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Hijos adoptivos

Cierto día de un lluvioso junio de hace un par de años, fui testigo de una jornada muy particular. En un séptimo grado de una escuela mixta de la Capital se había armado “una apasionada y rispida discusión” sobre los hijos adoptivos. Cada chico daba su opinión con una soltura y vehemencia tal, que la maestra, con cara de satisfacción, lo único que debía hacer era coordinar el debate. Lo que cada uno de los chicos decía reflejaba un aspecto de las distintas opiniones que existen en la sociedad adulta ante la adopción.
Mariela sostenía que los hijos adoptivos sufrían mucho y que a ella no le gustaría saber si lo era; que prefería una “mentira piadosa”. Guillermo, enojado, decía que a nadie se le debía mentir, que él quería saber y no ignorar. En la discusión terció Gastón, para quien con la verdad o la mentira, el adoptado igualmente sufre, ya que había tenido muy mala suerte en la vida. Para Vanesa, todo dependía del momento en que lo hubiesen adoptado, porque si era un bebé no resultaba tan feo, que peor era de grande. Jerónimo opinaba que se notaba cuando un chico era adoptado porque “siempre tenía problemas”. Sebastián apoyaba las palabras de Vanesa y creía, como Jerónimo, que siempre iban a tener problemas. Verónica pensaba que lo que decían eran tonterías, que todo se podía arreglar. Natalia, por su parte, manifestó que no sabía por qué estaban discutiendo eso si no era nada que les pudiese pasar a ellos.

Adopciones de alto riesgo

Adopciones de alto riesgo
Los niños y jóvenes a los que hago referencia en este artículo constituyen un grujió pequeño formado por algunos de mis clientes durante vanos años. Tomando en cuenta que los niños mayores de cinco años constituyen una pequeña minoría dentro de los adoptados internacional-mente, y que asimismo sólo un pequeño porcentaje (20%, von der Lieth, 1997) de niños presenta problemas, nos encontramos con una muestra de adopciones de alto nesgo.
En efecto, estudios británicos y australianos (Hoks-bergen, 1991; Harper, 1994; Payner, 1994) muestran que factores como la alta edad al ser adoptado/a. un encuentro negativo con el hijo/a adoptivo/a. niños con necesidades emocionales y psíquicas especiales, niños con vivencias traumáticas y niños con dificultades emocionales y largos períodos de incertidumbre antes de ser ubicados en adopción constituyen un grupo de alto riesgo en cuanto a la posibilidad de que la adopción no funcione. Estos autores señalan que también otras vivencias tienen (doctos negativos, como experiencias de otras adopciones que no fun-cionaron. cuando el niño se ve obligado a romper con todo lo que conocía, como familia, amigos, escuela, hermanos, etc. También se señalan como mas complicadas y riesgosas las adopciones de grupos de mas de tres niños, cuando el hijo adoptivo es mayor que los biológicos o (mando se encuentra en edad cercana a uno do ellos. Asimismo cuando el niño tiene dificultades durante largo tiempo para adaptarse a la nueva familia y/o (mando las expectativas de los padres no corresponden con las cualidades o recursos de los niños.
El hecho, por ejemplo, de que la mayoría de los padres adoptivos tengan educación académica es un recurso importante en la etapa de la educación primaria —si los padres le dedican suficiente tiempo al niño/a, claro esta, mientras que posteriormente puede ser difícil para padres de éxito profesional aceptar que sus hijos adoptivos tienen menos capacidades intelectuales o intereses menos sofisticados que ellos. Esta también puede ser una nueva pérdida para los padres, que en algunos casos tendrán que elaborar.

Adopciones

adopciones

Hablar de adopción es también saber que el estándar jurídico del interés superior del niño es la primera y suprema norma de rango constitucional y que el criterio jurídico debe garantizarla en un todo. Nadie da lo que no tiene y sólo damos lo que nos fue dado, y el advenimiento de un hijo potencia lo mejor o lo peor, según fuere. Sólo así a partir de estas premisas, la adopción será el encuentro de dos necesidades, la humana y humanista compensación de las faltas con el acogimiento de todos al ahijamiento de ese sujeto de derechos y de deseo.

Adopciones

adopciones

Las características de este período obligan a conductas de sobreprotección y sobreadaptación. Se genera un estado de constante amenaza por la pérdida de su hijo debido a la presencia de la otra y de los otros que pueden venir a buscarlo para quitárselo. A este peligro que proviene del exterior se le suma la reacción de expulsarlo por ajeno, por extraño, opción propuesta por el período de guarda que autoriza a “devolverlo”.

