La comida, fuente de amor
“El primer objeto erótico del bebé es el pecho materno que lo alimenta, el amor se engendra apuntalado en la necesidad de nutrición satisfecha”, expone Freud en una de sus últimas obras. Asi, la comida y el amor quedan entrelazadas y dejan su huella en la psique humana. Algo de esta huella aparece en el saber popular que dice: “El camino más corto para llegar al corazón del hombre es el estómago”, o en las relaciones singulares que solemos tener con la comida por una desilusión amorosa: en ella ahogamos las penas o perdemos totalmente el apetito.
La aceptación por parte del bebé de la leche materna hace sentir a la madre que toda ella es la aceptada, de ahí la expresión “Este chico no me come”.
La comida, fuente de amor
27 de enero de 2012Controlar la comida en el cumpleaños
19 de enero de 2012Cumpleaños y calorías
¿Cuántas consumen nuestros hijos en esas fiestas?
El inicio del ciclo escolar nos presenta una de las actividades deseadas por los cliicos: las fiestas de cumpleaños, lodos los padres que organizamos una debemos tener en cuenta algunos factores: los alimentos que se sirven a los invitados deberán ser del agrado de ellos, tienen que ser fáciles de preparar y de servir y un aspecto muy importante para considerar son las calorías que contienen cada uno de los productos.
Si hacemos un análisis de los alimentos más habituales que se ofrecen en estos agasajos descubriremos que:
Un vaso chico (200 ce) de gaseosas azucaradas tiene 84 calorías.
Las salchichas tipo viena con el pan de pancho y 10 gramos de mayonesa nos brindan 285 calorías.
Los snacks también son de uso habitual en fiestas y tienen una alta densidad calórica. Por ejemplo. 20 gramos de papas fritas, que es la cantidad que cabe en la palma de la mano, tienen 108 calorías; 20 gramos de palitos de maíz equivalen a 106 calorías. Un sandwich de miga de jamón y queso tendrá 60 calorías.
Los dulces también están presentes:
Una porción de torta de chocolate de cumpleaños (120 g) tiene 500 calorías.
El lemon pie es menos calórico: 100 gramos son 164 calorías.
Cinco galletitas dulces son 160 calorías, y equivalen a un alfajor.
Para los gorditos Si tenemos en cuenta que un chico de 10 años necesita diariamente unas 2.000 calorías y una nena puede precisar 1.600. aproximadamente, y que un problema actual es el importante crecimiento de la obesidad infanto-juvenil. debemos reflexionar sobre el importante aporte católico en los festejos.
En el caso de que nos interese hacer un control de las calorías que consume un chico en un cumpleaños proponemos el siguiente esquema:
Si es un cumpleaños sin actividad deportiva
Pancho con mostaza (o mayonesa ligth). 213 calorías.
Un puñado de snacks (los que quepan en la palma de la mano): 106 calorías.
Media porción de torta (pedir expresamente al anfitrión): 250 calorías, como alternativa una porción de bizcochuelo sin relleno y sin cobertura.
Gaseosa diet. 0 calorías. En total son 571 calorías.
Si en la fiesta hay actividad deportiva podremos ofrecer gaseosa común y la porción de torta habitual, lo que totaliza unas 905 calorías.
No es un tema menor que cuidemos a nuestros lujos de la obesidad porque significa cuidar su futuro. No lo arriesguemos.
Comer bien es, sobre todo, alimentarse
17 de enero de 2012Comer bien es, sobre todo, alimentarse
El desayuno debe ser abundante.
La leche es imprescindible; un chico debería tomar un litro al día.
No conviene abusar de los alimentos fritos o precocidos.
Conviene usar sólo la sal justa para condimentar.
El azúcar es necesaria para el ejercicio físico, pero no hay que abusar.
La idea es comer de todo en su justa medida. “Yo no prohibiría ningún alimento -dice la Dra. Aurora López Gil-, ni la pizza, ni las papas fritas… Pero tampoco hay que elevarlos a la categoría de premios, son cosas que están ahí, se pueden comer, pero no todos los días. Una dieta saludable son hábitos de vida saludables. No se puede separar la alimentación del ejercicio físico ni la vida al aire libre.”
El comedor del colegio es otro mundo
15 de enero de 2012El comedor del colegio es otro mundo
Es una oportunidad excelente para que nuestros hijos se eduquen en las comidas sociales. Comer con otros chicos, tratar con una docente que está atendiendo a tantos otros y sin la ansiedad materna, hace que, muchas veces, el chico coma mejor. “Mi hijo de siete años me contó que en el comedor lo obligaron a comer cinco cucharadas de puré de papas -relata una mamá-. Yo, que jamás lo obligo, pensé ‘pobrecito’, pero él siguió así: ‘Comí la primera y puaj, la segunda y puaj, la tercera y la cuarta, puaj, y a la quinta, me gustó y me lo comí todo’. En casa sigue sin comer puré, así que veo que en el colé come lo que le sirven y en casa, lo que le da la gana.” Julia Herrera, directora de estudios de un colegio con comedor, dice: “Es básico, cuando somos tantos, respetar las normas: no gritar, no tirar cosas al piso, recoger la bandeja… Cuando les sirven la comida tienen oportunidad de negociar: ‘No me des mucha ensalada’, ‘Entonces te pongo más de esto’. Pueden repetir las veces que quieran siempre que se hayan comido lo que se les sirvió. Pero la educación primordial es en la casa. Yo no creo que haya que imponer y nada más, creo que hay que dar razones y contrapartidas”.
