Archivo para la Categoría » Cuidado de los niños «

La otitis en los niños

A todos los chicos les duelen los oídos en algún momento de su vida, especialmente en los primeros años.

Es una autentica tortura, no sólo para el chico, también para nosotros”, comenta una lectora de nuestra revista. Desde los seis meses, su hijo Nicolás, de dos años y medio, tiene una otitis tras otra. “Ahora mismo estamos pasando por la octava”, dice. Como él, muchos chiquitos padecen frecuentes dolores de oídos. Veamos en qué consiste este trastorno.
¿Qué es una otitis?
El término “otitis” significa ‘inflamación’. Por lo tanto, cuando el niño está afectado por dolor de oídos puede tener sólo inflamación o inflamación e infección a la vez. Lo que explica cómo es su problema es el calificativo que el médico pone a la otitis (aguda, media, supurada, serosa, etc.). Las otitis más comunes durante el otoño y el invierno son las medias agudas (infecciosas) y las serosas.

Imponer autoridad en los hijos

Autoridad compartida:

Los padres deben hacer de la autoridad un frente común. Por supuesto que, dependiendo de los caracteres, uno de los dos será más capaz de tomar las decisiones y el otro de llegarlas a la práctica. Pero de cara a los chicos, los papeles no deben parecer tan disociados. La palabra de papá y mamá debe ser una. Las decisiones importantes se toman conjuntamente. Ante una petición de permiso, hay que evitar la salida fácil de “¿y qué te ha dicho tu padre?”; la respuesta ha de ser contundente “hablaré del tema con tu padre y te daremos una respuesta esta noche”. Un buen truco resulta intercambiar roles. El que resulta normativo, deberá ceder y el que normalmente cede, podrá encargarse de informar de los castigos. Los niños se sienten más seguros si observan claridad y firmeza en papá y mamá. No debemos olvidar que el mejor piropo que puede decirnos nuestro hijo en su sano papel de adolescente es: “¡Esto es injusto!, cuando sea mayor, tendré mi propia casa y haré las cosas como yo quiero!”, porque ¿no se trata en el fondo de hacerlos seguros de si mismos, decididos e independientes?

Aprendiendo a educar a mi hijo

CONCEPTOS EQUIVOCADOS
Con frecuencia, al desear lo mejor para nuestros hijos, equiparamos su trato al de un adulto. El respeto debe ser igual para todos los miembros de la familia, pero no así las obligaciones y los privilegios. Debemos tener en cuenta que la familia no es una democracia. Sí, has leído bien. En la familia educamos para la democracia, pero no es una democracia. Para dar al niño el derecho a elegir, primero le debemos formar.

Entorno adecuado para el niño

¿POR QUÉ NOS RESULTA TAN DIFÍCIL?
Los tiempos han cambiado. Antaño, la familia numerosa obligaba a educar en la autonomía física, más por necesidad que por conocimientos pedagógicos de los padres. Los niños aprendían antes a vestirse solos, a comer solos, a hacer los deberes sin ayuda o a entretenerse sin la atención de un adulto. Con mayor facilidad se podía llegar, también, a la autonomía afectiva. Los niños no esperaban tantas atenciones de sus padres, se acostumbraban a jugar en su cuarto y no en el salón, hacían vida independiente de los mayores en manos de cuidadores o de los hermanos más mayores y aprendían a tolerar la necesidad de compartir la atención de los adultos con los demás. En algunos casos, las consecuencias eran nefastas: fracaso en los estudios, sentimientos de desatención, autoestima más baja o pies planos para toda la vida porque nadie reparó en ello. Inevitablemente, los niños ejercitaban su autocontrol en las sobremesas, en las prolongadas misas de los domingos, en los cuartos para dos y en los viajes a la playa en asiento compartido. Veían normal muchas cosas que hoy se considerarían injustas, lo que conducía a aceptar la frustración de manera natural. El sentido de autoridad era, también, inherente a la figura del padre, y se reflejaba en la vida familiar. Los niños compartían los programas de televisión elegidos por los padres, aceptaban sin preguntas el sitio de veraneo y cruzaban los dedos para que les dejasen ir a un cumpleaños.
Hoy en día las cosas han cambiado, y somos nosotros los que debemos crear el entorno adecuado para el niño. Tenemos que saber en qué momento nuestro hijo debe hacer las cosas por sí mismo (aunque tengamos tiempo para hacerlo por él); enseñarle a jugar solo en su cuarto, (aunque nos parezca dura esa soledad, para el niño no lo será si de vez en cuando le visitamos); ser conscientes de que no es conveniente para él concederle todos los caprichos aunque nos lo podamos permitir; hacerle vivir vida de niño, en lugar de acostumbrarle a estar en reuniones de adultos…

Enseñar el camino a los hijos

EL DEBER DE LOS PADRES, ENSEÑAR EL CAMINO:
Es labor de todo niño sano investigar para reconocer las leyes que rigen su entorno e intentar salirse con la suya. Es deber de los padres, enseñarles con claridad y paciencia, cómo funcionan las cosas en casa, sin olvidar nunca que para exigir, primero debemos enseñar. La vida es una escalera, nosotros estamos arriba y ellos en el primer escalón. Debemos incitarles a subir, demostrándoles que crecer es algo bueno, animándoles cuando duden de su capacidad y exigiéndoles que trepen cuando creemos que están preparados. Es nuestra responsabilidad tomar decisiones, no la suya.

