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Hijos adoptivos

Un diálogo único
Los rostros de los compañeros de Camila dejaron de estar exclusivamente rígidos para ir adquiriendo otras expresiones: la sorpresa, el desconcierto, la incredulidad, la vergüenza, la angustia… ¿Por qué no nos contaste? ¿Cómo hiciste para guardar ese secreto?
“Con mis padres habíamos convenido en que sería yo quien manejaría esta información, salvo que surgiese alguna situación que no pudiera controlar o que ellos consideraran que debían intervenir. Muchas veces me preguntaron si ustedes no lo sabían porque yo tenía vergüenza de contarlo. Muchas veces he dudado sobre cuál era la verdad. Yo les decía a ellos y me lo decía a mí misma que no me hacía falta hablar del asunto con ustedes, que tenía todo claro, pero a veces dudaba. Hoy, cuando comenzó esta discusión, supe y sentí que había llegado la hora de saber si lo que suponía era cierto. Si me callaba y no revelaba la verdad, lo que creía de mi historia no era así. Hoy terminé de saber que tengo las cosas claras, que podría contar todo lo que sé de mi vida anterior a la adopción, que no sería fácil hacerlo, que tal vez sentiría dolor como otras veces lo he sentido, pero que no sería insoportable. Hoy les conté, y supe definitivamente que, para mí, la verdad fue y es lo mejor”.
Una voz quebró el discurso de Camila preguntando: “¿Pablo es tu hermano?”. Camila, como si tuviese 100 años, respondió: “¿Vos me preguntas si también es hijo adoptivo? No. Pablo es hijo biológico de mis padres”.
La maestra estaba atónita, yo también. Tuvo el talento de no intervenir, de dejar que la vida diera su lección.

Transferencia de traumas de lujos a padres

Transferencia de traumas de lujos a padres
Dentro del psicoanálisis se ha enfocado en el aspecto negativo que puede tener en el terapeuta la transferencia de sentimientos destructivos por parte del paciente hacia el terapeuta (Danieli, 199(5) creando en éste lo que se conoce como traumatizacion secundaria del terapeuta. Tomando como partida la traumatizacion do la que fueron objeto los sobrevivientes de los campos de concentración, se ha estudiado, también dentro de! psiconálisis, el efecto negativo que los traumas de los padres tienen sobre sus hijos, lo que se conocía como transposición, es decir donde el niño so pone a sí mismo en situaciones que los padres han vivido en su pasado para mágicamente poder curarlos y rescatarlos (Kaplan, 1995). Un ejemplo visual de este proceso es ilustrado en el filme noruego Mantel (Rossler, 1997), que narra la historia de un chico de siete años, cuyos padres quieren protegerlo del pasado en los campos de concentración que vivieron antes del nacimiento de este hijo. Mendel está obsesionado por conocer los secretos que guardan sus padres, espía libros y cajones y se identifica profundamente con sus vivencias traumáticas.
En el trabajo individual con los padres, éstos relataron cómo la conducta desafiante de sus hijos los había llevado a reacciones de las que ellos mismos no se creían capaces- castigos físicos (en Noruega, desde 1962. está prohibido por ley hasta el menor coscorrón o palmada), enojos y gritos, y en todo caso una gran frustración do no ser tan buenos padres como so habían imaginado que podrían ser. De todas maneras, con pocas horas do trabajo terapéutico, los padres y los niños pudieron revertir situaciones difíciles, con un cambio importante en la situación de la familia y en el desarrollo y desenvolvimiento de cada uno de sus miembros.
A mi entender, muchos de los padres de niños adoptados pueden ser traumatizados a través de sus hijos. A veces incluso pareciera como si la niña depositara en su madre todas sus velaciones y maltratos de sus padres, exteriorizándolas, pero también creando un desgasto muy doloroso. A veces los padres parecen protegerse, negando el dolor que los chicos han vivido en hogares de niños, con hambre, separados de sus mamas, y en cambio se vuelcan a educar a este niño casi salvaje. Es que dar paso a las vivencias del hijo les puede causar mucho dolor. En otros casos en cambio, mi horas de consulta individual o la pareja parental, estos cuentan cómo el trauma de los niños les causa sufrimiento y cómo a veces, misteriosamente, se viene a sobreponer a experiencias de abusos, maltratos, separaciones, adopción en ellos mismos, en sus propios padres. Esto también puede tener un gran valor terapéutico, ya que los padres, a partir de su experiencia similar, asistidos por la intervención de la terapeuta, pueden ser asegurados de que ellos están especialmente preparados por la vida para comprender y amar a esto/a hijo/a con experiencias similares. Claro está que la similitud de experiencias no es suficiente, pero puede ser enriquecedora y reparadora para ambas partes con la ayuda de la comprensión y contención de la terapeuta.

