según un estudio de la clínica universitaria de Münster (Alemania), un 40 por ciento de los niños utiliza zapatos demasiado chicos. Los principales afectados son precisamente los más chicos, que tienen los pies aún muy blandos y, por eso, fácilmente deformables.
La causa estriba, por una parte, en las diferencias de ancho y longitud que presentan las distintas marcas, aunque el número de pie sea idéntico.
La segunda causa radica en el hecho de que los pies infantiles suelen crecer a saltos, es decir, el crecimiento puede detenerse durante tres o cuatro meses para dar después un súbito estirón de uno o más centímetros.
Los padres deberían comprobar cada dos meses si los zapatos que utiliza su hijo aún le sirven. Esto se hace silueteando su pie en una cartulina como se indica en la foto.

Pasar del biberón al vaso

Del biberón al vaso:
También beber en vaso tiene su dificultad y para facilitar este aprendizaje las distintas marcas de biberones poseen una gran gama de formas intermedias entre el biberón y el vaso; suelen ser adaptadores que sustituyen a la tetina por otro tipo de boquilla. El siguiente paso sería emplear un vaso con dos asas que es más fácil de sujetar, para que tu pequeño vaya acostumbrándose poco a poco.

Como enseñar a comer a los bebes

PACIENCIA Y UNA FREGONA:
Aprender a comer solo no es más que cuestión de mucho entrenamiento. Ahora que Diego está empezando su aprendizaje, la mitad de las cucharadas acaban cayendo antes de llegar a la boca y la otra mitad se derraman al intentar engullirlas. Pero de vez en cuando, su empeño tiene éxito y consigue orgulloso que ese complicado artilugio que es la cuchara le proporcione algo del sabroso plato que mamá preparó para él. Y así, poquito a poco, Diego va aprendiendo todos los misterios de cómo hay que sujetar la cuchara, llevarla hasta el plato, llenarla de comida y por fin alcanzar con ella su boca. ¡Ya está deseando que le dejen usar esa “cuchara con pinchos” que utiliza Macarena! Pero lógicamente, este entrenamiento implica que al principio tendrás más puré fuera que dentro de su estómago. Para que aprenda, hay que dejarle practicar y mancharse, pero también se trata de que se alimente bien y de que la hora de comer no sea tu tortura diaria.

Te vendrán bien los siguientes consejos:
Dale una cuchara que le resulte fácil de coger, de un tamaño adecuado para él y con cierta profundidad para que el alimento no se escape tan fácilmente por los bordes.
La mesa de la trona es preferible que tenga un reborde para que el plato no pueda escurrirse y caer al suelo.
Ponle un gran babero para proteger su ropa.
Para no tener que fregar cada vez que coma, puedes poner un mantel de plástico bajo su silla.
Prepara el puré más bien espeso, así lo cogerá con más facilidad y se le derramará menos.
Si al principio las comidas de tu bebé se hacen eternas y además crees que no está bien alimentando, pue des   empezar   por darle tú la comida y dejarle que se tome solo el yogur. Pueden sujetar la tarrina con la otra mano para ayudarse, en lugar de tener que dejarla en la mesa, como ocurre con el plato.
Para que coma un poco más rápido, alterna una cucharada tuya y otra de él.
Verás como en poco tiempo tu paciencia se ve recompensada.

