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Fantasia infantil

¿Inmerso en la fantasía?
Una cosa es demostrar imaginación y otra muy diferente vivir permanentemente en un mundo ficticio. La fantasía es buena siempre que el niño no pase todo el tiempo sumido en ella.
■ Preguntémonos por qué se le hace desagradable la realidad y qué lo induce a refugiarse en su universo imaginario.
■ Hay que equilibrar la fantasía con la contrapartida de la acción. Si lo estimulamos a realizar otras actividades -asegurándole algunos éxitos- saldrá de sí mismo y se orientará hacia la realidad.
■ Cuando falte continuamente a la verdad, debemos observarlo. Entender los motivos es el camino adecuado para evitar que decir mentiras se convierta en un hábito.
■ Es importante que se relacione y haga amigos. Si pasamos tiempo conversando con él, le serviremos de puente hacia el mundo real.

A algunos chicos no les hace gracia disfrazarse

A algunos chicos no les hace gracia

Aunque no es lo más frecuente, algunos chicos no desean disfrazarse. ¿Cuál es la causa? ¿Cómo debemos actuar?
No se puede afirmar de ‘ ” manera tajante que a todos los niños les fascine ponerse un disfraz. Igual que cada uno se inclina más hacia un tipo de juego, que suele ser acorde con su personalidad, puede ocurrir que el disfraz no lo atraiga en absoluto.
“Para hallar la causa, hay que averiguar qué moviliza este tipo de juego, qué supone para el pequeño y qué aspectos son los que le molestan para jugar”, aconseja la psicóloga Rocío Mayoral. Tenemos que ser conscientes de que hay chicos a los que les cuesta más descentralizarse, tomar distancia de su punto de vista. Son los que se crean un mundo más interno. Es posible que sean más tímidos, que los avergüence hablar en público o ponerse en otros papeles. Controlan su mundo interno, pero les da miedo hacer el ridículo ante los demás. A algunos, aunque no sepan representar el personaje, no les importa estar disfrazados; sin embargo, otros se sienten inseguros, no saben cómo comportarse con esa nueva apariencia, no disfrutan y no saben jugar con su aspecto.

¿Cómo debemos reaccionar?
El punto principal es no forzarlos; si no les gusta, nunca hay que obligarlos. Es una edad difícil, y resulta esencial que no sientan rechazo hacia estas actividades.
La táctica efectiva es motivar al pequeño a que participe en la diversión. La solución puede estar en llevarlo a la fiesta provisto de algún complemento -sombrero, peluca, antifaz, maquillajes…-. Se trata de incitarlo a que, por imitación de sus amigos, por necesidad de incorporarse al juego y por voluntad propia, termine participando y cuente con algún elemento que lo haga sentirse integrado en el grupo. Hay que facilitarle la oportunidad de acceder a un disfraz que no lo haga sentirse muy diferente a sí mismo, para que su imagen cambie lo menos posible, y de estar presente en la diversión. Este sistema funciona porque a esta edad no le gusta ser diferente del grupo.
Si no lo obligamos a intervenir, terminará participando en la diversión de una manera espontánea y libre.

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Aparte del carácter lúdico, disfrazarse es enriquecedor

Aparte del carácter lúdico, disfrazarse es enriquecedor porque:

Favorece la creatividad. Las posibilidades de imaginar situaciones son ilimitadas.
Desarrolla el pensamiento simbólico.
En el terreno emocional, ayuda a captar sentimientos y a liberar tensiones o ansiedades.
Para imitar se requiere un enorme esfuerzo de atención previa.