Adoptado

adoptado

La investidura del niño-hijo, en paralelo con la investidura del tránsito del fracaso de la fertilización asistida a la adopción, podría alcanzar niveles maníacos, caracterizados por una alegría que arriesga ser inauténtica, por ejemplo, cuando presentan al niño a sus familiares diciendo “Es igualito a nosotros” o bien “Es un regalo del cielo”.

Estas expresiones y otras se encuentran en las parejas que adoptan inmediatamente después de haber perdido toda posibilidad de concepción, es decir, en ausencia de tiempos cronológicos que posibiliten sobreponerse al dolor por la pérdida de la esperanza respecto de lo que podría brindar la fertilización asistida.

Hijo adoptivo

hijo adoptivo

Estas alternativas coadyuvan en la composición de una novela familiar que la pareja auspicia para articular los espacios, los lugares y los posicionamientos, así como los fantasmas y los deseos que los envolvieron y que al mismo tiempo fueron creando. Todo ello adhiere a una simbólica nueva, la que resulta de incluir un hijo adoptivo, que, si bien podrá ser amado como tal, ingresa en una familia que se sabe portadora de una marca que la presencia de este niño ajeno testimonia.

Adoptivo

adoptivo

El adoptivo, una vez incluido en su hogar como hijo-en-lugar-del-que-no-se-prendió-en-la-fecundación-asistida, ¿cuánto tardará en enfrentar la particularidad deformante que caracteriza la representación de hijo, clasificado como aquel al que se apelará “por las dudas, por si no sale bien la fecundación asistida”?

Los adoptados

Los adoptados

Estas técnicas forman parte de la categoría que Giddens denomina sistema de expertos en los que la comunidad deposita su confianza y que operan como una condición de seguridad ontológica. Es una confianza que no se deposita en personas individuales sino en sistemas especializados. En este caso las instituciones (casi siempre privadas) se ocupan de preparar las carpetas que contienen los datos y las evaluaciones psicológicas y sociales de los adoptantes.

Adopcion espana

Adopcion espana

En ambas situaciones se parte de un hijo no nacido, pero cuando sólo se piensa en adoptar, la libido y el compromiso psíquico están disponibles para procesar el deseo hacia ese niño en ciernes. ¿Cuál será la disponibilidad psíquica que pueden resguardar para un hijo adoptivo quienes al mismo tiempo recurren a las NTR para concebir de acuerdo con un deseo de hijo consanguíneo?
Cuando la pareja imposibilitada de procrear piensa, en un primer momento, en términos de adopción, forma parte de un universo, el que conocíamos hasta ahora.

Fertilizacion asistida

Fertilizacion asistida

Posicionar de este modo al adoptivo, imaginándolo desde el primer día de la guarda como si formara parte de la familia, después de que la pareja comprobó su imposibilidad para concebir y no apuntó a alguna de las instancias de la fertilización asistida, es diferente que posicionar al niño en el lugar de por las dudas. Porque ése es el lugar de quien puede ser excluido en caso de fecundación. Es un hijo que lleva en sí la potencia de una exclusión posible, a diferencia del hijo que se busca biológicamente, el cual también es un hijo en potencia pero de inclusión; con poder suficiente como para expulsar de la fantasía al espacio lugar que podría haber ocupado el adoptivo.

La adopcion

La adopcion

La adopción no sólo está acompañada por la creación de una simbólica propia, sino que dicha simbólica, previa al adoptar, que corresponde al deseo de hijo, al mismo tiempo motoriza la idea, la necesidad y el deseo de adoptar y forma parte de la que denominé cultura de la adopción.
Que el adoptivo sea posicionado sustitutivamente en el lugar del hijo biológico soñado por la pareja pero que no pudo ser concebido, es lo esperable; sucede de este modo hasta que el niño adquiera su propio lugar como hijo en los espacios que él logre gestarse.

Hijos adoptivos

Hijos adoptivos

La posición no es equivalente al lugar, e indica el modo, la manera en que cada cual ocupa ese lugar; en este caso, el lugar de hijo biológico es ocupado por el adoptivo, cuya posición se caracteriza porque es aquel que ocupa el lugar de hijo tradicionalmente reconocido por su consanguinidad respecto de los padres.