Seguridad en los niños

¿Qué trampas suelen tenderles?.
Los niños más propicios a ser víctimas de abusos sexuales son aquéllos muy dóciles y sumisos, educados para obedecer ciegamente y sin rechistar. Un niño debe saber que le está permitido decir «no» ante una situación desagradable o extraña. Que no está obligado a ser siempre dulce y complaciente, y que debe rebelarse si se siente forzado a comportamientos o situaciones que no desea. Su cuerpo es suyo y nadie, ni un familiar cercano, tiene derecho a besarlo y abrazarlo si él no quiere.
En tal caso es mejor persuadir diplomáticamente a esas personas que se empeñan en apapacharlo en contra de su voluntad. Si lo obligamos a recibir caricias cuando o de quien no lo desea, puede tener dificultades para distinguir entre una muestra de afecto adecuada y un comportamiento que es inapropiado o humillante.
Claro que esto no debe confundirse con enseñar a los niños a no ser ariscos ni desagradables, ni implica que los padres no les demos besos, caricias y contacto físico en abundancia. Si obtienen el amor que necesitan, aprenderán a distinguir las verdaderas muestras de cariño.
Pero conviene prevenirlos sobre las artimañas que los adultos peligrosos suelen emplear para atraerlos y ganarse su confianza. Por ejemplo, a muchos niños de esta edad les gusta ser tratados como personitas responsables y dignas de confianza, pero deben saber que normalmente los adultos piden ayuda a otros adultos, no a un niño (nada de acompañar a un desconocido a ningún sitio -por cerca que esté- ni, mucho menos, subirse a un vehículo).
Los animales y las fotografías tienen un comprobado poder de atracción para los niños. Algunos adultos con malas intenciones pue- j den tratar de atraer a un niño diciéndole que le ayude a buscar a un animal perdido, incluso mostrándole alguna foto. También pueden pe- i dirle simplemente que los acompañe para ver a un animal muy bonito. Otras veces, halagan su vanidad y se valen de su ingenua coquetería diciéndole que quieren sacarle una foto, y le piden para ello que los acompañe a otro lugar.
Otra de las tretas sobre las que advierten quienes han estudiado con profundidad este tema consiste en que alguien pide al niño que lo acompañe porque mamá, papá… (un miembro de la familia) tiene algún problema o le ha ocurrido algo malo. El desconcierto y la angustia creada por una situación así pueden provocar que el pequeño caiga fácilmente en la trampa.
Conviene advertir expresamente a nuestros hijos sobre este tipo de situaciones y dejarles claro que no deben acceder a tales peticiones, sino alejarse del sospechoso y buscar inmediatamente al adulto de confianza más cercano.

Categoría: General
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