El rol terapéutico de contención a los padres
La pediatra norteamericana Vera Fahlborg (1991) enfatiza la importancia de enfocar en la relación vincular de padres e hijos adoptivos para promover un mejor desarrollo en estos últimos. Como Stern (1989), piensa Fahlborg que el foco de la intervención terapéutica debe ser el niño y sus nuevos padres. Esto resulta a veces muy difícil de llevar a cabo. Muchas veces los terapeutas pareciera que queremos “apropiarnos” del hijo adoptivo y hasta competir con sus nuevos padres descalificándolos. Los padres adoptivos son muy sensibles a esto, y no debemos utilizarlo para patologizarlos. sino al contrario para prevenir sus sentimientos de inseguridad reafirmando la importancia de su rol. invistiéndolos de poder paterno. Hay un artículo norteamericano que enfoca en el rol iatrogénico de algunos terapeutas y trabajadores sociales que se apresuran a diagnosticar y a tratar como patológica una situación familiar que muchas veces está cargada por la patología importada que estos niños traen a sus familias.
En algunos casos los niños transfieren a sus nuevos padres el rol do perpet radores que sus padres biológicos u otros abusadores tuvieron hacia ellos en el país de origen. Esto puede causar situaciones difíciles en caso de que el padre sea acusado injustamente de haber abusado sexualmente a su hijo/a adoptivo/a. Hay otros casos, como el de “Gloria”, una niña adoptada a los nueve años luego de haber vivido en un hogar religioso con sistema carcelario de castigos desde los cinco años, que estaba convencida de que el hundiré que la adopto era en realidad el mismo que había matado a su madre y había tratado de violarla a ella en su país natal. Lamentablemente Gloria no logró establecer una relación positiva con su madre adoptiva, quien prácticamente la rechazó para siempre. Paradójicamente fue su padre adoptivo quien la apoyó y siguió manteniendo una relación familiar con ella luego de los dieciocho años: él a su vez, había sido un hijo entregado en adopción y había tenido una vida muy difícil.
Naturalmente también hay padres que tienen un efecto patológico sobre sus hijos. “Nina”, de trece años, fue acogida por una pareja de maestros que la apreciaban cuando su padre estaba decidido a dejarla en un hogar de niños. La niña había sido adoptada al año pero la relación con los padres, ya sobrecargados luego de la adopción de un chico enfermo, nunca había funcionado. La madre adoptiva había abandonado el hogar hacía varios años rechazando a esta hija y a los otros dos hermanos mayores. Ante la exigencia de ios padres adoptivos, con quienes no convivía, de pasar las vacaciones con ellos, me opuse. Ante Nina argumenté que los padres de verdad no se comportan como éstos, y que no debería exponerse a dos semanas durante las (niales la harían sentir tan mala y desagradable que sus problemas sociales y escolares se volverían peores.
El rol terapéutico de contención a los padres
29 de Julio de 2010Adopciones de alto riesgo
29 de Julio de 2010Adopciones de alto riesgo
Los niños y jóvenes a los que hago referencia en este artículo constituyen un grujió pequeño formado por algunos de mis clientes durante vanos años. Tomando en cuenta que los niños mayores de cinco años constituyen una pequeña minoría dentro de los adoptados internacional-mente, y que asimismo sólo un pequeño porcentaje (20%, von der Lieth, 1997) de niños presenta problemas, nos encontramos con una muestra de adopciones de alto nesgo.
En efecto, estudios británicos y australianos (Hoks-bergen, 1991; Harper, 1994; Payner, 1994) muestran que factores como la alta edad al ser adoptado/a. un encuentro negativo con el hijo/a adoptivo/a. niños con necesidades emocionales y psíquicas especiales, niños con vivencias traumáticas y niños con dificultades emocionales y largos períodos de incertidumbre antes de ser ubicados en adopción constituyen un grupo de alto riesgo en cuanto a la posibilidad de que la adopción no funcione. Estos autores señalan que también otras vivencias tienen (doctos negativos, como experiencias de otras adopciones que no fun-cionaron. cuando el niño se ve obligado a romper con todo lo que conocía, como familia, amigos, escuela, hermanos, etc. También se señalan como mas complicadas y riesgosas las adopciones de grupos de mas de tres niños, cuando el hijo adoptivo es mayor que los biológicos o (mando se encuentra en edad cercana a uno do ellos. Asimismo cuando el niño tiene dificultades durante largo tiempo para adaptarse a la nueva familia y/o (mando las expectativas de los padres no corresponden con las cualidades o recursos de los niños.
