El comedor del colegio es otro mundo

El comedor del colegio es otro mundo
Es una oportunidad excelente para que nuestros hijos se eduquen en las comidas sociales. Comer con otros chicos, tratar con una docente que está atendiendo a tantos otros y sin la ansiedad materna, hace que, muchas veces, el chico coma mejor. “Mi hijo de siete años me contó que en el comedor lo obligaron a comer cinco cucharadas de puré de papas -relata una mamá-. Yo, que jamás lo obligo, pensé ‘pobrecito’, pero él siguió así: ‘Comí la primera y puaj, la segunda y puaj, la tercera y la cuarta, puaj, y a la quinta, me gustó y me lo comí todo’. En casa sigue sin comer puré, así que veo que en el colé come lo que le sirven y en casa, lo que le da la gana.” Julia Herrera, directora de estudios de un colegio con comedor, dice: “Es básico, cuando somos tantos, respetar las normas: no gritar, no tirar cosas al piso, recoger la bandeja… Cuando les sirven la comida tienen oportunidad de negociar: ‘No me des mucha ensalada’, ‘Entonces te pongo más de esto’. Pueden repetir las veces que quieran siempre que se hayan comido lo que se les sirvió. Pero la educación primordial es en la casa. Yo no creo que haya que imponer y nada más, creo que hay que dar razones y contrapartidas”.

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