Enseñar al bebe a comer
13 de enero de 2012Para tener en cuenta:
Que el bebé siempre tenga una cucharita a su disposición, porque en algún momento empezará a manipularla y en otro momento la usará de forma adecuada. Pero siempre, aun cuando haya aprendido a utilizar la cucharita, permitámosle tomar la comida con la mano, experimentar con sus deditos es una forma de conocimiento insustituible.
A los siete u ocho años se incorpora el cuchillo, con toda la paciencia que requiere.
• El uso del vaso sólo puede aprenderse de forma muy gradual: del vaso con boquilla y dos asas, al de un asa y, por fin, sin asas (se cae mucho, tenemos que relajarnos y entenderlo).
Preparémoslos para el comedor escolar. Es un ámbito muy diferente del familiar y les será más fácil adaptarse si conocen de antemano las reglas que hay que respetar para compartir la comida con sus pares.
Aprender los buenos modales en la mesa
11 de enero de 2012Emplear los cubiertos con soltura requiere una habilidad que sólo se adquiere con los años.
“Los buenos modales son un proceso largo -reflexiona el maestro José Luis Gil-. Lo que hay que evitar son hábitos muy infantiles. Hay chicos que tienen que pasar de la papilla dada en mamadera con agujero muy grande para que salga algo muy espeso a la cuchara o al tenedor del comedor escolar. Es como pasar del triciclo a la avioneta. Estos saltos creo que se dan por la premura y por la comodidad, y porque creemos que hay cosas más importantes que debemos hacer. Un chico en edad escolar está en condiciones de aprender. Hay que exigir mejoras, pero permitir la imper-
fección. Además, en este terreno cualquiera tiene cosas por aprender. Yo estoy seguro de que pasaría una velada horrorosa si tuviese que ir a una cena en un hotel lujoso, no sé si comería, tendría que mirar mucho a mi alrededor.”
Cocinar en familia
9 de enero de 2012La cocina es divertida e instructiva
Llevemos la aventura a la cocina. Una idea es organizar, con la frecuencia que sea posible, “El festín de los…” (completar con el apellido familiar), en cuya preparación participe toda la familia. Entre todos hay que elegir los ingredientes; pensemos en el color, la textura, la forma y la variedad. Es más sencillo es crear salsas para pastas, panqueques o hamburguesas. También los sandwiches admiten ingredientes novedosos.
Olvidemos que la cocina es una actividad cotidiana que realizamos automáticamente. Recordemos la magia del caldero de las brujas y la ilusión del juego de química para estar a tono con la expectativa infantil. Seguir una receta implica resolver instrucciones, medir, cortar, amasar, licuar…, y la estrella: cascar huevos. Los chicos observan: un sólido se transforma en líquido, aceite y huevo hacen mayonesa… (aunque, como ya dijimos, no se trata de abusar de esta salsa).
Alimento de sus hijos
7 de enero de 2012¿Cómo lograr que prueben un alimento nuevo?
Un desafío que preocupa a muchos padres. “Vas a probar un poquito y te voy a dar mucho de lo que te gusta. Si lo pruebas, te voy a escuchar con más atención cuando me digas que no te gusta”, son frases que sugiere la psicopedagoga Julia Herrera.
“El hecho de que los chicos coman cosas nuevas entra en el capítulo de la curiosidad infantil. Si les das algo atractivo, lo quieren descubrir; por ejemplo, cuando ofreces un juguete nuevo a un chico, no dice que porque es nuevo no lo quiere, sino que lo toma, lo abre, lo desarma. Si no ocurre igual con la comida, es que previamente hemos hecho algo mal”, opina José Luis Gil.
En cualquier caso, si se niegan, bueno, qué le vamos a hacer. Algún día, su novio o novia les hará cambiar de idea.
Seamos creativos con nuestra familia, a la hora de la comida y a cualquier hora. Una mamá con chiquitos cuenta: “En casa, cuando hay espa-guetis con salsa, jugamos a que somos italianos, nos ponemos la servilleta al cuello y hablamos a lo italiano. Es muy divertido, se le ocurrió a mi marido porque los chicos se ensuciaban la ropa con la salsa y no aceptaban ponerse la servilleta al cuello porque decían que era muy incómodo, pero si jugamos a ser italianos, no se oponen”. El juego es un excelente recurso para todo.