El hecho, por ejemplo, de que la mayoría de los padres adoptivos tengan educación académica es un recurso importante en la etapa de la educación primaria —si los padres le dedican suficiente tiempo al niño/a, claro esta, mientras que posteriormente puede ser difícil para padres de éxito profesional aceptar que sus hijos adoptivos tienen menos capacidades intelectuales o intereses menos sofisticados que ellos. Esta también puede ser una nueva pérdida para los padres, que en algunos casos tendrán que elaborar.
Conductas autodestructivas
27 de Julio de 2010Conductas autodestructivas
En algunos jóvenes, el caos resultante de la pérdida de sus padres biológicos, y sobre todo de su madre, pintamente con traumatismos psíquicos y físicos permítales, abusos y vejaciones posteriores, desnutrición y enfermedades, puede croar una situación dificil de superar. Una posible reacción es la negación, el desapego: otras veces, la agresión se vuelve hacia adentro en forma autodestructiva — como en Silvina. que se cortaba con vidrios y hoji-tas de afeitar, o como Jorgo, que continuamente amenazaba con suicidarse al sentirse abominable o inútil, no merecedor de la vida que tenía cuando sus compatriotas pasan hambre, cobarde por no hacer nada por ellos a sus (quince años…—. Otras veces los jóvenes se vuelven violentos, rompen cosas, amenazan con cuchillos a sus padres y retienen un poder sádico quo a la voz, los aterra y los deja desprotogidos. Las jóvenes pueden volverse promiscuas buscando, como otras jóvenes no necesariamente adoptivas, la cercanía afectiva que no son capaces de obtener sin erotizar una relación o el control aparento de una relación sexual como consecuencia de seducciones y abusos sexuales a los que han sido sometidas sin poder defenderse.
Sabemos que. los niños abandonados y/o sometidos a vejaciones reiteradas tienen altas probabilidades do ser abusados nuevamente, entre otras cosas por su conducta a veces sexualizada o provocadora, otras porque parecen buscar destructivamente las situaciones de peligro. El hecho de que estos niños se sientan traicionados por los adultos hace a menudo que tengan dificultades para crear nuevos lazos afectivos con otros adultos, lo cual significa un trabajo arduo para los padres adoptivos. Estas adopciones nunca pueden compararse con casos de hijos biológicos, en lo que hace a los recursos emocionales y prácticos que van a exigir de sus nuevos padres, la escuela y otros con quienes el niño se relaciona. La entrada al jardín de infantes, la incorporación de un nuevo hermano, la entrega a los cuidados de otras personas o. como es común en Noruega, el estar en casa solo después de la escuela a partir de los diez u once años deben verse en relación con la historia específica del niño. Vera Fahlberg señala el alto riesgo al que están expuestas justamente las muchachitas de doce o trece años cuando demasiado temprano son abandonadas a su propia responsabilidad, va que fácilmente pueden caer en malos ambientes justamente por sus experiencias anteriores o su poco afianzamiento en los lazos afectivos de la familia, Ciertos autores señalan que el establecimiento de lazos afectivos lleva por lo menos tantos años como el niño tenía al llegar a su nueva familia —es decir quo un niño adoptado a los seis años no se sentirá seguro de pertenecer a la familia antes de transcurridos otros seis años—. Estas son naturalmente afirmaciones discutibles pero que nos pueden ayudar a ver lo vulnerable de la situación emocional de la criatura. Muchas veces el sentimiento de pérdida de autoestima y el caos interno se reflejan en una confusión que naturalmente lleva a malos resultados escolares y a otras conductas in deseadas.
