La trampa de las programaciones discursivas
El esquema técnico que asocia el funcionamiento de un dispositivo con la aparición de una disposicion. en los miembros de una comunidad, funcionó con eficacia, si se tiene en cuenta que disposición se entiende como actitud y también como programaciones discursivas, es decir, se habla de esto tema —apropiación, secuestro de hijos de desaparecidos— de manera tal que se dice de ellos: “¡Pobres, qué barbaridad” Pero ahora ya son grandes y son ellos los que tienen que decidir si quieren quedarse con “los padres adoptivos” o conectarse con su familia de origen…” Con lo cual se falsea nuevamente la situación porque no hay tal adopción, sino apropiación, delito.
Cuando miramos las fotos de los responsables en los diarios, ahora juzgados por el secuestro de los hijos de desaparecidos, esas imágenes no logran traducir ni sintetizar la complejidad del proyecto que estos representantes de las Fuerzas Armadas diseñaron. La monstruosidad del mismo no está a la vista, circula y circuló en las ideas y las prácticas de estos iconos fotográficos que persisten de otra forma, simbólicamente. Al reencontrarlas en determinados discursos y en los mensajes que emiten los represores cuando son entrevistados, uno se pregunta: ¿será necesario volver a leer las declaraciones de los testigos que declararon en el juicio a las Juntas para recordar qué fue lo que estos represores ordenaron. Sería útil hacerlo, pero para el tema que me ocupa es otra la perspectiva que quiero subrayar: los efectos del dispositivo de poder que continúa funcionando entre nosotros. Se insiste en hablar, en titular, en declarar, en referirse al “robo de bebés”. Esa es la mejor manera de neutralizar el delito inicial: la desaparición forzada de personas, la desaparición de los padres de estos hijos. “Los bebes”, tal como se los convoca, no se definen porque hayan sido recién nacidos.
Archivo para la Categoría » APROPIACIÓN Y ROBO DE BEBÉS «
El placer por secuestrar y distribuir hijos de desaparecidos, se completó por sus características de originalidad y exclusividad: a diferencia de quienes roban bebés para traficados, los represores se ocuparon de la misma tarea pero al mismo tiempo hicieron desaparecer a sus madres. Formalizaron un dispositivo que cubría el área del origen de la criatura: al desaparecer al padre y a la madre los represores pretendieron, ellos solos, ocupar el horizonte de ese origen. No contaron con las Abuelas y con las Madres de Plaza de Mayo que lograron detener la línea móvil o inalcanzable del horizonte.
Eso dispositivo comenzó por definir a los padres de estas criaturas como enemigos de la patria y continuó con la invención de un discurso que conducía a crear en la comunidad la necesidad de terminar con ellos; discurso que persistió con la justificación de la entrega de estos niños a “buenas familias” para separarlos de su medio ambiente original. 101 dispositivo estereotipó el tema y no fueron pocos los profesionales que afirmaron que esos niños debían quedarse con los apropiadores para no reiterar el trauma de la separación.
No me caben dudas acerca de este pensamiento, y tampoco dudo de la gratitud que sienten los apropiadores hacia esas fuerzas de seguridad; de este modo se produ|o un circuito que funcionó y funciona enlazando a represores y apropiadores, mediatizados por mujeres que parían sus hijos en los recintos del horror.
Los represores crearon en sus mentes una clase de niños-objetos imaginados como crías de la especie y no como hijos de una mujer-madre; digo que es una creencia de sus mentes porque los niños y las niñas no pueden ser transformados en objetos, si bien se puedo estrangular en ellos la historia de su origen. El ocultamiento de esa historia convirtió a esos niños en víctimas de una lectura que se procesa cotidianamente y la convierte en parto de su identidad.
