La frase podría combinarse con otras: “Ya que no pudimos concebir, por lo menos pudimos adoptar”, o bien: “Menos mal que habíamos iniciado los trámites…” Es decir, asistimos a la función aliviante y reparatoria que se le adjudica al adoptivo como sanación de la herida narcisista de los padres adoptantes frustrados en su deseo y en su necesidad de engendrar y que con distintos niveles de intensidad sobrelleva la pareja.
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