El nombre como símbolo de identidad
26 de Julio de 2010El nombre como símbolo de identidad
Ante el dolor que me causa el que ellos no sepan, que hayan perdido piezas importantísimas de su historia, sus familias, hermanos y muchas veces retazos de su inocencia tan tempranamente rota, me ayudo a mí misma buscando en el túnel de los ojos oscuros, siempre absortos, siempre demandándome una respuesta. Entonces lleno agujeros hablando de los nombres de ellos o de sus apellidos o del lugar de donde vienen.
“Silvina” es una joven que llegó a Noruega a los siete años siendo la mayor de tres hermanos, y luego de haber sido violada varias veces. Convencida de su mala calidad humana, de lo despreciable de su ser más profundo, se cortaba, se maltrataba y maltrataba a los demás de distintas maneras. Ee pudo contar quo. según el informe social, su padre se llamaba, digamos, “Silvio”, y que es muy común en muchos de nuestros países darle el nombre del padre al primogénito —y ella lo era—. Le cuento que seguramente su padre tenía una ilusión muy grande con ella, y que decidió darle algo para el importante: su propio nombre. Esta joven desafiante me escuchaba con humildad religiosa. Luego ella me pregunta sobre el significado do su segundo nombre, y también hablo del significado profundo de ese nombre, de los mitos que dieron lugar a su creación, de los países y religiones por los que el nombre ha viajado hasta llegar a ella, que tiene todas las cualidades positivas encerradas en sí misma. Los nombres y apellidos me permiten viajar con el adoptado y a veces con sus padres por el camino de los sentidos: hay llores perfumadas, coloridas, hay virtudes generosas, angelicales, de fortaleza. Recuerdo la emoción en una pareja de padres cuando les expliqué el significado del lugar de nacimiento de sus hijos que hacía mención a objetos preciosos, justamente como sus hijos lo eran para ellos. Es fascinante ver como padres tan correctos, tan formales a veces, tan noraegamente realistas, se dejan transportar por los olores tropicales, el olor a mango y guayaba, ¡y se van a casa a leer a García Márquez.
Adolescentes en busco de su identidad
23 de Julio de 2010Adolescentes en busco de su identidad
En el transcurso de unas pocas semanas me derivaron tres casos bastantes similares de adolescentes mujeres de entre quince y diecisiete años. La mayoría eran “hermanas mayores” de una pareja de hermanos adoptados hacía unos diez años. Los síntomas eran similares: agresividad desmedida, desenfado, problemas escolares, algo de drogas, promiscuidad, institucionalización; algunas tenían además una muy mala relación con los padres. Inmediatamente otras derivaciones: un joven y una chica, hijos menores de una pareja de hermanos pero con problemas similares.
En algunos casos el o la joven desean explícitamente hablar con “una psicóloga latinoamericana”. Esto me conmueve, quizas apelando a mi omnipotencia, quizás a mi necesidad de reparar algo en estos chicos, con los que me siento emparentada por el origen y en deuda por las diferentes condiciones de vida que me tocaron. Una nena de cuatro años me preguntó en una sesión: “¿A vos también los malos te hicieron esas cosas cuando vos eras chica?”. Creo que con el solo hecho de mostrarme comprensiva y humana con ellos, de explicarles la situación de nuestro continente tan distinta al país donde ahora viven, de leer juntos el informe social y fantasearme en el pasado que arrojó primero a sus padres a la desesperanza y luego a ellos fuera de su país, se puede llegar a crear un lazo, una comunicación que va más alla de las palabras y donde ante los muchos espacios de historia desconocida de estos chicos yo les afirmo que “yo sé, yo entiendo, yo conozco” la realidad de sus padres y de ellos mismos. A voces son estas conversaciones sencillas de gran profundidad donde los jóvenes, casi siempre desenfadados, se muestran callados, a veces conmovidos, concentrados en las palabras que los vuelco sobre su propia historia que desconozco y que a la vez conozco profundamente.
