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Biopsia de vellosidades coriales

Invasiva
Suponen el acceso directo a las partes fetales o a la placenta, o al líquido amniótico. De ellas, la que más se emplea en la actualidad es la biopsia de vellosidades coriales. Hoy se prefiere realizar una punción abdominal bajo control ecográfico. Mediante una larga y fina aguja, previa anestesia local, se llega hasta el tejido pla-centario (vellosidades coriales) y se aspira con una jeringa una mínima porción del mismo. Por lo general, se realiza durante la novena semana de embarazo, aunque puede hacerse más adelante (si se efectúa más allá de la decimotercera semana se la denomina “biopsia de placenta”. En este caso, el diagnóstico es rápido: en sólo un par de días se obtiene un detallado informe acerca de la constitución genética del bebé.
A partir de la semana 16, se puede efectuar una amniocentesis, también por punción abdominal, avanzando con la aguja hasta el líquido amniótico. Se obtiene una muestra y se realiza luego el estudio genético de las células fetales que nadan en él. Esta es la más antigua de las técnicas. Sin embargo, tiene un inconveniente: el diagnótico demora aproximadamente veinte días.
En la mayoría de los casos, estos estudios se indican cuando en la pareja existen antecedentes familiares o cuando la edad materna es mayor de 35 años. En manos expertas, la biopsia corial tiene un índice muy bajo de complicaciones (menos de 1 por ciento de abortos o amenazas de aborto), y la punción de líquido amniótico aún menos.
En cuanto a los resultados, según la científica norteamericana Margaret Mik-klelsen, en su país, la incidencia global de anomalías es del 4,7 por ciento. Si consideramos a las mujeres entre 35 y 40 años, la cifra es de 3,4 por ciento, y si tomamos en cuenta a aquellas de más de 40 años, de 7,7 por ciento. En Buenos Aires (según datos recientes) el 95,5 por ciento de los estudios realizados arrojaron resultados normales.

Factores de riesgo para las enfermedades congenitas

Factores de riesgo
Existen factores de riesgo para los defectos congénitos: la edad materna avanzada, un hijo previo afectado, anomalías cromosómicas en la pareja, anomalías anatómicas fetales en la ecografía, alteraciones del volumen del líquido amniótico (aumento o disminución del mismo); retraso de crecimiento intrauterino; alteración de ciertos “marcadores” sanguíneos; alfafetoproteína, HCG, estriol no conjugado, etc. El defecto congénito que más se reíaciona con la edad materna es el síndrome de Down (ver recuadro). Pero existen otros factores para tener en cuenta: con-sanguineidad (matrimonio entre familiares cercanos), hijo previo afectado, madre o padre afectados, edad paterna y algunas enfermedades maternas, como la diabetes, la epilepsia y el lupus eritomatoso.
Existen enfermedades infecciosas que la madre puede padecer y transmitir al bebé causándole alteraciones congénitas. Por eso, debe insisitirse en que la embarazada tiene que alejarse de todo posible foco infeccioso, evitando el contacto cercano con niños en edad escolar cuyos com-pañeritos padecen este tipo de enfermedades. Tampoco es conveniente la visita a un familiar o amigo que esté internado en un centro hospitalario. Un problema particular lo plantean quienes, por su profesión (enfermeras, maestras jardineras, maestras de escolaridad primaria, médicas, psicopedagogas, etc.), deben estar necesariamente en contacto con niños de corta edad. Si se conoce o sospecha alguna enfermedad contagiosa es conveniente que enfermedades potencialmente peligrosas son: rubéola, varicela, citomegalovirosis, parvovirosis, toxoplasmosis y sífilis.
En cuanto a los agentes ambientales, la exposición a las radiaciones ionizantes (rayos X) figura como el más peligroso. Sin embargo, casi ninguno de los estudios radiológicos que se rea-lizan habitualmente implica una emisión de radiaciones, en barazada. En otras palabras: el tema está sobredimensionado. En todo caso, es motivo de preocupación para aquellas mujeres que trabajan en centros de diagnóstico radiológico o en lugares donde se emplea material radioactivo.