Aprendiendo a comer

UNA CUCHARA PARA EL.
Si ves que tu pequeño intenta quitarte la cuchara de las manos, no le niegues ese privilegio. Su deseo de imitarte y de demostrarte cómo es capaz de hacer él sólito las cosas, son tu mejor arma para su aprendizaje. Desde los dieciocho meses, los bebés ya son capaces de sostener la cuchara con sus propias manos, aunque lo hagan de una forma muy rudimentaria, empleando todo el puño cerrado. Esto no tiene importancia, con el tiempo aprenderá la forma correcta de coger los cubiertos. Lo importante es que está dando su primer paso, aprender a llenar la cuchara de puré y llevársela hasta la boca sin derramarlo. Como podrás comprobar en el suelo, la trona y la ropa de tu pequeño, no resulta sencillo para él. Para que tu hijo se vaya familiarizando con el uso de los cubiertos, regálale unos de plástico y un plato también de material irrompible. Verás cómo se entretiene jugando a comer imitando a papá y a mamá. Además, este regalo le vendrá bien durante los próximos años, pues después de la cuchara hay que aprender a usar el tenedor y cómo no, por último el cuchillo. Y no te acostumbres a darle de comer siempre aparte; estar con vosotros, sentado a la mesa y ver cómo os comportáis en las comidas puede ayudarle mucho. Sobre todo a partir de los veinte meses, que ya puede comer sin ayuda siempre que se le permita mancharse un poco.

El bebe en el mar

¿QUÉ CAMBIARÁ AL LLEGAR AL MAR?
La arena de la playa, los rayos de sol… y sobre todo, el agua salada y fría y…   las   olas. Comienza poco a poco y elige aquellos días en los que el mar esté en calma y observa el efecto que el medio tiene sobre tu bebé. La reacción puede ser distinta de la que ha tenido en la bañera de tu casa o incluso en una piscina. Hay niños que se relajan y se divierten mucho en el agua y otros que se ponen muy tensos y nerviosos. Empieza mojándole los pies, las muñecas y la nuca, para que se acostumbre a la temperatura. Si observas que su reacción no es positiva, no le fuerces y no dudes en volver a los ejercicios iniciales tantas veces como sea necesario. Además, es importante que no le transmitas tirantez. También puedes utilizar materiales complementarios, no tanto para incrementar la sujeción, sino para favorecer la distensión y el aspecto lúdico de la situación.

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Respirar debajo del agua

LA RESPIRACIÓN, UN PUNTO IMPORTANTE
¿Se atragantará con el agua al sumergirle? Durante los primeros meses de vida, no. Gracias a un reflejo innato que tienen todos los bebés, la iniciación en el control respiratorio dentro del agua resulta bastante sencilla. Su glotis se cierra instintivamente y su respiración se bloquea. Esta reacción se relaciona con los nueve meses que tu hijo ha estado sumergido en líquido amniótico.
Sujeta a tu bebé por debajo de las axilas y mírale sonriente. Cuando esté realizando la espiración, sumérgele durante unos segundos, con movimientos rítmicos y una ligera presión de tus manos. Para que no se asuste y se lo tome como parte de la diversión, es importante que tú te hundas con él y no dejes de mirarle. Más adelante, cuando observes que todo marcha bien, puedes introducirle a él sólo en el agua durante periodos más largos. Pero, eso sí, no te olvides de gratificarle al salir de cada inmersión.

EL BEBE PREPARADO PARA IR A LA PISCINA

PREPARADO PARA SALTAR A LA PISCINA
Después de estos juegos iniciales, tu bebé ya está listo para chapotear en una bañera mucho más grande. La piscina es un paso intermedio que le ayudará a desenvolverse más tarde en la inmensidad del océano.
Aquí es todavía más importante que note tu presencia en todo momento. Métete en la piscina y no pierdas el contacto corporal con él, acariciándole y dándole pequeños masajes en la espalda para eliminar cualquier signo de tensión que se pueda producir al principio. Y mientras, ofrécele muñecos y juguetes acuáticos que floten como él. Tienes que conseguir que este nuevo entorno le resulte amigable.
Colócale boca arriba, sujetándole por la nuca y el culete, ayudándole a comprobar que no se hunde. No fuerces la situación si observas que el bebé se encuentra tenso; vuelve al ejercicio anterior una o dos veces y, si ves que no se relaja, no dudes en posponer la sesión para otro momento.
Una vez logrado el objetivo anterior, y en las mismas condiciones, balancéalo suavemente en el agua, dejando libre las articulaciones para que se mueva a su gusto. Ve retirando gradualmente la mano del culete, sujetándole sólo por el cuello. Es importante que mediante juegos, vayas estimulando la movilidad de sus piernas y sus brazos en el agua.

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