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Terapeuta de una niña
22 de Julio de 2010Stefanie a pesar de ser una niña muy despierta y haber tomado un rol de madre ante su hermanita Elizabeth. presentaba conductas regresivas que desorientaban a sus padres. Entre otras cosas tenía miedo de dormir sola, y sólo lo bacín si el padre o la madre se acostaban a su lado. Sin objetos transicíonales que las hubiesen acompañado desde su primeros años me hacían sentir impotente ante lo que sentía como una infancia desolada. Al terminarla terapia, les regalé una cajita musical a cada una.
Los regalos del terapeuta al paciente son un Lana tabú, pero he tenido el privilegio de contar con la supervisión de. Momea Gydal, psicólogo sueca que entrega a los niños regalos llenos de simbolismo. Las cajitas musicales dieron mucha paz. a las niñas. Sus padres se sorprendieron, ya que no creían que a niñas “tan grandes” les gustara un juguete así. Internamente, tenía yo quizá la esperanza de haberles devuelto, reparadoramente, un pedacíto bueno de sus primeros años de vida, y quizá, de incluirme yo en ella.
Historias de adopciones
21 de Julio de 2010Elementos reparadores: Jesús, el angel de la guarda, nuestro idioma natal
Tanto Marta como Gustav y Johan habían sido adoptados por padres cristianos practicantes, lo cual es muy frecuente mitre los padres adoptivos noruegos (Botvar, 1994) y que se diferencian en bastantes aspectos del resto de los padres noruegos con quienes tengo contacto: son activos en la parroquia a la que pertenecen, tienen ideas definidas sobro los valores que quieren transmitir a sus lujos, son críticos de programas de televisión que muchos niños ven. le dan suma importancia al rol de la familia.
La madre de Marta, aunque muy afligida por las experiencias de la niña, me dijo: “Yo cree que desús ¡puso que Marta viniera a nosotros”. Con los ojos de la madre todavía fijos en mí. quedé perpleja unos segundos y luego espontánea y sinceramente le conteste a la madre que sí, que tenía razón, que si desús tenía que elegir ios iba a eligir justamente a ella y a su esposo, Esta respuesta se me ha vuelto más segura y cierta, con los años, y a voces lo digo directamente a los padres: “Dios quiso que ustedes fueran los verdaderos padres . Es que ante el horror de las experiencias de esta niñita. era difícil imaginarse una madre que pudiera apoyarla y comprenderla mejor, algo que. como se vio más tarde, estaba estrechamente ligado a que la madre había sido abusada sexualmente por un familiar.
Gustav y Johan luchaban por ganarse un lugar a ple-no en un hogar cálido, casi perfecto. Después de todo habían estado sucios (calificaban a su madre de ‘muy prolija” \sic\). habían robado y se sentían “ladrones”, habían vivido en la calle y el padre, muy formal, no se animaba a repetir en sesión los insultos de Gustav (la madre se atrevió a decirlo: “homosexual de m…”. “pene de porquería”). Las terapeutas rescataron los ataques verbales de Gustav a su padre como una manera de mostrarle cómo otros adultos lo habían tratado a él antes. Después de todo, su padre biológico lo había abandonado, y Gustav quizá tenía miedo de querer a este papá que también podría llegar a abandonarlo, dejándolo muy triste. Los padres entendieron rápidamente y contaron que, en efecto, los niños so preocupaban a veces cuando los padres discutían ya que algunos de sus compañeros de escuela atravesaban por una situación de divorcio.
En una de las sesiones, Gustav contaba que cuando quedaron solos Johan olía mal, y que el excusado/retrete que debían utilizar estaba afuera y era de tierra, y que una vez a la noche se les apareció un ángel. Los niños trataron de burlarse de esta situación, dibujando una caricatura, y diciendo que era un murciélago no un ángel. Pero la madre rescató la importancia de aquella vivencia, recordándolos que había tenido importancia para ellos. La terapeuta habló entonces de que pareciera que un ángel guardián los había cuidado y les había dado fuerzas para seguir adelante, para alegría de los padres que los tenían ahora. La coterapeuta leía en ese momento un libro sobre un ángel (pie so les apareció a prisioneras de los nazis durante la Segunda Guerra (Budaliget. 1943). Fue un momento de mucha fuerza emotiva.
