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Cuando el bebe se descubre los pies

¡También tengo pies!
Tu hijo disfruta un montón jugando con su cuerpo, y lo hace porque le resulta apasionante descubrirse a sí
mismo. Para ayudarle a conocerse mejor, puedes ponerle unos calcetines divertidos o los típicos patucos
de colores. Al llevárselos hacia la cara, además de ejercitar las piernas se divertirá de lo lindo.

Niños con falta de concentración

Niños con falta de concentración:
El carácter inquieto y la falta de atención de algunos niños podría deberse a un trastorno del sueño. La hipótesis que se había barajado hasta ahora afirmaba que era la hiperactividad la que les provocaba dificultades a la hora de dormir.

Aprendiendo a educar a mi hijo

CONCEPTOS EQUIVOCADOS
Con frecuencia, al desear lo mejor para nuestros hijos, equiparamos su trato al de un adulto. El respeto debe ser igual para todos los miembros de la familia, pero no así las obligaciones y los privilegios. Debemos tener en cuenta que la familia no es una democracia. Sí, has leído bien. En la familia educamos para la democracia, pero no es una democracia. Para dar al niño el derecho a elegir, primero le debemos formar.

Entorno adecuado para el niño

¿POR QUÉ NOS RESULTA TAN DIFÍCIL?
Los tiempos han cambiado. Antaño, la familia numerosa obligaba a educar en la autonomía física, más por necesidad que por conocimientos pedagógicos de los padres. Los niños aprendían antes a vestirse solos, a comer solos, a hacer los deberes sin ayuda o a entretenerse sin la atención de un adulto. Con mayor facilidad se podía llegar, también, a la autonomía afectiva. Los niños no esperaban tantas atenciones de sus padres, se acostumbraban a jugar en su cuarto y no en el salón, hacían vida independiente de los mayores en manos de cuidadores o de los hermanos más mayores y aprendían a tolerar la necesidad de compartir la atención de los adultos con los demás. En algunos casos, las consecuencias eran nefastas: fracaso en los estudios, sentimientos de desatención, autoestima más baja o pies planos para toda la vida porque nadie reparó en ello. Inevitablemente, los niños ejercitaban su autocontrol en las sobremesas, en las prolongadas misas de los domingos, en los cuartos para dos y en los viajes a la playa en asiento compartido. Veían normal muchas cosas que hoy se considerarían injustas, lo que conducía a aceptar la frustración de manera natural. El sentido de autoridad era, también, inherente a la figura del padre, y se reflejaba en la vida familiar. Los niños compartían los programas de televisión elegidos por los padres, aceptaban sin preguntas el sitio de veraneo y cruzaban los dedos para que les dejasen ir a un cumpleaños.
Hoy en día las cosas han cambiado, y somos nosotros los que debemos crear el entorno adecuado para el niño. Tenemos que saber en qué momento nuestro hijo debe hacer las cosas por sí mismo (aunque tengamos tiempo para hacerlo por él); enseñarle a jugar solo en su cuarto, (aunque nos parezca dura esa soledad, para el niño no lo será si de vez en cuando le visitamos); ser conscientes de que no es conveniente para él concederle todos los caprichos aunque nos lo podamos permitir; hacerle vivir vida de niño, en lugar de acostumbrarle a estar en reuniones de adultos…

La autoridad de los padres al bebe

¿Como funciona el mundo? Los niños nacen programados para descubrirlo. Tanto es así, que los investigadores han descubierto que un bebé de 4 días es capaz de adivinar hacia qué lado y con qué secuencia debe mover la cabeza para que se encienda una luz. ¿Te sorprende? En un principio, se pensó que, igual que a los animales les atrae la comida, al bebé le atraía la luz y que era ésta la que le motivaba para descubrir el código de movimientos necesarios para que se encendiese. Pero no resultó así. El bebé detenía el movimiento de su cabeza una vez que había descubierto el código, después, permanecía tranquilo hasta que, por azar, comprobaba que el código ya no era efectivo, entonces, reactivaba enérgicamente la búsqueda. Lo que realmente fascinaba al bebé, no era la luz en sí misma, sino controlar su encendido.

EL DEBER DE LOS NIÑOS, PROBAR:
Esta búsqueda innata de los mecanismos que controlan el mundo se puede observar de nuevo cuando, meses más tarde, los niños tiran una y otra vez los juguetes al suelo, cuando nos piden que les relatemos el mismo cuento sin variar nada, o cuando repiten, el gesto, la frase o el movimiento que deben hacer para que mamá o papá rían, se enfaden, les regañen o les perdonen un castigo.

