Conductas autodestructivas
En algunos jóvenes, el caos resultante de la pérdida de sus padres biológicos, y sobre todo de su madre, pintamente con traumatismos psíquicos y físicos permítales, abusos y vejaciones posteriores, desnutrición y enfermedades, puede croar una situación dificil de superar. Una posible reacción es la negación, el desapego: otras veces, la agresión se vuelve hacia adentro en forma autodestructiva — como en Silvina. que se cortaba con vidrios y hoji-tas de afeitar, o como Jorgo, que continuamente amenazaba con suicidarse al sentirse abominable o inútil, no merecedor de la vida que tenía cuando sus compatriotas pasan hambre, cobarde por no hacer nada por ellos a sus (quince años…—. Otras veces los jóvenes se vuelven violentos, rompen cosas, amenazan con cuchillos a sus padres y retienen un poder sádico quo a la voz, los aterra y los deja desprotogidos. Las jóvenes pueden volverse promiscuas buscando, como otras jóvenes no necesariamente adoptivas, la cercanía afectiva que no son capaces de obtener sin erotizar una relación o el control aparento de una relación sexual como consecuencia de seducciones y abusos sexuales a los que han sido sometidas sin poder defenderse.
Sabemos que. los niños abandonados y/o sometidos a vejaciones reiteradas tienen altas probabilidades do ser abusados nuevamente, entre otras cosas por su conducta a veces sexualizada o provocadora, otras porque parecen buscar destructivamente las situaciones de peligro. El hecho de que estos niños se sientan traicionados por los adultos hace a menudo que tengan dificultades para crear nuevos lazos afectivos con otros adultos, lo cual significa un trabajo arduo para los padres adoptivos. Estas adopciones nunca pueden compararse con casos de hijos biológicos, en lo que hace a los recursos emocionales y prácticos que van a exigir de sus nuevos padres, la escuela y otros con quienes el niño se relaciona. La entrada al jardín de infantes, la incorporación de un nuevo hermano, la entrega a los cuidados de otras personas o. como es común en Noruega, el estar en casa solo después de la escuela a partir de los diez u once años deben verse en relación con la historia específica del niño. Vera Fahlberg señala el alto riesgo al que están expuestas justamente las muchachitas de doce o trece años cuando demasiado temprano son abandonadas a su propia responsabilidad, va que fácilmente pueden caer en malos ambientes justamente por sus experiencias anteriores o su poco afianzamiento en los lazos afectivos de la familia, Ciertos autores señalan que el establecimiento de lazos afectivos lleva por lo menos tantos años como el niño tenía al llegar a su nueva familia —es decir quo un niño adoptado a los seis años no se sentirá seguro de pertenecer a la familia antes de transcurridos otros seis años—. Estas son naturalmente afirmaciones discutibles pero que nos pueden ayudar a ver lo vulnerable de la situación emocional de la criatura. Muchas veces el sentimiento de pérdida de autoestima y el caos interno se reflejan en una confusión que naturalmente lleva a malos resultados escolares y a otras conductas in deseadas.
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