Es esta una primera mirada, seguramente no es la más honda; de allí la inexcusable e imprescindible necesidad de buscar la certeza de que esta genitora singular ha decidido entregar a su niño, que no quiere implicarse a pesar de habérsele ofrecido y suministrado los recursos de todo orden que constituyen ese piso de despegue del que antes hablaba, porque su pobreza en este caso es la falta de deseo de ser madre para que, como Mendizábal Oses decía, la adopción sea una institución ético-jurídica. Ésta es la primera imprescindible veriñcación: la actitud de la genitora. Sólo a partir de esta convicción compartida desde todos los saberes intervinientes podremos construir los cimientos del instituto de la adopción y la primera pero no la única transparencia. Sólo a partir de esta primera seguridad podremos empezar a pensar en la adopción como la mejor estrategia de defensa y garantía de los derechos de la infancia. Cuando agotamos todos los recursos y todas las posibilidades para que la genitora se convierta en madre o que el niño quede en el seno de su familia contemplando también el tiempo de puerperio, ¿frente a tanta conmoción podemos hablar de acto jurídico válido? Hablar de adopción después de esto es buscar para ese niño a sus padres y ahondar en los silencios, en los fantasmas, en las motivaciones, en su deseo de ahijar, en su vocación de trascendencia, en sus calidades funcionales para el ejercicio de la patria potestad. Es por eso que desde el Derecho buscamos que las pericias nos hablen sobre esto, sobre las motivaciones que los llevan a ahijar. ¿Qué calidades personales van a sostener el ejercicio de la función materna y paterna? No cuan virtuosos son como seres humanos, qué excelentes personas o cuánto hicieron para ser fértiles. Necesitamos saber si pueden ser padres de niños más que de bebés. Al menos en Salta, donde la demanda es compartida, necesitamos que se potencie lo mejor de los pretensos adoptantes: la posibilidad de ser padres de niños ya crecidos. Necesitamos alentar otras posibilidades y sacarlos de lo bucólico, esta cuestión bucólica que tienen respecto del niño de poco tiempo, para satisfacer por sobre todo la humana necesidad de la familia o de familia de los chicos sin padres.
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