Las posesiones en los niños

Néstor tiene dos años y medio. Hoy está dichoso porque ha ido con sus padres al campo. En un despliegue de triunfo ha decidido que todo es suyo, y así lo va enumerando: “vaca, muuuss, mío; beess, mío; gato miau, mío, campo mío”. Y va sumando posesiones con cada paso que da. Admitir que algunas de sus pertenencias también son de los demás, especialmente de aquellos que las necesitan, es un hermoso pensamiento, pero se halla totalmente alejado de la mentalidad del niño pequeño. En esta etapa de su desarrollo, es posesivo. Pero no es una etapa egoísta, sino un hito en su propia identificación, una reafirmación de su identidad. Coincide, además, con la adquisición de los pronombres personales. Se debe entender como una fase de egocentrismo, ya que se encuentra en un momento evolutivo en el que todavía no entiende que las cosas pueden ser de otro y que otras personas pueden compartirlas. Pablo va a cumplir tres años. Siempre ha mostrado predilección por su padre. Últimamente, deja clara su posesión utilizando un doble posesivo: “Mi papá es mío”. Luego mira complaciente a su madre y a su hermanito, y afirma “mamá es del bebé”. Angeles Brioso, psicóloga clínica infantil, especializada en los trastornos graves del desarrollo, afirma: “Es importante que los padres comprendan que es una fase normal, que es bueno que el niño pase por ella. Es un momento de auto-afirmación y no de egoísmo. Vuestro hijo os hará pasar algún mal rato en el parque al arrebatar con fiereza su juguete a otro niño, pero también notaréis pronto que es una etapa llena de originalidad, de sorpresas que os harán vivir situaciones divertidas e inolvidables”. A los niños también les gusta agradar a los mayores y disfrutan jugando con otros niños. Estas cualidades serán tus aliadas para educarle en la generosidad.

ATENCIÓN A LA AGRESIVIDAD.
Algunos niños defienden sus pertenencias no sólo con las palabras sino de una forma mucho más contundente: a golpes. Daniel y Nacho son primos de la misma edad. Ambos están terriblemente empadrados. Un día que se encuentran en casa del abuelo, entran en una grave discusión. “Papá mío” afirma Daniel con rotundidad. “No, papa mío” responde Nacho. La crispación y el tono de voz van subiendo. Nacho, más fuerte y gordito, cambia el suelo por una posición más privilegiada en el sofá desde la que propina un contundente mamporro a su primo al tiempo que chilla “no, papá mío”. Y comienza una magnifica pelea hasta que cada “peque” acaba sentado sobre las rodillas de su exclusivo papá, mirando desafiante a su oponente, que habia osado dudar sobre la posesión de su bien más preciado. Son pequeños y la empatia aún no se ha desarrollado. Observa su comportamiento. Si tu hijo es demasiado abusón, o si su agresividad se dirige constantemente hacia otro niño más pequeño e indefenso, tal vez sea, el momento de llevarle con niños un poco más mayores que no se dejen “manduquear”, y que, en sus propios términos, le enseñen sus límites.

Aprendendiendo a usar los cubiertos

Paso a paso:
Y recuerda que hacia los dieciocho meses ya puede emplear la cuchara; entre los dos y tres años aprenderá a dominar el uso del tenedor y con cuatro años ya será capaz de cortar alimentos blandos y de usar el cuchillo para untar.

Pasar del biberón al vaso

Del biberón al vaso:
También beber en vaso tiene su dificultad y para facilitar este aprendizaje las distintas marcas de biberones poseen una gran gama de formas intermedias entre el biberón y el vaso; suelen ser adaptadores que sustituyen a la tetina por otro tipo de boquilla. El siguiente paso sería emplear un vaso con dos asas que es más fácil de sujetar, para que tu pequeño vaya acostumbrándose poco a poco.

Aprendiendo a comer

UNA CUCHARA PARA EL.
Si ves que tu pequeño intenta quitarte la cuchara de las manos, no le niegues ese privilegio. Su deseo de imitarte y de demostrarte cómo es capaz de hacer él sólito las cosas, son tu mejor arma para su aprendizaje. Desde los dieciocho meses, los bebés ya son capaces de sostener la cuchara con sus propias manos, aunque lo hagan de una forma muy rudimentaria, empleando todo el puño cerrado. Esto no tiene importancia, con el tiempo aprenderá la forma correcta de coger los cubiertos. Lo importante es que está dando su primer paso, aprender a llenar la cuchara de puré y llevársela hasta la boca sin derramarlo. Como podrás comprobar en el suelo, la trona y la ropa de tu pequeño, no resulta sencillo para él. Para que tu hijo se vaya familiarizando con el uso de los cubiertos, regálale unos de plástico y un plato también de material irrompible. Verás cómo se entretiene jugando a comer imitando a papá y a mamá. Además, este regalo le vendrá bien durante los próximos años, pues después de la cuchara hay que aprender a usar el tenedor y cómo no, por último el cuchillo. Y no te acostumbres a darle de comer siempre aparte; estar con vosotros, sentado a la mesa y ver cómo os comportáis en las comidas puede ayudarle mucho. Sobre todo a partir de los veinte meses, que ya puede comer sin ayuda siempre que se le permita mancharse un poco.

Enseñar a comer

Enséñale a comer: Con cuchara, tenedor y cuchillo

Desde los dieciocho meses y hasta los cuatro años, el niño tiene que entrenar mucho para aprender a comer solo. Ocasiones no le faltan: comidas, cenas, meriendas… y el apoyo de mamá con mucha, mucha paciencia.

Mientras Macarena pincha con su tenedor los trocitos de carne que tiene en el plato, se ríe al ver a su hermano Diego embadurnado hasta la cabeza de papilla y a mamá desesperada quitando pegotes amarillos de todas partes. Ya no recuerda cuánto le costaba, no hace mucho tiempo, llevarse la cuchara a la boca. Aunque ahora sabe lo difícil que es untar una rebanada de pan con mantequilla.

SU PRIMER CUBIERTO: LAS MANOS
Desde que tu pequeño puede comer cosas sólidas como pequeños trocitos de pan, debes dejarle hacerlo con las manos. De esta forma se va familiarizando con la manera de coger los alimentos y llevárselos a la boca sin ninguna ayuda externa. Por ahora es lo más sencillo para él y además disfruta del hecho de poder tocar la comida con sus propios dedos.