Educar a sus hijos
5 de enero de 2012Mejor sin televisión y sin teléfono (se puede, está el contestador automático). Claro que, si una noche toca pizza y gaseosas, podemos llevar la bandeja al living y hacer una especie de picnic. No les demos la lata con los modales, seamos positivos y elogiemos lo bien que lo hacen, es lo más fácil para que lo hagan cada vez mejor. Dejar comida en el plato… ¿cuál es el drama? “Yo creo que lo de obligar a comer es un error -afirma José Luis Gil, maestro-, pero un error en el que suele caer casi todo el mundo, porque no se está dispuesto a decir: ‘Puesto que hay comida, si alguien no come, es porque no tiene apetito. Si no vas a comer, no pasa nada, nos levantamos todos amistosamente y ya está, no es ningún drama’. Pero no suele ocurrir así, dejar comida en el plato es una tragedia. Creo que eso nace de los primeros miedos, de cuando el chico es muy pequeño y, si no quiere comer, no te puede decir si está mal de salud. Luego esos miedos se van arrastrando y el encargado de la comida de los chicos arrastra esa inseguridad.” Mayonesa con todo. Sin duda no es lo mejor para degustar diferentes sabores, la mayonesa actúa como un rasero igualitario: todo tiene gusto a mayonesa. Más que prohibírsela podemos pedirles que alternen, un bocado sí y otro no. O que hasta la mitad del plato coman sin mayonesa.
Este tipo de transacciones instala el espíritu democrático en la mesa familiar, más importante que el apego a la mayonesa, que suele mermar con el tiempo.
Comer en familia
3 de enero de 2012Comer en familia
Viernes 9 de la noche. Mi marido, nuestros hijos de 13,11 y 7 años y yo nos reunimos en tomo de la mesa para cenar. Lo de “en tomo” es una aspiración, porque el menor ya está con el codo sobre la ensalada.
-Martín, mi amor, bájate de la mesa, estarás más cómodo en una silla, y papá podrá servir… ¡Qué bien que estemos todos! -digo para inaugurar la comunicación, que casi nunca es sencilla, generalmente hablamos todos a la vez o nos callamos en perfecta sincronía.
Espero a que alguno diga algo, los miro a ver por qué tardan tanto en hablarme, con lo fácil que es. Están absortos sobre los platos tratando de averiguar los ingredientes de las croquetas.
-Pura dieta nutritiva, cariño -le informo a mi marido, que ha pasado a la etapa de la disección y usa el cuchillo como bisturí.
Melanie, que en la mesa se vuelve contorsionista, me dice condescendiente:
-Es que esta dieta ya no va más, ma. En la tele jamás la nombran.
Ante tal absurdo no sé qué responder y miro al padre a ver si se decide a comunicarse, pero ni caso.
-Bien, hija -digo pasando por alto la provocación-. Veo que ya no masticas tus míos junto con la ensalada, ahora vas a poner los pies en el piso y será perfecto.
El que está raro es Matías, ni una queja, ni una palabrota, ni siquiera esas risas pavas con la hermana.
-Martín, querido, es mejor que coloques la comida en tu plato y una vez que te metas algo en la boca, vas a hacer el favor de tragarlo. -A estas alturas de la cena y todavía sin comunicamos. Como si fuera una ocurrencia nacida del buen momento familiar, pregunto:
-Si pasaran un día entero con su mejor amigo, ¿qué harían?
Mi marido se asombra. Melanie, al ver la cara de su padre, abandona a David Bisbal (en su imaginación, siempre está con él) y retoma al seno familiar; Martín, por una vez, traga, y Matías se quita el walkman de la oreja por el que se oye un atronador hip hop. Yo me quedo alelada con la eficacia de los estadounidenses. La inocente frase la saqué de un test preparado por la Universidad de Iowa para comunicarse en las comidas familiares. ¡Y me había parecido una tontería!
Un momento único en la vida cotidiana Un estudio realizado por el Centro de Salud Mental de Alicante, España, revela que uno de cada tres adolescentes con problemas de salud mental pertenece a familias que no comparten las comidas, ni siquiera los fines de semana.
Comer juntos en familia y, si tenemos un bebé, también con él, crea un momento único en la vida cotidiana en el que se ponen en juego muchos aspectos:
Es un acto de amor. Nos reunimos; cansados o preocupados, de buen o mal humor, más allá de lo que nos guste, decidimos estar con los que amamos.
Algo instintivo como comer se transforma en una conducta que tiene buenas y malas maneras. lx>s utensilios nos imponen ciertas reglas para llegar al bocado, los platos reparten equitativamente el todo de la fuente y la compañía instala un código social en el preciso momento
en que debemos “mostrar los dientes”.
Da a la comida y a la bebida otro significado. Hay ciertas comidas que casi no se conciben fuera de una mesa compartida: una preparación exquisita, una fonduc o una torta convocan al festejo en compañía. Lo que contrasta con la forma de atracarse en el bulímico o con la imagen del bebedor solitario, quienes no se detienen en las cualidades de lo que ingieren ni en la forma en que lo hacen. Nos vuelve menos vulnerables a los modelos publicitarios que intentan vendernos una vida rápida y solitaria. “¿Cómo entender que estén de moda los negocios delivery y en desuso las familiares? ¿Será que el terreno que ganan los negociantes lo pierden las familias?”, pregunta José Luis Gil, maestro.
Por eso, aun cuando nuestras comidas familiares sean disparatadas, defendámoslas.









