La investidura del niño-hijo, en paralelo con la investidura del tránsito del fracaso de la fertilización asistida a la adopción, podría alcanzar niveles maníacos, caracterizados por una alegría que arriesga ser inauténtica, por ejemplo, cuando presentan al niño a sus familiares diciendo “Es igualito a nosotros” o bien “Es un regalo del cielo”.
Estas expresiones y otras se encuentran en las parejas que adoptan inmediatamente después de haber perdido toda posibilidad de concepción, es decir, en ausencia de tiempos cronológicos que posibiliten sobreponerse al dolor por la pérdida de la esperanza respecto de lo que podría brindar la fertilización asistida.