Como Gustav y Johan me respondieron que acostumbraban a decir una oración antes de acostarse, les escribí en castellano yon noruego una que aprendí de pequeña:
Ángel de la guarda dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día.
Como cuando le decía palabras cariñosas en castellano a la muñeca que representaba a la “pequeña Marta” en las situaciones de juegos que ella dirigía, como terapeuta, y como latinoamericana con una historia mas afortunada que la de estos niños, quise, quizás omnipotentemente, “darles” (proveerles de) una experiencia positiva en nuestro idioma natal.
Control y omnipotencia infantil
19 de Julio de 2010Control y omnipotencia infantil
Ante las pérdidas y traumas masivos que caracterizan las vivencias de estos niños, ellos intentaron defenderse tratando de recuperar el control de su situación de vida. Los padres quedaban a menudo perplejos sin saber cómo reaccionar ante las demandas y la conducta dominante de sus lujos. Durante la terapia se trató de hacerles ver a los niños y los padres la importancia de esta turma de comportamiento: el niño procuraba asegurarse el control sobre su propia existencia, excluyendo la posibilidad de que otra vez los adultos decidieran en forma negativa para ellos, castigándolos, abandonándolos, causándoles sufrimiento. Loro esta conducta que antes había sido una manera importante de defenderse, ahora los privaba a ellos de recibir el cuidado y la protección de sus padres. La omnipotencia infantil actuaba a veces como una barrera que impedía a los niños acercarse a sus padres y éstos a ellos. Algunos padres se vieron obligados a “forzar” los límites de sus lujos, argumentando cuánto los necesitaban y cuando ansiaban un contacto tísico con ellos, aunque pequeño, o introduciendo aspectos que les daban cierto control a los niños: por ejemplo, sentarse en una silla fuera del dormitorio, con la puerta abierta, hasta que los niños gradualmente fueron tolerando una mayor cercanía.
La terapia a unas niñas adoptadas
16 de Julio de 2010Stefanie y Elizabeth: ingreso a la terapia a partir de una mentira a medias
Stefanie y Elizabeth tenían ocho y cinco años en el momento de la consulta, y habían sido adoptadas de un país latinoamericano medio año antes. Las niñas habían sido retiradas de sus padres biológicos por falta de (andados, y antes de ser adoptadas habían vivido en un hogar de niños católico. Stefanie (andaba mucho a Elizabeth, y era evidente que había tenido una función maternal hacia esta hermana y otros hermanitos menores, quienes posiblemente habían quedado a cargo de su madre biológica. Las niñas fueron derivadas por una trabajadora social porque Stefanie, la mayor, había contado a su madre que un hombre, a cuyo cuidado sus padres las habían dejado en su país, se había abusado sexualmente de Elizabeth. Stefanie relató detalladamente cómo Elizabeth sangraba y lloraba, y que luego su padre biológico vino a buscarlas y se enojó con el hombre en cuestión. Elizabeth confirmaba la historia contada por su hermana.
Se decidió ver a las niñas juntas un par de veces antes de decidir una terapia. Ante la sospecha de (pie la mayor también podía haber sido abusada, sugerí a los padres que ambas niñas fueran chequeadas. La revisación médica hallo cicatrices genitales y anales indicando penetración en la niña mayor, pero no en la menor. Muy avergonzada, Stefanie contó a su madre que su padre biológico, y no otro hombre, era quien se había abusado repetidas voces de ella, poro no de su hermanita. Stefanie sentía vergüenza por lo que le había sucedido, y se sentía culpable por habernos mentido. Su madre, en cambio, estaba agradecida de saber la verdad para poder ayudarla, y trató de apoyar a Stefanie. Ante los hechos se decidió iniciar una terapia corta de doce horas con Stefanie. Ella se mostró reacia a venir sola, (pieria (pie su madre estuviera presento para no tener que hablar de lo que había pasado. En las sesiones Stefanie se mostró bastante agresiva con su hermana y conmigo, y muy dominante, queriendo llevarse juguetes a su casa y decidiendo sobre mí, al desafiarme para ver si yo podía contener toda la rabia que llevaba dentro y que la hacía sentir mala y sucia.