El reconocimiento de dicha historia significaría identificar el placer que regulaba el secuestro y la entrega de los niños, ya que dichos procedimientos incrementaban el capital simbólico de los represores, o sea, se capitalizaban al mostrarse como aquellos que rescataban el futuro de esas criaturas al ponerlos bajo la protección de los apropiadores. Asi fue como merced a esas entregas se prestigió la marina, el ejército y la policía, puesto que esos hombres aparecían como proveedores de felicidad en los hogares de las parejas estériles que forman parte de esas fuerzas de seguridad.
La creación de un dispositivo de poder
Los hijos de los desaparecidos se convirtieron en objetos valiosos para los represores porque al disponer de ellos con carácter de exclusividad inventaron un modo de producción de poder. Por una parte podían decir: “Yo le saco el chico a esa subversiva”, y por otra: “Yo le consigo un chico a Fulano y Zutana, que no tienen hijos”.
Arrancarle el hijo a la madre, así como cedérselo a una pareja sin hijos que formara parte de cualquier circuito de las fuerzas de seguridad, trasuntaba el ejercicio de un poder incomparable que incluía a la desaparición de la madre a la que los represores sólo registraron como el recinto biológico de una gravidez.
Lo que les interesaba a los represores era la fundación de una nueva categoría de la cual podrían extraer beneficios y, al mismo tiempo, generar para sí prestigio personal, al distribuir hijos de desaparecidos como parte de un botín, (‘orno si los apropiadores —a los que las fuerzas de seguridad les entregaron hijos de desaparecidos— pudiesen decir en voz alta: “A este hijo mío me lo consiguió la marina”, o bien: “Yo le debo al ejército poder tener una familia: si no fuera por ellos no hubiese logrado un chico tan rápidamente”.
Con motivo de la intervención del juez Bagnasco, (pie en 1998 volvió a poner sobre el tapete el tema hijos de desaparecidos apropiados por las Fuerzas Armadas, los periódicos reprodujeron declaraciones de diferentes personalidades del mundo de la cultura, de técnicos, de profesionales y de representantes de partidos políticos; todos ellos aportaron sus opiniones en relación con la nueva vía seguida por la justicia. También lo hicieron algunos miembros de las Fuerzas Armadas, tanto los mismos acusados cuanto algún otro militar que se refirió a estos episodios.
Dichas opiniones, así como los títulos que encabezaron algunas notas y editoriales periodísticos, reiteraron la expresión “robo de bebés”, expresión que encubre los hechos tal como ocurrieron: no se trató de bebés robados, sino de lujos de desaparecidos nacidos en los campos de detención clandestinos durante el cautiverio de sus madres.
Hablar de bebés robados escamotea la realidad de lo acontecido.
Con motivo de la reiteración de esta frase estimo imprescindible intentar un análisis ideológico de la misma.
APROPIACIÓN Y ROBO DE BEBÉS
Incluir un capítulo referido a los hijos do los desaparecidos en un volumen destinado a plantear enigmas acerca de la adopción constituye actualmente una necesidad. Marco la temporalidad cronológica al escribir “actualmente” porque localizo los hechos que se refieren a los que fueron estos niños y hoy son jóvenes, en la decisión de la justicia que. recién después de, veinte años, estableció que la apropiación do hijos de desaparecidos constituye un delito que no prescribo.
De modo que los miembros de las fuerzas de seguridad , máximos responsables por el plan destinado a la apropiación de aquellas criaturas, hoy están encarcelados.
No obstante, al mantener silencio respecto de las criaturas que fueron apropiadas, un significativo número de ellas, hoy jóvenes, aun se encuentran en poder de las familias que las recibieron recién nacidas. De acuerdo con los datos que han podido trascender, estas familias forman partí1 del mundo cultural de dichas fuerzas armadas. De manera que los hijos do desaparecidos han sido educados, y se desarrollaron como personas a la vera y bajo la tutela de quienes están comprometidos con la desaparición forzada de sus padres. Lo cual forma parte del horror represivo que reguló las decisiones políticas del denominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983).