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Disfraz de niño

Ideas sencillas para que él participe
No hace falta que los disfraces sean complicados; la imaginación de los chicos nos dará ideas deslumbrantes. Espadachín: Sólo es preciso disponer de mallas en color marrón o negro, una camisa blanca a la que podamos añadir volados en los puños y cuello, un antifaz negro, el florete de plástico más rápido y cartulina forrada de tela marrón para convertir unas botitas en las botas de media caña con vuelta de todo mosquetero que se precie. Un bigotito muy fino pintado con lápiz negro le dará carácter.
Dragón: Se necesita un conjunto deportivo (o mallas y remeras…) en color verde, con ca-potita del mismo color. Hay que coser recortes de fieltro en color morado por todo el cuerpo, como si fueran manchas
irregulares. También se cose una tira de triángulos terminada en cola, en fieltro verde, desde la cabeza hasta el final de la espalda.
Astronauta: Necesitamos un conjunto deportivo blanco. Con papel de aluminio reforjado o pegado sobre cartulina pe pueden hacer los protectores de brazos y piernas, cosidos a la ropa. Una bandeja grande de aluminio (de esas que no pesan nada) a la que podemos añadir cualquier objeto o material galáctico que encontremos en casa (cables, moldes de aluminio de flanes, coladores…), se sujeta con tiras anchas para llevar colgada, como si fuera una mochila, pero por delante. En la cabeza, un colador de su tamaño con moldes de aluminio es perfecto.
Turista: Tiene que ir provisto de pantalón corto, camisa floreada o remera con motivo turístico, sombrerito, cámara de fotos y un par de mapas desplegados y bien sujetos en un bolsillo. Si lo convertimos en un turista japonés, el efecto será más logrado. La cámara de vídeo en plástico resulta imprescindible.
Papá o mamá: Puede ser muy divertido preparar con él el disfraz. Nos dará una idea de cómo nos ven. El atuendo puede ser de fiesta: collares, moños y aros para ellas y gomina para ellos.
Caramelo de frutilla: Se hace con papel celofán rosa -frunciéndolo suavemente a la altura de los muslos y del escote, sin olvidar dejar los agujeros para los brazos-, mallas de baño, pullóver y zapatillas del mismo color. Se pueden recortar unas letras y frutillas, dibujadas sobre cartulina, y pegarlas en la delantera y trasera. Labios y maquillaje rosa son los últimos retoques para poder convertirse en un caramelo.

Cambio de rol al disfrazarse

La nena quiere parecer un varón

Melina quiere ser Superman y Guido un hada. Es un caso, no muy frecuente, que causa confusión en los padres. Los psicólogos aconsejan tener en cuenta que:
■ Siempre debemos darles total libertad para elegir su disfraz.
■ En la edad infantil no se tienen muy claros los papeles sexuales. Debemos ayudarlos a que se identifiquen con su propio sexo, potenciando la relación del varoncito con el padre y de la nena con la madre. ■ Si el pequeño insiste en asumir el papel del sexo contrario, consintámoslo; también puede ser enriquecedor y no tiene por qué marcar su sexualidad.

Juegos de rol

El personaje elegido revela su mundo
Además, gracias a esa descentralización del yo, el niño capta situaciones de la vida y las exterioriza a través de su personaje; esto lo ayuda a resolver sus conflictos. “En los juegos de carácter simbólico, como son los disfraces, salen a la luz las ansiedades y los temores del chico. Una de las técnicas de tratamiento más utilizadas por los psicólogos se basa en el juego. Los pequeños conflictos suelen reflejarse en el tipo de personaje elegido y en la resolución de las historias que inventa”, comenta la psicóloga. Podemos deducir que, si siempre elige el mismo tipo de personajes -luchadores, vencedores, víctimas, dominantes, sumisos…-, es posible que necesite expresarse a través del disfraz. Y la elección es una pista sobre su mundo interno. Los disfraces son una vía extraordinaria para ayudarlos. Por supuesto, en muchas ocasiones el pequeño disfruta sólo por el mero hecho de verse disfrazado.
La alegría de este juego reside, en su mayor parte, en la libertad a la hora de elegir el personaje. Podemos darle ideas, pero dejar que él decida. El diálogo unos días antes es muy interesante; y si participa en su elaboración, todavía resulta más eficaz.

Cuando los niños se disfrazan

Aprenden a ponerse en el lugar de otros
Según el prestigioso pedagogo Jean Piaget, el pensamiento egocéntrico caracteriza esta etapa. “Significa que el chico es incapaz de ponerse en la perspectiva de otra persona. Se le dice: ‘No le pegues a tu hermano porque le duele’, y vuelve a repetir la acción porque no interioriza en forma
adecuada el punto de vista del otro. Comprende los aspectos que él capta, pero le cuesta mucho entender lo que sienten otras personas. El pensamiento egocéntrico va desapareciendo a medida que el pequeño evoluciona a nivel cogniti-vo. Hay que ayudarlo en esta cuestión. Los juegos que facilitan el distanciamiento de uno mismo son importantísimos. Cambiar de personalidad es fundamental para la evolución psíquica y cognitiva”, afirma Mayoral.

El placer de disfrazarse

Sólo con observarlos  unos minutos nos damos cuenta de que la diversión va más allá de verse con una apariencia diferente. “A esta edad, el disfraz adquiere un valor muy importante -afirma la psicóloga Rocío Mayoral-. El niño no sólo siente placer al adquirir una forma nueva; empieza a disfrutar viviendo el personaje y recreando situaciones inventadas. Se desarrolla el pensamiento simbólico.” Para comportarse como un corsario, para ser un pirata aunque se sepa que no lo es, hace falta una evolución que los chicos más pequeños no poseen. El pensamiento simbólico empieza a formarse muy lentamente a partir de los dos años y medio y se desarrolla durante toda la edad escolar.