Archivo para la Categoría » Abuso a niños «

Control y omnipotencia infantil

Control y omnipotencia infantil
Ante las pérdidas y traumas masivos que caracterizan las vivencias de estos niños, ellos intentaron defenderse tratando de recuperar el control de su situación de vida. Los padres quedaban a menudo perplejos sin saber cómo reaccionar ante las demandas y la conducta dominante de sus lujos. Durante la terapia se trató de hacerles ver a los niños y los padres la importancia de esta turma de comportamiento: el niño procuraba asegurarse el control sobre su propia existencia, excluyendo la posibilidad de que otra vez los adultos decidieran en forma negativa para ellos, castigándolos, abandonándolos, causándoles sufrimiento. Loro esta conducta que antes había sido una manera importante de defenderse, ahora los privaba a ellos de recibir el cuidado y la protección de sus padres. La omnipotencia infantil actuaba a veces como una barrera que impedía a los niños acercarse a sus padres y éstos a ellos. Algunos padres se vieron obligados a “forzar” los límites de sus lujos, argumentando cuánto los necesitaban y cuando ansiaban un contacto tísico con ellos, aunque pequeño, o introduciendo aspectos que les daban cierto control a los niños: por ejemplo, sentarse en una silla fuera del dormitorio, con la puerta abierta, hasta que los niños gradualmente fueron tolerando una mayor cercanía.

Los niños abusados sexualmente

La psiquiatra infantil sueca Marianne Cederblad investigó las historias clínicas de niños adoptados en el exterior residentes en el sur de Suecia, y encontró que varios de los niños habían sido abusados sexualmente (Cederblad, 1991). Éste es uno de los pocos estudios que documentan el pasado traumático de los niños. Esto es lamentable, porque las vivencias traumáticas causan a veces serios problemas psicológicos en los niños y dificultan a menudo la adaptación a sus nuevas familias. Los niños abusados sexualmente presentan a menudo un comportamiento sexualizado ya que, como vimos, están socializados y acostumbrados a relacionarse con los adultos de esta manera, para obtener atención, comida o para evitar castigos. Ejemplos:
Una niña que llegó a Noruega a los sois años a un hogar do niños católico ora sancionada allí por masturbarse compulsivamente, lo cual lo croó muchos sen! amonios de culpa. Una psicólogo interpretó que esto so debía a una forma do buscar consuelo por la pérdida do sus padres, y excluyó la posibilidad de abuso sexual, el que fue confirmado luego. Su madre adoptiva la apoyó explicándole que sí so podía masturbar.
Una niña de cuatro años pellizcó a su padre en el pene en algunas ocasiones en las que. so sinlió especialmente insegura. Firmo poro cariñosamente éste lo explicó que no lo gustaba que lo tocara allí.
La conducta de estas niñas y niños puede interpretarse como una manera de ganar control sobre una situación de abuso: ahora son ellas las (pie toman la iniciativa sobre el cuerpo propio o el de su padre. Pero si encuentran a adultos que mahnterpretan esto como una iniciativa a la sexualidad de parte de los menores, existe la posibilidad de que se repita la situación de abuso. Otros niños muestran las consecuencias del abuso de otras maneras:
Un niño do seis años parecía tenerlo miedo al padre adoptivo cuando lo recogieron en su país do origen. También se negaba a que su mamá le limpiara la cola, gritaba que le dolía y tenía poco control del esfínter anal, ensuciando a voces los calzoncillos.
A veces los chicos se muestran tan agresivos que sus padres, escuela, jardín de infantes, tienen dificultades serias con ellos. Los padres necesitan a menudo ayuda para elaborar el dolor que les provoca el hecho de que sus hijos tan añorados hayan sido tan maltratados, a menudo con marcas físicas a causa de castigos y abusos.

Betina, una niña latinoamericana adoptada a ¡os ocho años por un matrimonio noruego, contó que había sido robada en una lena a los tres años, y recordaba hermanitos mayores y menores y una mamá cariñosa. Las personas adultas que la robaron, y la tenían a cargo, la habían maltratado de tal manera, que a los seis años decidió huir de su hogar. Vivió un tiempo en la callo, comiendo basura, lo cual lo causó una infección en la piel, (mando fue puesta en un orfelinato ningún niño (moría jugar con olla por los granos que tenía. Más tardo so curó y fue transferida a un nuevo orfelinato donde so sintió aceptada y querida por primera voz. Aprendió a leer, y so encariñó mucho con su maestra. Cuando fue adoptada y traída a Noruosra. Botina otra voz so sintió diferente a sus compañeros do clase: esta voz tuvo que explicar frente a todos el porqué do las muchísimas cicatrices, consecuencias de golpes, quemaduras y otras vejaciones. Hn casa puso a prueba a sus padres adoptivos con sus rabietas, y sufría do migrañas ante situaciones do estrés. Probablemente estaba angustiada por estar otra voz sola, en manos de adultos, poro los problemas se fueron superando. Con una fuerza de voluntad y una creatividad sorprendentes. Bolina salió adelante con muy buenos resultados escolaros y con muy buen contacto con sus compañeros.

Abusos a niños

NIÑOS LATINOAMERICANOS LEGALMENTE ADOPTADOS EN NORUEGA. VÍCTIMAS DE ABUSOS FÍSICOS Y SEXUALES POR PARTE DE LAS FUERZAS DE SEGURIDAD Y OTRAS PERSONAS ADULTAS A CARGO DE ELLOS

Introducción
Ante todo quiero agradecer a la colega psicóloga Eva Giberti y a la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires por haberme invitado a participar de estas dea-nadas sobre Adopción. Luego quiero aclarar (pie de ninguna manera defiendo las adopciones internacionales en general, a las que además veo como una consecuencia de situaciones socioeconómicas injustas y fundamentalmente del fracaso de muidlos países de asegurarles a los niños un futuro digno dentro de su propio país, y en lo posible dentro de su familia de origen. Pero éste no es el tema de mi exposición aquí. En el presente trabajo haré referencia a mi experiencia clínica con niños latinoamericanos adoptados por padres noruegos y tratados en polielínicos de psiquiatría mfanto-juvenil, donde he trabajado. Todos los nombres de los niños a los que haré referencia están cambiados para proteger su privacidad.
Noruega tiene cuatro millones setecientos cincuenta mil habitantes y cuenta con servicios hospitalarios, psieopedagógicos e infantopsiquiátricos gratuitos. La ciudad de Oslo cuenta con nueve policlínicos psiquiátricos infanto-juveniles (BUP) para una población de medio millón de habitantes. La cobertura en otras ciudades y pueblos es relativamente buena también, aunque no siempre suficiente para el nivel que se desea. Los BUP están atendidos por personal clínico multidisciplinario, psicólogos y psiquiatras infantiles, psieopedagogos, trabajadores sociales. Desde el año 1991 y hasta mediados de 1997 he trabajado clínicamente con algo más de veinte niños y jóvenes latinoamericanos en distintos polielínicos de psiquiatría infanto-juvenil. A veces me han consultado padres sin sus hijos, y también he dirigido grujios de orientación para padres, lo cual conjuntamente con las consultas a trabajadores sociales y las conferencias a grupos multidisciplinarios me ha dado un acceso indirecto a casos concretos en especial y en general a la problemática que afecta a algunos de estos niños y sus familias. La mayor parte de los aproximadamente quinientos niños que llegan todos los años adoptados del exterior tienen menos de tres años al llegar a Noruega (Dalen y Saetersdal. 1992). Los que a mí me consultan, sin embargo, son familias que han adoptado niños con por lo menos tres y hasta con nueve años de edad.