Trabajo de terapia infantil

Palabras finales
En un generoso aporte a este trabajo, el psiquiatra infantil brasileño Alvaro Seligmann Silva señala la importancia del rol del terapeuta como contenedor de estos padres adoptivos, “ayudándolos a ser capaces de confrontarse con la realidad de violencia que han sufrido estos niños y que ellos llevan consigo, para que de esta manera pueden los niños comenzar a confiar y sentirse seguros y protegidos, percibiendo que. la familia que ahora tienen puede soportar esta pesada carga de experiencias que traen, sin desorganizarse ni desintegrarse con las vivencias de los niños que para ellos están presentes como amenaza de desestructuración. Esta amenaza permanece presente en la fantasía de los niños ya que ha sido real en su experiencia concreta con el mundo externo, y fronte a la cual los niños precisan organizarse en forma rígida para no desestructurarse”.
Para Seligmann Silva, los síntomas que estos niños traen son a menudo su única manera de “defenderse de su mundo interno y externo, y al no ser siempre reconocidos como defensa, ni reencuadrados como pedido de ayuda tampoco son reconocidos como manifestación do esperanza” (Seligmann Silva, 1992). El trabajo clínico con estos niños nos permite ver más de cerca la realidad de millones de niños en nuestro continente y en el mundo. A mi entender, es de fundamental importancia que los niños y los padres puedan trabajar juntos estas experiencias de abandono y vejaciones, para ayudar a los padres a comprender y a contener emocionalmente a sus hijos. Sin esta posibilidad, la adaptación a la nueva familia se hace más difícil, y la conducta de los niños puede crear un círculo vicioso donde se repiten situaciones traumáticas, lo que —en casos extremos— puedo llevar nuevamente al descuido y maltrato psíquico y físico.
Finalmente quiero enfatizar que el trabajo clínico con familias y niños adoptivos es para mí sumamente enri-quecedor y lleno de esperanza. Tanto en la medida en que otorga el privilegio de ser testigos de la consolidación de una nueva familia, con mutuas posibilidades de reparación entre padres e hijos, cuanto en que, como terapeutas, nos obliga a buscar otros caminos, otras técnicas (Giberti 1992), otras formas de abordaje que nos abren la posibilidad de nuestro propio desarrollo profesional.

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