Las curiosidades del niño

La segunda manifestación de la curiosidad del niño son las preguntas. Alrededor de los tres años pregunta tanto que se habla incluso de una «edad interrogatoria». No siempre resulta fácil encontrar una respuesta, porque preguntan realmente de todo, desde «¿Cómo se hace la lluvia?» hasta «Si no fuera tu hijo, ¿el hijo de quién sería?» o ¿«Los animales saben hablar?».
Claro que las respuestas, además de ser sinceras, tienen que adaptarse a la edad del niño. Ni le echaremos un discurso sobre la evaporación del agua y su condensación (en este aspecto, a muchos hombres les gusta lucirse) ni le diremos que un angelito está echando agua con una regadera. Algunos padres rechazan las preguntas incómodas con un «ahora no tengo tiempo», pero también hay otros que, alegrándose de tener un hijo tan espabilado, se apresuran a contestar también aquellas preguntas que el niño formula por puro aburrimiento o para llamar la atención. En este caso, el pequeño no se vuelve más inteligente sino todo lo contrario: deja de pensar por sí mismo. Podemos volverle al buen camino con una contrapregunta: «¿A ti, qué te parece?» (Por cierto, se nota muy bien si un niño de verdad quiere saber algo o si sólo pregunta por preguntar).
Algunas veces, los padres pretenden callar a su hijo con un «no seas curioso» o «para eso eres aún demasiado pequeño». La curiosidad es una virtud sin la cual la humanidad todavía viviría en cuevas. Si un niño es capaz de formular determinada pregunta, también está en condiciones de recibir una respuesta. La misma pregunta señala que el pequeño ha estado dando vueltas al asunto: a veces ya intuye la respuesta y sólo quiere que los padres se la confirmen o amplíen. ¿Y si los padres mismos no saben la respuesta? Pues no hay más remedio que decírselo al niño. No hace ninguna falta que los padres sean infalibles. Pero pueden señalarle al niño que no se trata de algo sin solución: «Yo no lo sé, pero podemos preguntar a la abuela (o a papá o al tío Juan) que entiende de estas cosas». Y naturalmente, también se puede mirar un diccionario o una enciclopedia y traducir luego la respuesta al nivel de comprensión del niño.

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