Cuando lo niños llaman la atencion

¿Vomita para llamar la atención?
En el colegio, mi hijo lleva 4 días provocándose el vómito junto con otros dos compañeros que son sus mejores amigos. Me da miedo que si un día se pone malito de verdad, los profesores no lo detecten. Pilar Bonilla (Cuenca)
Los profesionales del colegio saben que deben ignorar esa conducta y no permitir que se convierta en un chantaje para no comer. Cuando un niño está enfermo, hay más señales que el simple vómito y una persona familiarizada con el niño tiene muy claro si lo hace a propósito o no. Quizá te parezca que los profesores no conocen a tu hijo como tú misma, y es cierto, pero piensa que por sus manos han pasado tantos niños que dominan todo su repertorio de conductas. Por tanto, no conviene reforzar las atenciones ni en el colegio ni en casa. Habla con los profesores y pregúntales cómo están solucionando el problema, pero no lo comentes con él. Si no te quedas tranquila, llévale al pediatra, pero procura que el niño piense que es una revisión de rutina, no menciones nada en su presencia.

Aprender a meterse en el agua

EMPIEZA POR LA RELAJACIÓN:
Ten en cuenta que no sólo él tiene que estar tranquilo. Tú también debes estarlo y demostrarle con tu actitud que no tiene razones para tener miedo al agua. Si muestras alguna reticencia, lo notará hasta en la forma en que le sujetas. Lo primero que tienes que conseguir es que todas las partes del cuerpo de tu bebé se vayan acostumbrando al contacto con el agua. Déjala caer por los ojos, la boca y los oídos, ayudándote primero de una esponja y, posteriormente, con la mano, en forma de suave chapoteo.

Remedios caseros para la dermatitis

Remedios caseros:
¿Es buena la arcilla de herbolario para curar la dermatitis del pañal? ¿Y el aceite de oliva para protegerle en vez de las cremas convencionales?

Los remedios caseros tradicionales, no cumplen los requisitos sanitarios exigidos para el tratamiento de las afecciones cutáneas, basados en el óxido de zinc y la vaselina. No tiene sentido utilizar arcilla que es secante e irritante y puede contaminarse con bacterias al ser necesaria su manipulación para formar la pasta. En cuanto al aceite es bueno para hidratar la piel, pero no protege del efecto de la orina y las heces. El mejor tratamiento para la dermatitis de esa zona es la prevención con el cambio frecuente de pañales, incluso cuando sólo ha hecho pls.

Cómo cuidar sus dientes

Cómo cuidar sus dientes:

La primera visita al dentista debe hacerse cuando se ha completado la erupción de los dientes primarios (20 dientes), lo que suele ocurrir alrededor de los tres años de edad. Sin embargo, con anterioridad a esta fecha, los padres pueden tomar algunas medidas de protección para la salud dental de su hijo. La placa bacteriana aparece en las encías incluso antes de que erupcionen los primeros dientes, de modo que es recomendable limpiarlas con una gasa limpia, pasándola por el borde gingival para eliminar restos de leche y alimentos. Cuando ya aparecen los dientes puede hacerse con un cepillo suave, pero no es imprescindible usar pasta de dientes. Si alguno de los dientes primarios está algo torcido, se debe esperar y observar cómo se alinea el resto. Si no se corrige y tienden a agruparse, hay que consultar al dentista para posicionarlos correctamente.

La etapa del no en los niños

DECIR “NO”. Aproximadamente a los dos años de vida el niño pasa por una etapa evolutiva que se caracteriza por utilizar el “no” de manera frecuente. Este “no” ayuda al niño a construir su propia personalidad, diferenciándose de los demás. Es muy necesario no confundir esta necesidad de ser uno mismo, de independizarse de los padres (aunque sea ligeramente), con un “no soy feliz”. Si malinterpretamos este “no” que le hace sentir como una persona diferenciada de sus padres y, por lo tanto, capaz de expresar sus propias opiniones, podemos confundir nuestra relación con él. Así, de algo evolutivo, anecdótico y transitorio, podemos crear un sentimiento de infelicidad mutua, ya que tanto el niño como los padres pueden interpretarlo como una falta de entendimiento. Ante una situación concreta, la mayoría de las veces las opiniones del niño y de los padres van a ser diferentes. Así, el niño enfocará el problema en cuestión desde un punto de vista lúdico -como corresponde a un niño de su edad- y los padres lo harán desde un punto de vista “responsable”. Hay que saber combinar la sana individualización del niño con el legítimo deseo de los padres de seguir actuación. Por ejemplo, después de un divertido día de playa, los padres sienten la necesidad de recoger todos los objetos esparcidos por la arena e iniciar el regreso a casa. El niño, por su parte, seguramente querrá seguir jugando con sus amigos, porque se lo está pasando muy bien. Cuando los padres le planteamos que tiene que dejar de jugar y recoger sus juguetes, lo más probable es que se desencadene un sentimiento intenso de pena y frustración, y el niño intente por todos los medios seguir con su juego. Este es un momento delicado que puede llegar a estropear un feliz día festivo, por lo que hay que intentar solucionarlo de la mejor manera posible. Es obvio que los padres saben mejor que el niño que el día toca a su fin, y que el niño pasará de la actividad más frenética al sueño más profundo en un tiempo breve a causa de su cansancio. Y también saben que antes debe ducharse y cenar. Pero hay que tener en cuenta que ayudarlo a contactar con sus propias limitaciones o con la realidad de su entorno no es hacerlo infeliz. Por eso, hay que intentar no imponer nuestra voluntad sin antes transmitir al niño que valoramos su opinión y le ofrecemos una salida que le permita disminuir su frustración.