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La re-creación del trauma: el juego repetitivo

La re-creación del trauma: el juego repetitivo
En un análisis de las diferencias entre el juego de fantasía libre y el juego dramático característico de los niños traumatizados, el psicólogo noruego Nils Eide Midstand (1991) señala que mientras el juego libre está cargado de gozo, es espontaneo, lleno de fantasías hedonísticas y distancia afectiva, el juego post traumático tiene una tendencia “a describir los hechos traumáticos en una forma más directa y cercana a la realidad”. Midstand señala que los niños que han vivido traumas tratan de superar las experiencias difíciles a través de distintos juegos repetitivos. A menudo, esto causa angustia en el niño y en quienes lo rodean y por lo general dan pocas posibilidades a que otros niños participen creativamente. Midsland sugiere que hay “una linea continua, con un polo donde el juego calma la angustia y estimula el crecimiento, la solución de problemas  del establecimiento de una relación social y otro polo, donde el piego aisla al niño, mantiene su carga de angustia e impide el acceso a las fantasías libros”. Asimismo, subraya que “cuanto mayor y más fuertes hayan sido las experiencias traumáticas, mas encerrado quedará el niño en el polo post. traumático”

El abuso sexual

Otra posibilidad, como consecuencia del trauma ocasionado por abusos sexuales, es que los niños presenten una conducta sexualizada: esto se hace ver sobre todo en quienes han sido objeto de abusos y que se han acostumbrado a relacionarse con los adultos a partir de las exigencias sexuales de éstos. Al tomar un rol activo, los niños pueden estar intentando recuperar un aparente control, a través del mecanismo de identificación con el agresor. Un control naturalmente falso y que los coloca en situaciones con posibilidad de nuevos abusos o, por lo menos, de rechazo y castigo por parte de otros niños y de adultos.

Abuso sexual
Los niños abandonados a su propia suerte, o aquellos que a menudo experimentan cambios de personas a cargo de (dios, corren riesgos de ser abusados de distintas formas, también sexualmente. Sabemos que hay niños que han sido violados después de ser arrestados con sus padres (Sanhueza, 1990), o torturados de otras formas (Colín. 1983). También los niños desplazados por situaciones de guerra se encuentran más expuestos a este tipo do abusos (Kadjar-I Hamouda, 1996). lo cual contribuye a veces a que las jóvenes violadas en los conflictos de África, por ejemplo, ante el rechazo de sus familias de origen que ahora las ven como indignas, se vean forzadas a salir al exilio por su cuenta, a voces en los albores apenas de la adolescencia (Jareg, 1997) pasando a formar parte de los aproximadamente dos millones de niños y jóvenes separados de sus padres como consecuencia de las guerras que azotan a nuestro planeta al final de esto milenio (Unicef. 1997). Algunos niños refugiados radicados en Noruega han relatado haber sido torturados en orfelinatos en Chile, por ejemplo (Carli, 1990), así como también haber sufrido distintos tipos de vejaciones después de quedar huérfanos.
Conversaciones con un grupo numeroso de padres adoptivos en Noruega muestran que los niños procedentes de América Latina, mayores de tres o cuatro años, con frecuencia también han sido objeto de maltratos severos y vejaciones. En algunos casos, niñas de seis o siete años de edad han contado a sus nuevos padres que habían sido abusadas sexualmente a cambio de comida para sobrevivir y alimentar a sus hermanitos menores.