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Hijos de padres adoptivos
15 de Julio de 2010“Gustavo y Johan”: un enfoque vincular de apenas diecinueve sesiones
Gustavo y Juan —como se habían llamado antes— fueron adoptados a los tres y seis años de edad. Su madre los había abandonado un año y medio antes y habían sido cuidados por distintas personas que no se preocupaban mucho por ellos, de manera que vagabundeaban la mayor parte del día. Durante varios meses vivieron en la calle con un grujió de niños, robando comida y subiéndose a los trenes “para dar una vuelta”. Gustavo había cuidado todo el tiempo de su hermanito y, a diferencia de éste, todavía guardaba recuerdos de sus “primeros padres”.
Los niños habían sido adoptados por una pareja de profesionales cristianos, con una excelente relación entre ellos, pero algo confundidos acerca de su rol de padres. En los dos años y medio que los niños habían vivido con sus padres adoptivos, éstos habían tratado de poner claros límites, como se les había recomendado. El resultado fue que eran una mezcla de padres con “educadores de niños de la calle”, que iba en detrimento de la relación padres-hijos que añoraban construir. Llegaron a consulta muy preocupados porque el niño menor, Johan, de cinco años y medio, era extremadamente controlador. Los padres se sentían impotentes, y tenían miedo de que Johan desarrollara una personalidad psicopática.
El miedo a ser “devueltos” y Maradona campeón…En la primera entrevista vinieron los padres y Johan. El niño se mostraba retraído, no quería hablar y se mantuvo escuchando nuestra conversación al lado de su madre. Sus padres aseguraron que querían ayudarlo, y al ver la mirada ansiosa de Johan ante los corredores largos, y la sala de juego con diván, me apresuré a decirle que éste era un instituto donde los niños y sus familias venían a conversar o jugar con nosotras cuando tenían problemas, y que todos volvían a su casa a dormir. “Ningún niño so queda a vivir aquí, esto diván os solo para sentarse”. le dije, asegurándole que éstos eran el papá y la mamá que iba a tener toda la vida. Johan se mostraba inquieto, poro logró calmarse un poco cuando le conté que yo venía de la Argentina y hablaba el mismo idioma que él había hablado antes de venir a Noruega. En seguida me preguntó si yo conocía a Maradona, y el contacto, aunque con cierto recelo, quedó hecho.
Antes de decidir qué tipo de terapia ofrecerles, se les pidió a los padres que vinieran a una consulta con los dos niños, a pesar de que ellos no tenían problemas con Gustav, buen alumno, muy responsable y obediente. Al ver a Gustav me invadió) una sensación de angustia y pena: era un niño con una mirada muy triste, y parecía abrumado. También estaba muy receloso, y su madre me contó más tarde que ante esta primera visita había dicho resignado seguro que esas señoras van a decir que ya no podemos seguir viviendo con ustedes”, haciendo referencia a varias experiencias de cambio de hogares sustitutos en su país.
Una trabajadora social y yo como psicologa nos lanzamos a lo desconocido, y le ofrecimos a toda la familia una hora de terapia semanal, con la intención fundamental de que llegaran a conocerse mejor. Tomando como punto de partida el momento del primer encuentro, con relatos de los padres y dibujos espontáneos de los niños, fuimos armando parte del rompecabezas que constituye ahora parte de la historia común de toda la familia.