La adopcion

la adopcion

Pensando en las adopciones, también las opciones se lian ampliado. ¿Acaso la fertilización heteróloga no es un caso donde se sostienen un padre y/o madre biológico y otro de los progenitores es adoptivo? ¿Cómo lo llamaremos?, ¿adopción mixta? Frente a lo diverso, lo heterogéneo, el saber biológico de los orígenes aparece como un intento imaginario unificador, lo que regulariza.
Lo biológico en la filiación aparece como un ideal cada vez más consolidado, tiranizante para nuestros modos de pensarnos, de pensar nuestra descendencia.
En la misma dirección la información, desgajada, pareciera adquirir por sí sola el valor de realidad o única verdad. En varias oportunidades escuchamos con precau-
ción (debemos confesarnos: como algo asustados) cierto furor en nuestra sociedad sobre el decir, decirlo todo.

Adopciones

adopciones

La experiencia que pude construir durante algo más de treinta años trabajando con adoptantes y adoptivos me enseñó que, cualquiera haya sido la inserción de la criatura en el hogar adoptante, y cualquiera fuese su origen, la relación que se entabla entre estos padres y sus hijos tiende a producir bienestar en los miembros de la familia (si exceptúo los historiales que incluyen violencias de diversa índole).
Señalo esta experiencia porque es probable que más allá de un primer momento conflictivo, de acuerdo con lo enunciado en este capítulo, la convivencia entre los adultos y el niño quede embargada por la necesidad recíproca que tienen los unos del otro y viceversa.
Podría afirmar que lo habitual —aunque no contamos aún con una casuística significativa de adoptivos que sean hijos de padres que previamente ensayaron inseminación con donantes NN—es que después de transcurrir un tiempo los adoptivos consiguen articularse con los adoptantes y éstos logran elaborar los niveles de frustración, las angustias y los dolores que les significa la ausencia de un hijo consanguíneo. Con las excepciones esperables.

Adopciones

adopciones

Si ensayamos una analogía por extensión con las circunstancias que deciden las adopciones “por las dudas”, encontrarenos que el hijo “verdadero”, aquel cuyo nacimiento creaba a sus padres, el hijo valioso, se recorta como el desconocido (como el dios salvador de Simón el Mago), cuyo lugar es usurpado por otro hijo que no es auténtico, el adoptivo. En los hechos el adoptivo no usurpa, pero los fantasmas inconcientes aportan otra versión acerca de la autenticidad de su filiación no consanguínea.

Hijo adoptivo

hijo adoptivo

Las frases de los duelos
Si no se produce la concepción buscada mediante las Nuevas Técnicas Reproductivas, será preciso habilitar otro duelo. Desde la aleación de ambos duelos, el primero —que condujo a buscar la fecundación asistida— y el reciente, se avanza en la búsqueda del adoptivo.
Cuando fracasa la implantación del embrión la mujer lo expresa diciendo, por ejemplo: “Se me cayó”, refiriéndose a la pérdida de un embrión, o “Lo perdí” o bien “No prendió” en alusión a las gametas que no (se) prendieron en ella, como cuando se habla del gajo de una planta que se transplantó y no logró prender , enraizarse en la tierra.
Entonces, la decepción respecto de sí misma tiñe la vida de la pareja; también la decepción ante una técnica que originalmente ejerció en ellos efectos de fascinación, es decir que, pudiendo conocerla, pensar en sus características respecto de las posibilidades de la pareja y escuchar las perspectivas que podría abrir para ellos, en un segundo momento produjo dichos efectos, sobrepasando la confianza que podría suscitar.
De este modo ingresan en la cultura de la adopción y como en otro espacio de filiación, que intentan que sea semejante al espacio de la consanguinidad del cual quedaron excluidos.
Aunque en los dos espacios psíquicos se diseñó un hijo (el de la fecundación asistida y el de la adopción), conjeturamos que ambos se oponen entre sí dada la diferencia de sus leyes y de sus lógicas. Porque en uno se privilegió la concepción de un hijo que debía incorporar el aporte de la técnica mediatizada por un tercero desconocido (donante NN) marcando una neta diferencia con la concepción a cargo de la pareja parental.

Adopcion de niños

Adopcion de niños

Inscribirse en los lugares institucionalmente previstos para solicitar la adopción al mismo tiempo que se practica la fertilización asistida indica una diferencia sustantiva entre los futuros adoptantes. Suponemos que quienes deciden adoptar, convencidos de la imposibilidad de una fecundación y sin recurrir a alguna técnica de inseminación artificial, guardan en secreto la esperanza de algún milagro, pero no avanzan en la búsqueda de ese milagro mediante la técnica.

Padres adoptantes

Padres adoptantes

Los adoptantes, aunque nostalgien el hijo no habido, construyen un deseo de hijo que fue concebido por otros. En estas situaciones la novela familiar puede mantener la esperanza de un embarazo tal vez, o “milagroso”, pero no se elige una fertilización asistida, no se convoca a “la magia” que se asocia a dicha práctica.