Factores geneticos

Alteraciones cromosómicas o génicas
Para ubicarnos correctamente en la situación, le hemos pedido su colaboración a los doctores Enrique Gadow y Lucas Otaño, director y médico de planta, respectivamente, de la Sección de Genética del Departamento de Ginecología del CE-MIC. Según ellos, a medida que se han ido controlando los factores infecciosos y nutricionales, los defectos congénitos han pasado a constituir una de las principales causas de mortalidad perinatal e infantil: alrededor del 2 al 3 por ciento de los recién nacidos presenta algún tipo de tras torno. Esto no quiere decir que todos ellos vayan a tener dificultades; en muchos casos se trata sólo de problemas menores, compatibles con una vida plena y activa

Los defectos congénitos pueden obedecer a las siguientes causas:
1- Exclusivamente a una anomalía genética. En esos casos puede tratarse de una alteración total o parcial (anomalías cromosómicas o génicas respectivamente), de uno o más cromosomas .
2- Cuando se presenta más de un defecto, se dice que estamos ante un problema poligenico.
3- Si hay más de una causa responsable, como cuando interactúan factores ambientales (físicos o biológicos), se trata de un defecto multifactorial.
4- Finalmente, también los hay de causa totalmente desconocida.

Buscar bebe

Cuando una mujer planifica su embarazo, todo su organismo se modifica. Desde las hormonas, que se preparan para albergar al futuro embrión, hasta las emociones, que se centran en el deseo de cobijar a la ansiada criatura. En apenas unos meses, no solo podrá concretar el milagro de dar a luz sino que además se convertirá en madre, criará a su bebé y le mostrará al mundo, orgullosa, que es capaz. Que puede. Sabe que le espera una tarea titánica, pero igual se siente feliz. El deseo es tan profundo, tan intenso, que supera todas las ansiedades y temores.
En el ambiente se respira alegría, sueño, ilusión. Si es posible, mudarse a una casa más grande. Si no, inventar un espacio para la cunita y los juguetes. O, si ya existe, decorar la habitación del pequeño, elegir las cortinas, el color de la pintura, los muebles… Todo es felicidad. Todo es proyecto.

Sexualidad y placer

Sexualidad y placer
Si el deseo no surge espontáneamente, existen métodos realmente eficaces para avivar la propia libido y la de la pareja; el secreto está en saber cómo lograrlo. Además, no es difícil encontrar sugerencias e indicaciones: hay mucha literatura al respecto, libros, revistas, guías y videos que pueden resultar muy estimulantes en el sentido más amplio de la palabra.
Los especialistas recomiendan preparar el momento del encuentro con un ambiente romántico y acogedor, hacer
uso de las fantasías o probar posturas nuevas que provoquen la excitación de ambos. La pareja debe aceptar la situación con humor y pensar que están haciendo algo que siempre les ha gustado y que, además, ahora es para concretar un gran sueño: tener un hijo. De esta forma, es más fácil que todo vuelva a ser como antes, cuando disfrutaban haciendo el amor sin otro objetivo que estar juntos y pasarlo bien.
Lo importante es que intenten volver a ser y a comportarse como la pareja que eran antes de embarcarse en la aventura de tener un bebé a toda costa.
Y no hay que desanimarse: si no lo consiguen con un método, seguro que existe otro que les dará buenos resultados; pero deben procurar, como sea, alejar la ansiedad.
Conviene tener en cuenta, como explica la psicóloga, que “después de un embarazo, la relación entre el hombre y la mujer no vuelve a ser la misma. Por eso es sumamente importante que el vínculo entre ambos no se deteriore en el momento de la concepción. Lo ideal sería que se reforzara aún más para poder seguir siendo creativos y amorosos antes, durante y después del sexo”.