Al comienzo de la terapia Gustav siguió mostrándose reservado y algo incómodo ante las salidas “desvergonzadas e infantiles ” (sic) de Johan: tirar tiros incesantemente con una pistola de juguete, tirarse “cuetes” (cosa que avergonzaba a la madre), burlarse de mi colega y de mí y sobre todo hablar mucho de “caca”, “pis” y, mas tarde de “copulación” y “pene”. Lentamente Gustav se fue incorporando. Primero con un poco de ansiedad ante la pistola y el ruido que hacía, poro su madre le ayudaba a poner la cebita. Gustav también respondía a nuestras preguntas y dibujaba en forma espontánea, a veces cosas que tenían que ver con experiencias antes de la adopción. De todas maneras lo más importante eran las charlas que toda la familia tenia entre sesiones, a las que los padres hacían referencias.
En su casa mientras tanto la situación fue revirtiéndose: Johan se volvió más tranquilo y cariñoso, y no representaba ya un problema para sus padres, que consideraban su comportamiento como “normal para su edad’ . Gustav, por su parte, comenzó a hacerles frente a sus padres, explotando en rabietas y caprichos, cuando aquéllos iban contra su voluntad. Los padres eran conscientes de que esto era un avance para Gustav, y le aseguraban que lo querían. Se le señaló que ahora podían quererlo más porque él estaba mostrando aspectos que antes no conocían y que también eran parte de él. Antes Gustav no los había podido mostrar, por miedo a ser castigado por los mayores que habían sido malos con él. Además Gustav había tenido que cuidar de su hermanito —”que olía a caca”, según Gustav— y había tenido que morderse la rabia y el miedo, sin llorar, porque, como él contó, “Johan lloraba mucho, y dos no pueden llorar al mismo tiempo”. Ahora podía por fin mostrarnos todo lo que llevaba dentro.
A Gustav y a Johan les molestaba a veces la sobre-protección de sus padres, que se expresaba entre otras cosas en no dejarlos ver películas violentas —como las de las Tortugas Ninja—, no irse demasiado lejos de la casa, acostarse temprano. Todo esto estaba en acentuado contraste con la vida que los niños habían llevado en su país, cruzando avenidas enormes de tránsito fatal que aterrorizaron a sus padres a los dos y cuatro años, viviendo situacíones do violencia, vagando por las calles a cualquier hora, yendo a pasear ni cementerio, comiendo y durmiendo donde podían. El mayor de los hermanos contó en casa a sus padres antes de dormir un relato detallado de cómo su madre los había abandonado, y del dolor que los dos hermanos habían sentido entonces. Poco a poco, este niño retraído había comenzado a compartir con sus padres trozos de vida que ellos ignoraban.
“Hay que aprender a bancarse los viejos que le tocaron ”
Paralelamente con el cambio en los niños, los padres fueron dándose cuenta de qué difícil debe de haber sido para Gustav y -Johan de pronto haber tenido unos padres tan mojigatos y cuidadores, después de haber vivido solos o con muy poco cuidado. Sobre todo pensaban que debe de haber sido muy difícil para Gustav que ahora sus padres decidieran todo acerca de su hermanito a quien él antes había cuidado. Pero delante de los niños los padres fueron apoyados en ser como eran, y en mantener su forma de educar a los niños. “Qué van a hacer… quizá son un poco más estrictos y anticuados que otros, poro éstos son los padres que les tocaron para siempre, y van a sor abuelos de sus hijos…” Además se enfatizó que justamente ellos, que habían estado tan solos antes, debían ser ayudados a recuperar trozos perdidos de su niñez a través de mimos y cuidados aunque a veces a los padres se les fuera la mano… Esto nos dio pie para reírnos juntos muchas veces.
En una de las sesiones el padre contó que también su mamá había sido adoptada y había sufrido mucho. Se inició de esta manera un diálogo donde los padres compartieron con los niños aspectos de su propia historia, también como pareja sin posibilidad de concebir. Se fue completando un rompecabezas, y las terapeutas procuramos hilar los datos que fueron apareciendo, y darles un sentido.











