Control y omnipotencia infantil
Ante las pérdidas y traumas masivos que caracterizan las vivencias de estos niños, ellos intentaron defenderse tratando de recuperar el control de su situación de vida. Los padres quedaban a menudo perplejos sin saber cómo reaccionar ante las demandas y la conducta dominante de sus lujos. Durante la terapia se trató de hacerles ver a los niños y los padres la importancia de esta turma de comportamiento: el niño procuraba asegurarse el control sobre su propia existencia, excluyendo la posibilidad de que otra vez los adultos decidieran en forma negativa para ellos, castigándolos, abandonándolos, causándoles sufrimiento. Loro esta conducta que antes había sido una manera importante de defenderse, ahora los privaba a ellos de recibir el cuidado y la protección de sus padres. La omnipotencia infantil actuaba a veces como una barrera que impedía a los niños acercarse a sus padres y éstos a ellos. Algunos padres se vieron obligados a “forzar” los límites de sus lujos, argumentando cuánto los necesitaban y cuando ansiaban un contacto tísico con ellos, aunque pequeño, o introduciendo aspectos que les daban cierto control a los niños: por ejemplo, sentarse en una silla fuera del dormitorio, con la puerta abierta, hasta que los niños gradualmente fueron tolerando una mayor cercanía.
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NIÑOS LATINOAMERICANOS LEGALMENTE ADOPTADOS EN NORUEGA. VÍCTIMAS DE ABUSOS FÍSICOS Y SEXUALES POR PARTE DE LAS FUERZAS DE SEGURIDAD Y OTRAS PERSONAS ADULTAS A CARGO DE ELLOS
Introducción
Ante todo quiero agradecer a la colega psicóloga Eva Giberti y a la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires por haberme invitado a participar de estas dea-nadas sobre Adopción. Luego quiero aclarar (pie de ninguna manera defiendo las adopciones internacionales en general, a las que además veo como una consecuencia de situaciones socioeconómicas injustas y fundamentalmente del fracaso de muidlos países de asegurarles a los niños un futuro digno dentro de su propio país, y en lo posible dentro de su familia de origen. Pero éste no es el tema de mi exposición aquí. En el presente trabajo haré referencia a mi experiencia clínica con niños latinoamericanos adoptados por padres noruegos y tratados en polielínicos de psiquiatría mfanto-juvenil, donde he trabajado. Todos los nombres de los niños a los que haré referencia están cambiados para proteger su privacidad.
Noruega tiene cuatro millones setecientos cincuenta mil habitantes y cuenta con servicios hospitalarios, psieopedagógicos e infantopsiquiátricos gratuitos. La ciudad de Oslo cuenta con nueve policlínicos psiquiátricos infanto-juveniles (BUP) para una población de medio millón de habitantes. La cobertura en otras ciudades y pueblos es relativamente buena también, aunque no siempre suficiente para el nivel que se desea. Los BUP están atendidos por personal clínico multidisciplinario, psicólogos y psiquiatras infantiles, psieopedagogos, trabajadores sociales. Desde el año 1991 y hasta mediados de 1997 he trabajado clínicamente con algo más de veinte niños y jóvenes latinoamericanos en distintos polielínicos de psiquiatría infanto-juvenil. A veces me han consultado padres sin sus hijos, y también he dirigido grujios de orientación para padres, lo cual conjuntamente con las consultas a trabajadores sociales y las conferencias a grupos multidisciplinarios me ha dado un acceso indirecto a casos concretos en especial y en general a la problemática que afecta a algunos de estos niños y sus familias. La mayor parte de los aproximadamente quinientos niños que llegan todos los años adoptados del exterior tienen menos de tres años al llegar a Noruega (Dalen y Saetersdal. 1992). Los que a mí me consultan, sin embargo, son familias que han adoptado niños con por lo menos tres y hasta con nueve años de edad.