Depresión y algo más

Depresión y algo más
Estos efectos, que a primera vista pueden parecer las consecuencias más extremas del problema, se dan con mucha más frecuencia de la que cabría imaginar. Tanto las depresiones en la mujer como las disfunciones eréctiles en el hombre son habituales en parejas con problemas para tener hijos.
“Generalmente, las mujeres sufren el mayor peso, porque tienen que controlar constantemente su cuerpo, tomarse la temperatura, intentar determinar el momento de la ovulación… Pero ellos también pueden presentar problemas -indica la psicóloga María del Mar González- Los hombres saben que tienen que estar preparados para actuar en cualquier momento, cuando ella esté lista, y, además, se sienten obligados no sólo a practicar el sexo sin más, sino a hacerlo bien… Pueden llegar a verse muy presionados y esto se traduce a veces en disfunciones.”
A pesar de lo complejo de la situación, la solución a estos problemas, según los especialistas, es sencilla de plantear aunque algo más difícil de llevar a la práctica. Psicólogos y sexólogos recomiendan, sobre todo, grandes dosis de tranquilidad y, al mismo tiempo, explican que no resulta fácil concientizar a una pareja de que no debe tomarse el problema a la tremenda.
En muchas ocasiones, la presión nace no sólo del deseo de tener un hijo, sino también de la angustia que sienten las parejas cuando están jugando contra el tiempo, porque, tal vez, a la mujer no le quedan muchos años para ser madre. La tarea del psicólogo en estos casos consiste, en primer lugar, en hacerles ver que si no se relajan, jamás podrán tener hijos; y en segundo lugar que, aun en el caso de que no lo consigan, no se va a terminar el mundo, ya que todavía les quedarán alternativas como la adopción.
“Hay que estar preparado física y psíquicamente para tener un hijo -dice la psicóloga-. Cuanta más presión se soporta, menos dispuesto estará el cuerpo para actuar con eficacia. La naturaleza es muy sabia y, en algunas ocasiones, aunque la mujer logre quedar encinta, su cuerpo puede llegar a rechazar el feto por la enorme ansiedad que padece.”
Para que la pareja deje a un lado las tensiones, los especialistas aconsejan que no se fuercen a hacer el amor. Si realmente no lo desean, es preferible no intentarlo, porque la ansiedad se produce cuando se convierte el sexo en una obligación.

Ansiedad y presión por tener un hijo

Su caso no es único. Son muchas las parejas que se encuentran forzadas a hacer el amor para buscar el embarazo y, a veces, el deseo de querer tener un hijo llega a convertirse en una obsesión tal que termina afectando seriamente a la relación. Según los psicólogos, la presión puede, incluso, generar un distanciamiento entre ambos.

Ansiedad y presión
“El nivel de ansiedad es enorme y la sexualidad termina perdiendo uno de sus grandes significados para los seres humanos: la capacidad de comunicarse. El deseo, el juego, el erotismo pueden llegar a estar ausentes en el encuentro sexual cuando el único fin de la relación es la fecundación. Y eso influye negativamente en la relación de pareja hasta el punto de que, en algunos casos, llega a desaparecer casi por completo el diálogo”, explica María del Mar González, psicóloga.
Las consecuencias de esta obsesión pueden ir aún más lejos. Por ejemplo, es posible que, además de apatía, aparezcan efectos secundarios físicos, como los que sufrieron Diego y Carolina, actualmente en tratamiento psicológico después de pasar seis meses buscando un embarazo.
“Temía que llegara el fin de semana porque sabía lo que me esperaba -cuenta Diego-. Hacía tiempo que ya no disfrutaba con el sexo, para mí se había convertido en una obligación y, en un momento dado, terminé sin poder practicarlo en absoluto. De un día para el otro me encontré con que era impotente. Se me vino el mundo encima: ya no sólo era incapaz de dejar embarazada a mi mujer, sino que, además, tampoco podía tener relaciones con ella.”
“Pero eso sólo fue parte de lo que tuvimos que pasar —interviene Carolina, que sufrió una fuerte depresión después de intentar, en vano, quedar embarazada- Yo pensaba que, si no era capaz de tener un hijo, no servía para nada. No encontraba consuelo en mi trabajo ni en mi marido ni en mi familia y terminé por no salir de la cama ni para trabajar.”

Buscando un bebe

Claudia y Pablo eran una pareja normal hasta hace un año, justo cuando decidieron que ya era hora de aumentar la familia con un hijo. Hasta entonces, salían con sus amigos los fines de semana y se divertían juntos haciendo diferentes actividades, entre ellas, el amor. Sus encuentros sexuales eran frecuentes y disfrutaban antes, durante y después, pero de eso hace ya doce largos meses.
Ahora su vida es muy distinta. Han cambiado de hábitos y, por su nueva prioridad, dedican la mayor parte de su tiempo de ocio a una sola cosa: “Aprovechamos todos los momentos que tenemos para buscar al bebé. Ya no vemos a nadie el fin de semana, porque es cuando disponemos de más tiempo y tranquilidad para intentarlo”, explica Claudia, profesora, de 30 años. “Nos encerramos en casa y no salimos hasta el lunes para ir a trabajar. No puedo decir que siempre lo deseamos. La verdad es que en muchas ocasiones resulta un auténtico suplicio, pero estamos convencidos de que nuestra prioridad en este momento es lograr un embarazo.”