Se concreta la ilusión del hijo propio en una sociedad donde el tener es valorado. Los fantasmas quedan enrejados; la madre con el bebé en brazos va progresivamente de la separación a la unión y experimenta calma, gratitud, reparación. Se instala en el lugar de mamá, ocupa el rol, esto favorece la disminución de la impotencia, la descalificación y la debilidad subyacentes.
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